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Feliz día de tu muerte 2 (2019) de Christopher Landon

Si algo funciona no lo cambies; mejóralo. 

La historia continúa un día después de donde la dejamos en la primera entrega, con Tree (Jessica Rothe) viviendo por fin la vida que quiere junto a Carter (Israel Broussard) sin la preocupación de repetir una y otra y otra vez el mismo día...hasta que el compañero de piso de Carter, Ryan (Phi Vu) es asesinado por, sí, lo habéis adivinado, un matarife ataviado con la desde ya icónica máscara de bebé, haciendo que vuelva a repetirse el ciclo de muertes y resurrecciones.

Quién iba a pensar que en esta etapa de los dos miles la empresa ama y señora del género de terror sería la Blum House. Una productora que nos ha acabado dando más alegrías (Oculus) que tristezas (saga La purga), sabiendo resucitar los clásicos del slasher (La noche de Halloween), revitalizado al psicokiller (Creep) y que allá por el ya lejano 2006 decidió apostar por una cinta de bajo, bajísimo presupuesto rodada cámara en mano llamada Paranormal Activity. El mega éxito dirigido por un novato Oren Peli que dejó patas arriba al género y que con el tiempo se harían hasta siete secuelas, precisamente una de ellas, Los Señalados spinoff latino que ha acabado siendo las mejores consideradas tanto por parte de crítica como por el público - dirigida por el director de la película que hoy nos atañe, Christopher Landon.

Landon - hijo del recordado Michael Landon - es un viejo conocido para los fans del horror; autor de los libretos de Disturbia o de casi toda la saga de Paranormal Activity a excepción de la primera y última entrega, y director de las geniales Zombie Camp o la primera Feliz día de tu muerte, con que al parecer quedó algo descontento Scott Lobdell, el autor del libreto, quien había preparado algo más macabro en cuanto a las muertes de Tree además de un enfoque más oscuro donde finalmente se acababa explicando el motivo del bucle temporal. El (sorprendente) éxito de esta película hizo que la Blum House decidiera poner lo antes posible en marcha una secuela contratando nuevamente a Landon aunque esta vez sin Lobdell por problemas de agenda.

Sin Lobdell ahora en las labores de guión y ocupando el puesto Landon, quien todo sea dicho rescata varios elementos descartados del primer libreto, se decide que la trama debe tender más hacia la comedia y a la ciencia ficción que al terror propiamente dicho, homenajeando de paso a cierta película que su protagonista da nombre a este blog. Esto que podría llegar a ser un problema dado el material que tenemos entre manos, logra salvarse el conjunto gracias sobre todo a la bis cómica de la inmensa Jessica Rothe - la muertes del cortárboles y del paracaidismo son para enmarcar -, el giro que mete la historia a media hora de metraje (y que te hace ver por dónde irán los tiros en una más que posible tercera entrega) por no hablar del balance entre estos géneros, aunque lo dicho, tal y como pasaba con la primera entrega no esperéis una cinta de terror repleta de jump scares y sí una comedia de terror de la que bien podemos pasar por alto sus pequeños fallos argumentales (sí, las heridas internas de Tree vuelven a hacer acto de presencia aún sabiéndolo ella).

Como fue la primera, una película de alta diversión y cero pretensiones. Si una película de terror actual merece tener una ristra de secuelas es esta. Nosotros tan contentos viendo morir a Tree una y otra y otra y otra vez.

Feliz día de tu muerte (2017) de Christopher Landon

Feliz, feliz en tu...

Vive. Muere....y vuelve a morir.

Todos coincidimos en que vivimos unos tiempos rarunos en lo que se refiere al cine de terror; las fórmulas se agotan, las historias enganchan cada vez menos, secuelas tardías, muchas películas optan por un menor presupuesto para así sacar mayor rentabilidad dejando la calidad a veces por los suelos y la creatividad de los directores/guionistas están más atadas en corto de lo que llegamos a imaginar. Pero para nuestra suerte, la productora Blumhouse ha sabido dar con la tecla exacta para lograr que al menos haya un empaque de calidad tanto por delante como por detrás de las cámaras, resucitando a viejos iconos del cine de terror (La Noche de Halloween), apostar por las nuevas espadas (Oculus), consiguiendo megaéxitos nivel de taquilla con una facilidad pasmosa y de paso lograr la difícil tarea de colmar las expectativas del siempre “complejo” gran público que demanda su dosis de sangre en taquilla pero que a la vez sirva como un entretenimiento 100% palomitero (en el mejor sentido de la palabra).

Y este es el caso de Feliz día de tu muerte.

Con un comienzo, en teoría, de slasher rutinario conocemos a nuestra protagonista Tree (la en principio odiada y luego amada Jessica Rothe) amaneciendo el día de su cumpleaños tras una noche de borrachera. El problema es que no está en su cama, sino en la del pipiolo Carter (Israel Broussard) quien la acompañó la noche anterior. Rápidamente huye de allí en dirección a su Colegio Mayor topándose en el camino con varias de sus compañeras que la recuerdan una inminente fiesta que habrá por la noche. De camino a la fiesta, Tree se topará con un extraño individuo ataviado con una máscara del equipo local de fútbol americano - una máscara de bebé diseñada por Tony Gardner , quien en los 90 también diseñaría la icónica máscara de la saga Scream - y que la perseguirá hasta finalmente asesinarla...¿o no? Porque nuestra protagonista se despertará de nuevo en la cama de Carter, dudando si lo que ha visto ha sido un mal sueño o la realidad.

Nos encontramos con una cinta que mezcla con bastante ingenio y buen tino el terror y la ciencia ficción con la vista siempre puesta en cierta película de los noventa protagonizada por Bill Murray, la cual es mentada en cierto punto, pero en vez de tener a un fanfarrón presentador de cuarenta tacos tenemos a una pija universitaria de fraternidad a la que un asesino quiere matar. Curiosa mezcla que nunca llega aburrir para nuestra suerte, ya que con cada nuevo deceso de Tree tenemos la oportunidad de ver cómo toma el día de una forma u otra, aportando además de espectáculo visual - las muertes, aunque ligeras de sangre, son muy variadas además de estár bien rodadas - un empaque mayor al conjunto que podía haberse quedado corto.

Dirige Christopher Landon - el hijísimo del recordado Michael - quien a finales de los dos miles se anotase un tanto al escribir mega éxito Disturbia (2007) y que hará unos años dirigiese la mejor entrega de Paranormal Activity: Los Señalados (2014) para encadenar con la divertida Zombie Camp (2015) y que aquí vuelve a demostrar su buen hacer tras la cámara, aunque más comedido en cuanto a nivel de violencia de lo que nos tiene acostumbrados para evitar así la temida calidfR. Cosa lógica por otro lado al tener a Universal detrás, pero bueno, soñar es gratis.

