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| Nunca cabrees a Don Limpio |
¡El film inédito de Wood!
Un timador, apodado por él mismo Dr. Ácula (nada menos), el cual junto a sus compinches se hace pasar por espiritista para sacarle los cuartos a los familiares de personas fallecidas, llama la atención de la policía por una serie de desapariciones que se han dado por la zona. Y es que la casa se emplaza cerca del pantano donde años atrás ocurrió un extraño caso con un pulpo...
Vamos a ser claros desde ya: esta cinta aqueja los mismos problemas de todo el cine de Wood, es decir, personajes planos con interpretes que se limitan a leer el ¿guion? en el mejor de los casos y gesticular para nuestra risión, escenas alargadas hasta el cabreo, ser aburrida como un dolor y la nulidad por bandera en cada plano. Nada nuevo bajo el sol, y más conociendo al entrañable alcohólico sujeto que parió a la criatura, pero como todo el cine del mal llamado peor director de la historia, esta Night of the Ghouls consigue atraparme por su inabarcable valentía al seguir intentándolo una y otra vez, aunque arrastre un cadáver que ya no es que esté muerto, es que le han salido gusanos, pero ahí lo tenemos. Incluso en esta ocasión se agradece la aleatoria valentía de dotar a la cinta de cierto toque autoconsciente, por no decir del empleo del metalenguaje (!) ya que en cierta manera es una secuela de La novia del monstruo - repitiendo personajes, no así el actores, además de aparecer Lobo, nuevamente interpretado por el coloso Tor Johnson - mientras que los protagonistas son conscientes de lo acaecido también durante Plan 9 del Espacio Exterior, siendo esto verbalizado por Paul Marco, el sempiterno policía torpe, en una de las escenas cumbre. Esto, sea una particularidad pretendida o (seguramente) sin pretender, dota de frescura a un argumento que bien podía haberse escrito entre copazo y copazo dentro de una servilleta, y donde el director de Glen o Glenda realiza un bonito autohomenaje a su carrera en poco más de una hora de metraje.
Aprende Spielberg.
Entre los actores encontramos a la troupe de Wood casi al completo, destacando los citados Johnson y Marco, a los que se unen algunas viejas glorias del Hollywood primerizo y algunos otros que nunca volverían a ponerse delante de una cámara, como es el caso de la actriz Jeannie Stevens quien interpreta a la misteriosa dama de negro. Eso sí, es la primera vez que no tenemos a Lugosi al frente de la fiesta, y vaya si se nota, recayendo el protagonismo en Wood Kenne Duncan, un antiguo vaquero de serial que aquí encarna el rol del Dr. Ácula con una sosez pasmosa. Por cierto, hay hasta dos cameos de Wood: uno en forma de cartel de SE BUSCA en la pared de la comisaría, pero el de arte le debió sentar mal el café matutino que ni las letras se leen y parece que la fotografía está puesta como un póster decorativo, y el otro en algunos planos de la dama de negro, y que cantan mucho dado el cambio de altura.
Esta película tiene la particularidad de ser la única que su director no pudo ver estrenada, ya que no se pagaría al laboratorio de revelado quedándosela los productores hasta que en los ochenta un adinerado de Kansas, fan fatal del de neoyorkino, decidió adquirir los derechos (previo pago de las tasas) y posterior explotación para alegría de la viuda de Wood.
En resumidas cuentas, para bien o para mal estamos ante una película 100% de Ed Wood Jr. Es decir, tenemos todo lo bueno y lo malo que hizo crecer la mística al rededor del director, plus añadido de tener la etiqueta de obra perdida (por no pagar), así que es decisión vuestra el entrar en el juego. Por mi parte, ojalá se le hubiesen quedado más películas sin pagar en ese laboratorio.


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