Entre las curiosidades destacar que el guión original de Landon y Scott Lobdell contenía una altísima cantidad de escenas explícitas debido a la cantidad de muertes de Tree a lo largo del film, cosa que se rebajó en una segunda reescritura para evitar la tan espeluznante calificación R, haciendo que Lobdell no acabase muy contento con el resultado final. Otra curiosidad es que durante los primeros pasos de la producción, allá por 2008, la cinta iba a estar producida por Michael Bay e interpretada por...Megan Fox.

Queda decir que, como viene siendo habitual en la Blumhouse, la película fue un absoluto éxito con una recaudación sólo en EE.UU de casi 50 millones de dólares, costando apenas 5 millones de presupuesto. Ahí es nada.

Pese a ser tener una vena más cómica que terrorífica, Feliz día de tu muerte es de las mejores opciones actuales dentro del género y bien seguro que la disfrutaréis de principio a fin.

"Crystal Lake memories" (2013) de Daniel Farrands.


El Verano está a la vuelta de la esquina. Lo noto en el aire, lo noto en el agua, lo noto en las cartucheras… ¿Y qué cosa hay más veraniega que los campamentos? Esos lugares donde padres pueden mandar a los chavales por dos semanas para que no den por sa… para que se lo pasen bien y aprendan de la naturaleza y todas esas cosas.



Por supuesto, si el año pasado estuvisteis al tanto del Especial Verano que inundó esta santa casa os disteis cuenta que el subgénero campista es toda una institución al otro lado del Atlántico. Por eso os traigo hoy un documental que aborda la saga más representativa de dicho subgénero, “Viernes 13”, con el documental “Crystal Lake Memories” de Daniel Farrands.



Primeramente, sería injusto decir de la cinta que es tan solo un documental, ya que estamos ante un titánico documento de casi 7 horas que cuenta con todo lujo de detalles los entresijos de la saga de la familia Voorhees, basándose en el libro homónimo de Peter Brake.  
Durante los 3 DVDs –al menos en la edición que poseo- verás a la gran mayoría de actores y actrices que se foguearon con Jason y su madre –aunque para nuestro disgusto algunos de los más famosos hace mutis por el foro- contando sus batallitas, o a directores y productores en una diatriba dialéctica por ver quién era el más visionario… En fin, asuntos que todo fan apreciará.




Porque no nos engañemos, esto es un producto para el fan y hecho por fans. No en vano, Daniel Farrands ya nos brindó “His name was Jason” – de donde fusila entrevistas para la cinta de hoy-  y otro de esos documentales totémicos como “Never sleep again” – de donde también extrae una ingente cantidad de material- ; basado en la saga de “Pesadilla en Elm Street”. Todos ellos auspiciados por la productora 1428 Films. Si veis un DVD con su logo, haceros con él.


En definitiva, un documental para aquellos que nos sabemos la saga de Viernes 13 al dedillo, y que pillaremos la mayoría de referencias que saltarán a tu cara como si estuviéramos en su tercera entrega. Todo ello conducido por un maestro de ceremonias de excepción como Corey Feldman. ¿Quién mejor para hablar de Jason que aquél que se lo cepilló? ¡Bienvenidos a Crystal Lake!

ESPECIAL VERANO. DÍA 34: "Bosque de muerte" (1993) de Carlos Diaz Ortigoza



Lo acepto, soy un morboso. Tras el despropósito que fue aquella cinta mexicana llamada “Trampa infernal” me armé de valor para acercarme otra vez a esta cinematografía centroamericana. Esta vez con la cinta “Bosque de muerte” con Carlos David Ortigoza.



La cinta comienza con unos tipos que talan árboles ilegalmente. Pero un lugareño les disparará para disuadirlos. Por otro lado, un grupo de chavales van de camino al bosque en su coche. El coche se averiará y se encontrará con el hombre que disparó al principio, que está esperando a la policía para que se lleve a los ladrones de árboles.
Tras la ayuda de este tipo –llamado Jaguar-, el grupo de amigos llegará a la cabaña del bosque. No sé lo que tienen todos los turistas estivales con las cabañas de los bosques. Parece que vamos a estar ante un plagio de “Evil Dead”, pero tras la desaparición de uno de los chavales, el slasher hará acto de presencia. O al menos tratará de hacerlo.

Como rostro más conocido tenemos a Jorge Reynoso. Actor al que podemos ver en cintas de renombre como “Salvador” –la de Oliver Stone-, pero que también se dedica a realizar más de una decena de títulos de serie B al año. Y si indagamos en su filmografía podemos ver hasta una cinta con Pedro Galindo III. Aquí es Jaguar, el hombre que se dedica a proteger los árboles por encima de los hombres.
Junto a este unos cuantos actores y actrices nada conocidos, que se dedican a ser carne de cañón. Y por cierto, a cada cual más feo.

Del director David Ortigoza poco se puede decir. Tras algún trabajillo en series de televisión se encargó de dirigir esta cinta y después poco más ha hecho, o IMDB no le ha dado la gana reseñarlo.

Lo primero que debemos decir al acercarnos a realizar una crítica –por nimia que sea- es tratar su presupuesto casi inexistente. No dispongo de datos, pero puede que estemos hablando de la cinta con menos presupuesto de cuantas llevamos en este Especial Verano. Esto no debería ser problema, pero en vez de disimularlo dejando de lado planos que costaría dinero –cosa que hacen en otra cinta como “Scream Bloody Murder”-, aquí no dejan de mostrar angulares y otra serie de planos que quieren mostrar que se tienen medios, cuando en verdad la cinta se ha hecho con las vueltas del pan.
Y en cuanto a los aspectos técnicos, el sonido es bastante deleznable y los clics y silencios en la banda sonora son insistentes, aunque bien podría ser la copia que he usado. Por otro lado la iluminación es amateur, notándose sobre todo cuando hay luces naturales las cuales hacen que todo el color se sature.



Por lo demás, trata de acercarse a los parámetros del slasher de los que siempre hablo: juventud, personajes con secretos, edredoning… Y el tedio. Hasta el minuto 38 no tenemos el primer atisbo de que algo pasa, y son planos en primera persona de alguien escondido en lo arbustos y que gime. Y hasta los últimos 3 minutos no vemos algo del malo.

Y a partir de ese momento… nada: Gente que desaparece, momentos de no verse nada por la escasa iluminación, tratan de meter una historia de fantasmas con cazador, el sonido empeora haciendo de cada minuto un auténtico sufrimiento… Puede que sí, que finalmente tengamos otra película de castigo entre nosotros.

ESPECIAL VERANO. DÍA 32: "Piñata. Survival Island" (2002) de David y Scott Hillenbrand.


Si sois asiduos a la serie B –incluso Z- de género fantástico y de terror, de seguro que habéis sido testigos de los muñecos y demás ninots extraños que hacen de malos en este tipo de cintas: muñecos de jengibre asesinos, muñecos de nieve con sed de sangre… incluso Pinocho. Pero en la cinta de hoy, la cosa aún se va más de madre; ya que la peli que os traigo no es otra que: “Piñata. Survival Island” de David y Scott Hillenbrand.



La cinta comienza explicándonos como una tribu indeterminada usa las piñatas para meter allí a los demonios y que no les toquen las narices. Pero por supuesto, uno de ellos se escapará.
Cientos de años después, el Cinco de Mayo –si, sé que técnicamente no es Verano, pero hay una playa tropical, chicas en biquini y ¡Qué narices¡ Es mi lista de pelis, y esta tiene que estar- llegará a dicha isla un grupo de universitarios de diversas fraternidades en una especie de juegos como los de “La revancha de los novatos”, pero con 8 personas porque no hay presupuesto para más bocatas de mortadela.
En este grupo destacan Tina y Kyle, la otrora pareja perfecta, pero que están inmersos en una crisis de pareja de aúpa. Aún y todo deberán unir fuerzas cuando el demonio salga de la piñata y vaya a matarlos a todos, porque en el fondo de eso va la película.

Entre los integrantes de la sangría vemos algunos rostros televisivos. Jaime Pressly –“Me llamo Earl”-, Nicolas Brendon –“Buffy Cazavampiros”- , Garret Wang –“Star Trek: Voyager”- o Nate Richert –“Sabrina, cosas de brujas”-.
Ninguno está en esta cinta para ganar ningún premio. Y bien que lo saben. Ya que aunque no dan ningún recital, se nota que se lo pasan bien. Y sobre todo se aprovecha la vis cómica de Pressly y Brendon para sacar alguna que otra sonrisa al personal.


Entre otros nombres a destacar, quizás el más importante sea el de los hermanos Chiodo. Estos son los creadores de una cinta ochentera, de esas que tanto nos gustan “Payasos asesinos del espacio exterior”. Lamentablemente por razones de temática no la tendremos en este especial.
También lamentablemente, los Chiodo, tras su peli de payasos –y la previa creación de los “Critters”- cayeron en la serie Z más chusca, siendo su creación de la piñata el monstruo más cutre que alguien creó para una cinta de monstruitos. ¿Os acordáis del Jack Frost del Especial Navidad? Un prodigio al lado de este cagallón con patas y cuernos. Un monstruo que en principio iba a ser un señor con un disfraz –cosa que sabemos que los Chiodo saben hacer-, pero creyeron que no daba el suficiente miedo. Por ello crearon un bicho CGI cutrísimo que más que miedo da ascopena. Un bicho digno de morar en la peor de vuestras pesadillas

En cuanto a los directores de la cinta –los hermanos Hillenbrand-, poco se puede decir. Fueron a crear una peli de miedo con cuatro pesetas… Y lo consiguieron – el acabar la película, no que fuera de miedo-. Tras esta “Piñata. Survival Island”, continuaron con el mismo tonillo coñero compadre en cintas que no me he atrevido a visionar como “Escuela de novatos” o “Transylmania”… Tengo demasiado apego a mi cordura.



Uno de los puntos  a favor de la cinta, es que es conocedora de su naturaleza. Sabe que con una piñata no va a dar sustos en 2002, así que decide tirar por el cachondeo. Y ese tonillo, esa banda sonora –de esas que, como dice el gran Paco Fox, se lo cree más que la película-  y esas situaciones y comportamientos que desafían a la lógica son su mejor baza para darle al espectador lo que puede esperar de esta cinta: una película mala –porque no nos engañemos, es peor que enviar a la abuela a por tabaco- pero que gracias al tono de coña verbenera no llega a ser una peli de castigo.


En definitiva, una cinta de serie Z directa a DVD. Que no cumple su función ni de dar miedo ni de hacer reír. Pero si lo que buscáis es una peli de fondo, mientras jugáis al Ocalimocho, este “Piñata. Survival Island” os servirá.

ESPECIAL VERANO. DÍA 31: "Trampa infernal" (1989) de Pedro Galindo III



Siempre se ha hablado que el trono de reyes de la copia y del batiburrillo estaría entre italianos, filipinos, turcos, chinos y demás filmografías asiáticas. Pero casi nunca se habla de México, y mal que se hace. Porque ya desde los años 40, con la saga de los Rene Cardona, los mexicanos comenzaron a forjarse una industria de entretenimiento de serie B basada en readaptar los títulos que gustaban al otro lado del Río Grande. Y que hasta el día de hoy continúa en plena forma con las llamadas narco películas, de títulos tan llamativos como “Les cortaron las cabezas por culeros”, “El papá de los pollitos” o “El señor de las Hammer”.
Y un ejemplo de esta copia/pega, de esta batidora de elementos es la cinta que tenemos hoy “Trampa infernal” de Pedro Galindo III.



Y ya con el director comienza la copia. Si con la saga de los Rene Cardona teníamos al abuelo al hijo y el nieto –el inefable Rene Cardona III- , aquí Pedro Galindo se inventa su propia saga al ponerse el III delante… comenzamos bien.
Y ¿Qué decir de este Pedro Galindo? La verdad es que no mucho, salvo que es un tipo capaz de hacerte tan solo en el año 1984 la friolera de siete películas. Y de títulos y géneros tan dispares como westerns –“Gatilleros del Río Bravo”-, comedias –“El padre trampitas”- o cintas de acción pura y dura – “Siete en la mira”-. Lo que se ha llamado de toda la vida un currito. Pero, tras el desastre de “Trampa infernal”, ¿Quién tiene relaños de verlas?.

Y la peli comienza perfecta, con unos títulos de créditos que copia descaradamente a “Viernes 13” –incluso en la banda sonora-. Luego vemos a un grupo ya de treintañeros machacados que por una apuesta –aunque no está bien explicado- deciden irse a un bosque a hacer puñetas a cazar a un oso… Esto promete.
Mientras tanto tenemos de todo: peleas de enamorados, coches con una docena de persona, típicos personajes de slasher, ostias porque si, el pueblerino que te alerta del peligro del bosque y unos mullets que te dejaran picuetos.
Pero al llegar, el mayor problema no serán los osos, sino que hay un asesino –mezcla estética entre Michael Meyers y Rafaela Carrá pero con la técnica de Rambo y las armas de Freddie Kruguer- que matará a todos, ya que es un veterano de la guerra del Vietnam… tócate los cataplines.

Con todo esto pensareis: Mira estos mexicanos, que simpáticos, como se apuntaron al carro de los slashers de principios de los ochenta. Pero es cuando investigas un poquito sobre esta cinta… es que es de 1989 y no se estrenó hasta 1990. En vez de hacer como los italianos, que intentaban adelantarse a los americanos, Pedro Galindo III realizó su película más famosa cuando la moda del slasher estaba muerta y enterrada y, otras modas como la de los muñequitos asesinos estaba más a la orden del día. ¡Ay, Pedro Galindo III! Hasta lo que copias lo haces mal y tarde.



Una cosa si hay que darle a la película, conserva el espíritu del slasher: es un soberano coñazo hasta que el malo mata a alguien. Entonces se transforma en un soberano coñazo del que te ríes por la cutrez de las muertes.
Además, se nota que no tiene nada que contar, ya que Pedro Galindo III –en este momento mi segundo nombre preferido en el mundo entero, tras Cameron Poe- no para de mostrar largos planos de gente andando. Y la cinta se hace larguísima, y eso que dura 77 minutos.


En definitiva, una rareza, una extravagancia. Pero que no lo es tanto para aguantar la hora y cuarto que dura. Quiere ser una slasher, pero no hay tetas y la sangre es poca y cutre. Quiere tener un malo para el recuerdo, y cierto es que no se te olvidará -¿No parece que la máscara del malo sea una copia de la cara de Peter Weller?-. No quiere ser una mierda pinchada en un palo, y al final eso es lo que es.

ESPECIAL VERANO. DÍA 30: "Se lo que hicisteis el último verano" (1997) de Jim Gillespie.



Pongámonos en situación. Mediados de los noventa. El género de terror está en sus horas más bajas. Los estudios no ponen dinero para hacer películas gordas de género, y la serie B tampoco pasa por sus mejores momentos. La primera edad dorada del videoclub decayó y aún quedan un par de años para que el DVD comience a aparecer y los videoclubs se revitalicen.
Pero en 1995 aparece una nueva cinta llamada “Scream”, que se convierte en un éxito de taquilla en todo el mundo con su fusión de rostros televisivos, asesino desconocido y humor. Tras esta, aparecieron numerosos títulos –más o menos exploits-, pero la heredera más pura de Scream es la cinta que traigo hoy –no en vano comparten guionista-: “Se lo que hicisteis el último Verano” de Jim Gillespie.



La cinta nos sitúa en la costa noreste de Estados Unidos. Esos lugares de grandes bosques y pueblecitos pesqueros. Aquí tenemos a cuatro adolescentes a punto de entrar en la madurez. El cuatro de Julio, van en un coche, pero el conductor lleva un pedo de espanto. En un descuido atropellará a un tipo que va por el arcén. Aunque este aún respira, deciden tirarlo al mar.
Parece que no ha habido testigos, pero al año reciben una nota que tan solo dice sé lo que hicisteis el último verano. Alguien los vio… o ¿El tío que atropellaron ha vuelto desde el fondo del mar para impartir justicia?

  Al seleccionar esta cinta 18 años después de su estreno, el primer sentimiento que tienes es “Bien, voy a ver una de las buenas”. Pero ¡Ay lectores! La nostalgia a veces nos juega malas pasadas, y lamentablemente he de subrayar lo mal que ha pasado el tiempo para esta peli. Desde después de la escena del accidente comienzas a darte que se ha quedado antigua. Ya sea por el tipo de personajes –planos y estereotípicos hasta decir basta-, pasando por las situaciones de aparente tensión –resobadas hasta el extremo- y la inclusión de una subtrama detectivesca, hace que la película haga aguas, el sopor comience a apoderarse del espectador y que lo único que te de miedo sea consultar el reloj para comprobar que aún queda media película.

Entre el personal al cual el tipo del chubasquero acecha, tenemos en primer lugar a Jennifer Love Hewitt. Esta scream queen, irónicamente se hizo famosa compartiendo serie con otra chica acechada por asesino, Neve Campbell, en “Cinco en familia”. Y puede que sea la que ha tenido una carrera más completa después de la saga del asesino del garfio, sobretodo en la televisión, siendo cabeza de cartel de series como “Entre fantasmas” o “The cliente list”. Aún y todo, en su haber tiene alguna película reivindicable como “Ya no puedo esperar” o “Las seductoras”. En la cinta que nos toca hoy, no puedo decir que sea una mala opción. Da bien el pego como víctima, pero cuando se pone en modo chica de acción no hay quien se lo crea, ese metro y medio que mide es un obstáculo muy grande para ello. ¡Acabo de desbloquear un logro! Hablar de Jennifer Love Hewitt sin mencionar su pectoralidad. Estoy orgulloso de mi mismo.
Como el chico de la película tenemos a Freddie Prinze Jr. Un galán que lo petaba en el cambio de siglo con la saga de Scooby-Doo, comedias a cascoporro –“Esta chica me pone”, “Como perder la cabeza” o “¡Vaya partido!”-, e incluso una de ciencia ficción inaguantable como “Wing Commander”. El chaval no lo hace mal, pero es que su personaje no da para mucho. Es una mera comparsa que debe estar en la cinta para que todo el mundo crea que es el malo, y que todo se resuelva con un giro de guión bastante trapero. Pero todo es envidia, porque aunque como actor sea una medianía, Freddie triunfó en la vida ya que se casó con Buffy y acabó siendo guionista de WWF. ¿Algo que añadir?
Como la otra pareja tenemos a Sarah Michelle Gellar y Ryan Phillipe. La primera es “Buffy cazavampiros”… Nada más que añadir, salvo que hubiera quedado mejor como la final girl de esta cinta, que como mera carne de cañón. Y el mencionado Ryan Phillipe, que es sin duda el peor actor del cuarteto. Y aunque el actor no ha dejado de trabajar, mostrando su cara de palo en películas de diferente pelaje como “Studio 54”, “Banderas de nuestros padres” o la serie “Daños y prejuicios”, no logró el status de estrella que si consiguieron sus compañeras de reparto.

Como director de este tostón tenemos a Jim Gillespie. Un director caído en el olvido que tiene un par de títulos conocidillos, pero nada reivindicables como “Venom” o “D-Tox”. Su trabajo en la cinta de hoy no es tan malo como puede desprenderse de la reseña –el culpable es otro-, tan solo es funcional.  Tiene un par de composiciones buenas, como la del atropello que hace que comience la trama. Pero, también es de recibo decir que el último tramo de la cinta –todo lo que sucede en el barco- es un auténtico caos, no sabes lo que ocurre, ni quien es quien… En definitiva, que daría lo mismo que en la silla de director estuviera este Gillespie que cualquier otro director de slashers de la época como Jamie Blanks o John Ottman.



Y ahora si, vamos a meterle palos al verdadero malvado del film, su guionista: Kevin Williamson. Aunque la idea parte de una novela de una tal Lois Duncan, esto no es excusa para el desastre argumental que tenemos delante.
Se ve que Williamson venía con el pecho hinchado tras alzarse con el guión de “Scream” y con la serie “Dawson crece”. En plan, me voy a comer el mundo. Pero lo que se comió fueron unos buenos cagaos. Porque  el guión de la cinta de hoy –y sobretodo sus diálogos-  son de juzgado de guardia.
Aparte de los personajes planos y las situaciones ilógicas –esos asesinatos en mitad de un marasmo de gente y que nadie se da cuenta, los cadáveres que aparecen en coches cerrados…-, además de tratar engañarnos haciéndonos creer que todo el mundo es responsable de los asesinatos –cuando ya sabemos que es el tío que han atropellado-. Lo peor es el querer ir más allá del propio género. El creerse más que un slasher segundo y poner esa trama detectivesca entre las chicas y Anne Heche –intentando acercarse a los thrillers que lo petaban en la segunda parte de la década de los noventa-, que hace aguas por todos los lados y corta el rollo ya aburrido de por si del slasher.


En definitiva, el slasher más aburrido de lo que llevamos de Verano. Perfecta para echarse una siesta en la canícula. Aún y todo dio lugar a una divertidísima –esta vez si- y loquísima segunda parte, y una sobrenatural tercera parte que de la saga tan solo conserva el nombre. 

ESPECIAL VERANO. DÍA 29: "Scream bloody murder" (2000) de Ralph Portillo.


El género de campamentos –que como estamos viendo, da para escribir todo un libro o incluso más de uno- fue uno de los más proclives a la explotation. Como ya dije otro día, es sencillo tener los ingredientes para una peli de campamentos: un paraje, una serie de personas –no tienen ni porque se actores de verdad- y una cámara.
Y aunque los ochenta fueron la época dorada de las explotaciones camperas, tanto con comedias –“Movida en el campamento” y “Loco campamento. Ligar o morir”- como cintas de terror –“ La quema”  o “Animadoras asesinas”-, con el cambio de siglo y las nuevas tecnologías fue incluso más fácil –por la sencillez técnica de la filmación y el precio- realizar este tipo de cintas. Podría haber elegido entre más de una docena, pero elijo la de hoy porque es la primera que vi, una de las primeras cintas que bajé con Emule –aunque para los legalistas, al final la acabé comprando en DVD- y porque es uno de los primeros filmes que me puso sobre la pista del nuevo cine slasher barato de principio de milenio. La película no es otra que “Scream Bloody Murder” de Ralph Portillo.



La película, conocida en España con el aséptico título de “Campamento sangriento”, comienza como un calco de “Viernes 13” esa película de la que tanto he hablado pero aún no ha sido destripada por aquí. Tenemos a un grupo de jóvenes que van a la naturaleza a ser monitores, pero llegan un par de días antes para prepararlo todo. Pero no están solos, un asesino llamado Trevor Moorehouse vive cerca del lago –el puñetero lago de siempre- y no le gusta la compañía.

Como vemos, visitamos lugares comunes de este tipo de cine: la multietnicidad, los picores, el guardés trastornado, el asesino de la careta, los falsos sustos que terminan siendo bromas… Todo muy trillado. Pero parece ser que el nombrado Ralph Portillo creía que la gente no se acordaba de este tipo de cintas –hemos de recordar que durante los años noventa  las cintas de terror de este estilo casi ni se dieron- y que en vez de una revisión irónica –en la órbita de “Scream” o “The Faculty”- necesitaban un nuevo asesino de los bosques para un nuevo milenio. Y resulta que el director se toma la película en serio. Y eso es lo mejor. Me dan ganas de ir al pueblo donde vive Portillo y darle un abrazo… ¡Por bonico!
Porque la película ni se acerca a dar miedo. Aún más, tenemos un montón de escenas que se acercan más a la risa que al grito: Esa aparición de Moorehouse con la sierra mecánica apagada mientras que nosotros la oímos encendida, esos monitores que gustan de esconderse detrás de árboles para con el dedito asustar, los efectos especiales de chichinabo.




Y en su sencillez y su escasez de medios –que no cutrez- está su virtud. Ya que no se dedican a mostrar a cámara que no tienen cuartos y a hacer de esto su seña de identidad. Tratan todo el rato de ocultar esta estrechez de presupuesto con fundidos a negro, explicación de hechos en vez de mostrarlo, tratar de acercarse al thriller en vez de al bodycount –al menos en el thriller puedes decir que alguien ha muerto sin necesidad de mostrarlo-… Un intento de mostrar grande lo que es pequeño, pero aunque se le agradece el esfuerzo, era una tarea abocada al fracaso.
Este es el cine malo que se disfruta. El hecho desde el corazón y no desde el bolsillo. Tomad nota directores de VOD que os queréis hacer los cuñaos con remedos de Frankenstein o tiburones mutantes asesinos de diferente pelaje.


En definitiva, una cinta para acercarse al cine barato rodado en video de cambio de siglo. Con un intento frustrado de crear un nuevo malo icónico –aunque tuviera una secuela que mantiene el tipo, y un spin off al que aún no he podido echar el guante-. Cine sin prejuicios, no recomendable para todo el mundo, pero cuanto menos simpático.

ESPECIAL VERANO. DÍA 25: "La quema" (1981) de Tony Maylam.



Siento ser pesado pero… volvemos al campamento. ¡Si! Y volvemos al terror. ¡Si! Que, ¿Dónde está Jason? No seáis impacientes, lo bueno se hace esperar. Hoy regresamos a la naturaleza con una de la copias directas de “Viernes 13”, ciertamente famosa en su época –sobretodo por su inclusión en las nasty movies británicas- y aunque no tiene un malo para el recuerdo, bien vale un visionado: “La quema” de Tony Maylam.



La cinta comienza, como en “Viernes 13”, “Halloween” y tantos y tantos slashers primigenios, con un hecho fortuito del pasado. En este, vamos al campamento Blackfoot. Vemos como un grupo de chavales va a gastar una broma al guarda del lugar –un tío bastante borracho y abusón-. Pero, como no, la broma se saldrá de madre y lo que iba a ser una susto acabará con el guarda quemado y cayendo al lago de turno. Porque siempre debe haber un lago.
Pero este no muere, si no que permanece cinco años curándose en el hospital. Finalmente le dan el alta y vuelve con sed de venganza. Pero como el campamento Blackfoot cerró, va al vecino lugar de Stonewater. Porque en cuestión de campamentos tanto monta monta tanto.

Una de las razones por las que esta cinta siempre es nombrada en listas de slashers ochenteros, debemos verla en las mentes pensantes que la parieron. Detrás de la producción tenemos a Miramax. A día de hoy es conocida por haber sido la productora detrás de cintas como “Shakespeare enamorado”, “El indomable Will Hunting” o “Pup fiction”.
Pero en este lejano 1981, la productora estaba en pañales, y los ahora poderosos Weinstein no habían llegado ni a la treintena. Y junto al director de la cinta que tenemos hoy – Tony Maylam- concibieron una historia bastante cercana a la ya citada “Viernes 13” –aunque los Weinstein afirmen que la idea es anterior-, y con la inclusión de un malvado –Cropsy- que aunque lo querían dejar para el recuerdo, la verdad es que resultó una némesis bastante cutre.

Y si nos referimos al malvado de turno, debemos de hablar del maquillaje, y si hablamos de maquillaje debemos hablar de Tom Savini. El genio de los efectos se subió al carro de los Weinstein – se ve que ya sabían venderse por esa época-, dejando de lado secuelas de “Viernes 13”, porque en apariencia tendría pasta y bastante libertad a la hora de los efectos gore y la creación del malvado.
Pero a la hora de la verdad, el presupuesto fue bastante ajustado y no tuvo mucho tiempo para la preparación de sus moldes y miembros amputados. Esto puede verse por ejemplo, en la repetición de algunos trucos realizados en otras cintas. Y sobretodo, en la creación de Cropsy. Este debía aparecer quemado, pero en los momentos –que afortunadamente son pocos- en los que su cara aparece, más que miedo produce sonrisa. Esa mueca y sobretodo es color de yogurt de frambuesa le quitan el aura que había tenido durante la primera hora.
Porque hasta que se quita el disfraz, Cropsy aguantaba bien como malo de la función. En principio, superaba al resto de malos de slashers de la época en cuanto a trasfondo. Ya que no es solo una amenaza contra los campistas, si no contra la sociedad en general. Y por otro lado teníamos un asesino casi más cercano al giallo: con su sombrero calado, la chupa de cuero, la vista en primera persona o el uso de objetos afilados… Una lástima.
Pero no vamos a tirarle piedras a Savini. Ya que tiene una escena para el recuerdo. Los que ya habéis visto la cinta sabéis de cual hablo. Exacto, la de la balsa. En esta escena tenemos a un grupo de chavales que se acercan encima de una balsa a una canoa varada en mitad del río. La escena está rodada como un reloj, y cuando crees que aún te quedan unos momentos de calma antes de que pase algo, aparece Cropsy con su disfraz y hace una escabechina de narices en cinco segundos. Todos los efectos usados en esta escena son geniales y solo por ellos vale la pena ver la cinta.



En cuanto a las víctimas de Cropsy, ninguno de ellos destaca por sus dotes interpretativas. Por no tener, no tenemos ni final girl. Pero resulta simpático ver en la cinta algunos actores famosos hoy, que en ese momento estaban empezado. Si estamos atentos podremos reconocer entre otros a, Jason Alexander – “Seinfeld”-, Fisher Stevens –“Cortocircuito”- o Holly Hunter –“El piano”-.

Y detrás de la cámara tenemos al citado Tony Maylam. Un director inglés que antes de la cinta de hoy había hecho un drama bélico llamado “Intriga en la playa”, y que después de “La quema” poco haría de mención, hasta terminar haciendo documentales comerciales para marcas pijas de coches… Todos tenemos que comer.
Su trabajo en esta “La quema”, quitando la mencionada escena de la balsa, es meramente funcional. Se encarga de poner la cámara en los lugares donde va a ser más fácil seguir la acción y poco más. Ni alardes, ni nada más por el estilo… Cosa que tampoco le vendría bien a una cinta como esta.


En definitiva, un slasher más, en el que si se hubiera metido más dinero y tiempo seguro que habría quedado mejor –porque alguna que otra idea buena tenía-. Perfecta para completistas y para aquellos que quieran ver una casquería made in Tom Savini.

ESPECIAL VERANO. DÍA 17: "Muerto el cuatro de Julio" (1997) de William Lustig.


El Verano también es para gritar, de risa o de terror, esa ya es tu elección. En el día de hoy os traigo una cinta que aúna ambas, comedia y terror, aunque en mi opinión mucho más de la primera que de la segunda, sobretodo en forma de sana comedia negra. La película de hoy no es otra que “Muerto el cuatro de Julio” de William Lustig.



         La película nos sitúa a mediados de los noventa, en un pueblecito de Estados Unidos. Aquí tenemos un chaval llamado Jody, cuyo tío desapareció en combate años atrás. Pero una noticia, hace que Jody rememore cartas y momentos con su tío y considerarlo un héroe: Han encontrado el cadáver de su tío Sam y lo envían a casa para darle sepultura.
         Mientras tanto, Jody comienza a obsesionarse con él. Sin embargo, el resto de familia y amigos conservan un infausto recuerdo de él, ya que según vamos descubriendo, era bastante mala persona. Esta obsesión por su tío Sam, hace que este resucite y comience un reguero de sangre contra todo aquel que él no considere un americano decente. Porque, el cuatro de Julio está a la vuelta de la esquina y ser un auténtico patriota es lo más importante.

         La cinta, con original aroma a Serie B, tiene en su haber dos importantes nombres sobre este estilo de cine.
         El primero es William Lustig, director puntero del terror de serie B pero con calidad y entidad a mediados de los ochenta. Entre los títulos a destacar tenemos la terrorífica “Maniac” o la divertida saga de “Maniac Cop”. Pero tras la cinta que hoy nos pertoca no ha vuelto a dirigir, poniendo sus esfuerzos en la producción de cortos documentales para terceros.
         El segundo nombre sería el de Larry Cohen. Una tipo bastante peculiar, ya que siendo blanco como la leche y con el apellido más judío que puedes encontrar, es uno de los creadores de la blaxplotation, con títulos como “El padrino de Harlem” o “Hell up in Harlem”. Tras unos años setenta y ochenta donde trabajó ávidamente tanto como director y guionista para títulos propios – “Estoy vivo” o “La serpiente voladora”- como para títulos ajenos – “Maniac Cop” o “Yo, el jurado”-, y tras unos noventa anclado en la televisión, volvió con el cambio de siglo a la pantalla grande con cintas como “Última llamada” o “Celular volviendo –momentáneamente- a gozar de cierto respeto y popularidad.


         Delante de la cámara, no tenemos ninguna actuación destacable, aunque si una serie de nombres bastante habituales en el cine de género de los setenta y ochenta: Isaac Hayes, William Smith, Robert Forster o P. J. Soles. Un poquito de nostalgia, como la que nos puede traer esta cinta, típica de las estanterías de videoclub… Y esa dedicatoria a Lucio Fulci al final de la cinta lo dice todo.



         En definitiva, una cinta más que discreta. Más para aquellos que gusten de la comedia negra que del terror. Ideal para aquellos que gusten de las cintas de pseudo terror ambientadas en festivos: “Fin de año maldito”, “Negra Navidad” o la superior a todas estas “San Valentín sangriento 3D”.

ESPECIAL VERANO. DIA 14: "Sleepaway camp" (1983) de Robert Hiltkiz.



Por tercera vez vamos al campamento. Pero esta vez no hay risas ni razones para pasárselo bien, aunque los intentos desesperados por arrimar cebolleta continúan entre estos campistas imberbes y sus monitores. Pero una cosa os puedo decir, no podrá acabar bien, ya que la película que os traigo no es otra que “Campamento sangriento” de Robert Hiltzik.



Esta “Campamento sangriento”, también conocida en estos lugares como “Sleepway camp” comienza con un flashback. En esta escena vemos a un padre con sus hijos mellizos. Están disfrutando de un día en el lago, pero una lancha fuera de control acabará con su vida,  y la de su hijo varón. La chica sobrevivirá yéndose a vivir con su tía y su primo.
Hasta aquí podemos tener la estructura de un drama telefílmico. Pero un Verano la tía decide enviar a Angela, así se llama la chica, al campamento con su primo. Lo que todos esperaban que fuera un Verano tranquilo y lleno de diversión se tornará en un auténtico infierno, cuando tanto monitores como campistas vayan muriendo uno a uno por culpa de una misteriosa entidad.

Como habréis podido comprobar estamos ante un slasher de libro. De esos que hubo a patadas desde 1980 hasta 1984. Y uno de los lugares predilectos para ambientar estas cintas eran la naturaleza, y más aún los campamentos. Lugares donde con la excusa de los primeros picores y la inclusión siempre de un lago, los directores y guionistas tenían excusa para enseñar carne y el hecho de ser un lugar ajeno para los protagonistas agudizaba la sensación de pánico e indefensión frente a la amenaza exterior. Un melocotonazo para la taquilla, vamos.
Entre varios ejemplos que se pueden citar –y que sin duda pasarán por esta santa web hasta final de verano- tenemos: desde la seminal “Viernes 13” de Sean S. Cunningham, hasta la moderna “Stage Fright” de Jerome Sable, pasando por “La quema” de Tony Maylam o subproductos como “Mad man” de Joe Gianonne o “Camp Fear” de Thom E. Keith los campamentos siempre han sido lugares preferidos para que locos puedan llevar a cabo sus fantasías más sanguinarias.



Pero si hay una cosa que eleva este “Campamento sangriento” por encima de la media es su narración. En vez de tener un ente ajeno al campamento y en cierta forma sobrenatural –como podría ser el Jason de las secuelas de “Viernes 13”- dejando que la peli se convierta en un mero body count, la cinta se torna un “Diez negritos”, ya que todo parece indicar que el asesino es alguien que está en el campamento –ya sea monitor o campista- Pero… cuando los cadáveres comiencen a aparecer y los integrantes del campamento comienzan a ser menos, podremos nosotros como espectadores iniciar nuestras apuestas: ¿Quién es el asesino?.
Y decir que la respuesta es más que satisfactoria. Aunque el proceso hasta llegar a ella pueda ser un poco bastante arduo -90 minutos de peli cuando con 75 hubiera quedado algo más redondo-, Hiltzik nos sorprende con uno de los mejores/peores finales de una cinta de género que el que esto escribe haya visto en su vida.


En definitiva, una cinta a reivindicar. Puede que no tenga la dirección más elegante –ni falta que hace-, ni que los actores estén en estado de gracia –que tampoco es lo que cuenta-… Aquí hemos venido a ver muertes y a sorprendernos con el giro final. Y esto, Robert Hiltzik lo consigue con creces.

ESPECIAL NAVIDAD. DIA 10: "Jack Frost" (1997) de Michael Cooney.


DIA 10: Bombón nevadito.


Ya dije el primer día que uno de los objetivos de esta maratón es presentaros películas no muy conocidas, para poder ampliar vuestro catálogo navideño. Por eso la que os traigo hoy es una de esas que para encontrar debéis escarbar los abismos de un videoclub de saldo, o visitar una tienda sueca gratuita que conozco yo (guiño, guiño)

Para que no os llevéis a engaño, aunque el film que tratamos hoy se llame “Jack Frost” y sea de finales de los 90, no estamos ante aquella peli en la que Michael Keaton la palmaba y se reencarnaba en un muñeco de nieve… Esto es aún mejor, o peor, según lo veas.
Estamos ante una de esas películas que con la llamada segunda edad de oro del videoclub, trataban de colárnosla a nosotros incautos seres pre banda ancha. Ponían una carátula atrayente, un tagline medianamente ingenioso y un par de fotos en la contraportada, con sangre o tetas. Un cebo, la verdad, muy bien estudiado.



El film toma como base la leyenda de Jack Frost. Este es un personaje del folclore anglosajón, que en resumidas cuentas se encarga de abrir la puerta al invierno para que coloree de blanco las fiestas de Navidad. Una especie de bedel de Santa Claus. Pero en la cinta que nos ocupa hoy se pasan la leyenda por el Arco del Triunfo. Aquí tenemos la historia de un asesino en serie que puso en jaque al pueblo de Snomonton. Pero que finalmente fue capturado por el sheriff del lugar y condenado a muerte. El día de su ejecución, en vísperas navideñas, el furgón que lo transporta choca contra un camión que transporta algo parecido a nitrógeno líquido. El asesino se congelará y fusionará con la nieve –con una escena de CGI que helará la sangre- y se transformará en un muñeco de nieve, cuyo objetivo es volver a Snomonton y cargarse al sheriff. En definitiva, un Chucky wannabe.

Como podréis deducir, estamos ante una cinta de pseudo terror, aderezada con mucha comedia tonta y muertes con una pizca de gore. Producto de videoclub, vamos. Si se investiga un poco, fue algo muy de finales de los 90, principios de los 2000, cuando en formato doméstico aparecen películas de este tono que mezclan muñecos delirantes y fiestas teñidas de sangre. Ejemplos varios son: “Gingerdead man” de Charles Band, “Peter Rottentail” de John y Mark Polonia o la –superior a todas, incluida “Jack Frost”- cinta de William Lustig “Muerto el cuatro de Julio”.




Estamos ante una película que, para que engañarnos, es un peñazo de tomo y lomo. Tiene esa cadencia de slasher de fin de siglo – conversación, asesinato, flashback, rollo, más rollo, casi teta pero no, asesinato, coña marinera, asesinato doble, tirabuzón con giro final, asesinato y epilogo por si hay dinero para hacer secuela (Y cuidado, que en esta ocasión si hay secuela. Con un par)-. Tenemos una dirección chusquerísima de  Michael Cooney, al cual alguien debería pagarles unas clases de cine ya que parece que se pone a rodar según cae la cámara. Unas interpretaciones más vacías que una nevera a fin de mes. Y fallos de raccord de los que hasta Ray Charles se daría cuenta.
Y por encima de todo destacan sus defectos especiales. De primeras, en la carátula nos quieren vender un monstruo con cara angulosa y muchos dientes. Pero en la realidad tenemos un muñecajo de corchopán que se mueve menos que Don Pimpón en una cama de velcro. Pero lo más divertido es cuando el Jack Frost tiene que hacer alguna acción. El director pasa de plano americano del muñeco a primer plano de mano de porexpan. Tras esto a plano del muñeco desde atrás a plano de la cara del muñeco, a vista subjetiva… Es decir, que en ningún momento vemos al bicho en todo su esplendor… Por supuesto, tampoco veremos ninguna muerte en primer plano, si no el momento donde viene el golpe, posterior contraplano y cadáver en cuestión. Suerte que el tono de la película es muy coñero, sino no habría por dónde cogerla.


En resumidas cuentas, una película más mala que mandar a la abuela a comprar droga. Pero hay momentos en los que apetece ver una peli mala, y que esta sea consciente de que lo es y tomarse un par de pacharanes para hacerla más amena. O en este caso una botella entera. 

Especial Navidad.DIA 5: "Negra Navidad" (2006) de Glen Morgan.


DIA 5: Bombón con sorpresa de hemoglobina.



Hoy os traigo una película un poco más moderna. Aunque por el título pueda parecer la nueva comedia de Tyler Perry o de Martin Lawrence, estamos ante un slasher de 2006. ¡Por fin! Algo de cine de género.
Aún y siendo una película que teóricamente es de terror, no os esperéis ningún susto ni sobresalto ya que poco hay de esto aquí. Por otro lado si que tenemos un poco de gore pre-CGI y mucho humor negro. Podríamos emparentarla con otra película de 2009 “San Valentín sangriento 3-D”. Aunque la película minera de Patrick Lussier es mucho más divertida y loca que el film navideño de Glen Morgan, que poco o nada ha hecho desde entonces.




La trama se parece bastante a “Halloween” de John Carpenter, aunque en verdad es un remake de una película anterior –también llamada “Black Christmas”- dirigida por el canadiense Bob Clark en 1974. Tenemos la historia de Billy, un niño con una rara enfermedad, maltratado y sometido a todo tipo de vejaciones. Billy harto de años de estar encerrado en el ático, se cargará a toda su familia el día de Navidad. Su casa será comprada por una fraternidad y Billy será encerrado en un psiquiátrico. Pero, años después Billy se escapará… y mira por donde, el día de Navidad. Cuidado Santa Claus, Billy vuelve a casa.
Y entonces comenzará un body count de libro. Las chicas comenzarán a desaparecer una a una y serán asesinadas por Billy con cierta saña, poniendo quizás demasiado énfasis en los ojos –si la veís me entendereís-. Aunque parece que el director tenga más énfasis en los momentos gores que en la verosimilitud del argumento, con un giro argumental demencial. Pero creo que ese es el espíritu del film, más cercano a esos slashers que salían como churros en el videoclub en los 80 que a los slashers más sesudos –si algo así puede existir- post “Scream”. Tendremos muchos momentos entre el asquito y la media sonrisa: esos objetos puntiagudos por doquier sin venir a que, esas casas con el pladur más cutre que puedas imaginar, esos pasillos que en un momento dado tienen 3 metros de largo y al cambio de plano parece una pista de atletismo.



Lo más interesante sería su reparto, siendo una suerte de expendabelles del cine de terror. Entre las caras más conocidas tenemos: Michelle Trachtenberg –“Buffy cazavampiros”-, Katie Cassidy –“Pesadilla en Elm Street. El origen”- ,Crystal Lowe – “Destino Final 3”-, Mary Elizabeth Winstead – “The thing” (2011)-  o Kristen Cloke –“Destino Final”- . Entre ellas lucharan por ver quién es la final girl. Y      quizás sea lo más divertido de todo. Juntarse unos cuantos, parar la película a los diez minutos y apostar a ver quien va a quedar viva al final.

En definitiva, un slasher que no es más que un pequeño divertimento, tanto por presupuesto como por duración. Una buena opción si estas ya hasta las narices de Bing Crosby y su “White Christmas”.

Terror al anocher (1976) de Charles B. Pierce

¿No conoces esta película? No pasa nada. Yo tampoco la conocía hasta que vi el documental “Killer Legends” y hablaban del asesino de Texarkana y como realizaron una película que retrataba de forma más o menos fidedigna los hechos. Y como año tras año los habitantes de Texarkana se reúnen en un autocine –niños incluidos- para ver esta cinta, que ya forma parte de su cultura local.
Esta película es uno de los pilares de lo que en los 80´s se denominó como slasher, aunque también es cierto que es uno de los más olvidados. Los aficionados siempre mencionan “Psicosis”, “Bahia de Sangre”, “Halloween” o “El fotógrafo del pánico”; pero en estas listas casi siempre falta esta cinta dirigida por Charles B. Pierce en 1976 –dos años antes que la fundacional cinta de John Carpenter-.





La película usa el estilo documental para contar la historia de dicho asesino enmascarado y su actividad en Texarkana. Y aquí voy a echar un órdago, me atrevería a decir que es la primera película americana con asesino enmascarado para ocultar su identidad. Y dejo fuera de esta afirmación tanto a Cara de cuero o a Norman Bates; ya que ellos ocultaban sus rostros por otros motivos. Pero lo interesante de este estilo documental es que no entra dentro del falso documental, ya que estamos ante un hecho real. Estaríamos posiblemente, ante un primigenio “Crimenes imperfectos” ya que la cinta sigue de manera detallada las andanzas de este asesino hasta el –seguramente para la época- impactante final.
La cinta tiene un ritmo lento y sosegado, tomándose tiempo para exponer al espectador el marco de la población de Texarkana y la vida plácida de sus habitantes. Este recurso está hecho para epatar al espectador cuando la sangre comience a correr en la pantalla, ya que los asesinatos están descritos con mucho detalle. Resaltando el asesinato junto al árbol efectuado con un trombón. Pero también es cierto, que el director estira la película para llegar a los 90 minutos estándar, rellenando el metraje con escenas de aparente comicidad aunque finalmente quedan muy patéticas.
En cuanto a los actores, están correctos pero ninguno resalta más que lo demás, al menos por arriba ya que en las mencionadas escenas cómicas las dotes actorales de los actores en cuestión quedan a la altura del betún.





En cuanto a la dirección, esta es más que correcta. Charles B. Pierce sabe dónde colocar la cámara y como poner nervioso al espectador en las mencionadas escenas de los asesinatos. Aunque el buen uso del estilo documental no es algo que nazca en esta película, ya que en anteriores películas del director, como  “The legend of Boggy Creek” donde usando este estilo –aunque en este caso más cercano al mockumentary-  trata de descubrir si es cierta o no la existencia de un trasunto de Big Foot en un pantano de Arkansas.


En definitiva, una película que es más importante por su componente histórico dentro del slasher que por el componente terrorífico. Aún y todo, si le dais una oportunidad –y dejáis de lado las ya mencionadas escenas pretendidamente cómicas- pasareis un buen rato coronado por un muy buen final.