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ESPECIAL VERANO. DÍA 34: "Bosque de muerte" (1993) de Carlos Diaz Ortigoza



Lo acepto, soy un morboso. Tras el despropósito que fue aquella cinta mexicana llamada “Trampa infernal” me armé de valor para acercarme otra vez a esta cinematografía centroamericana. Esta vez con la cinta “Bosque de muerte” con Carlos David Ortigoza.



La cinta comienza con unos tipos que talan árboles ilegalmente. Pero un lugareño les disparará para disuadirlos. Por otro lado, un grupo de chavales van de camino al bosque en su coche. El coche se averiará y se encontrará con el hombre que disparó al principio, que está esperando a la policía para que se lleve a los ladrones de árboles.
Tras la ayuda de este tipo –llamado Jaguar-, el grupo de amigos llegará a la cabaña del bosque. No sé lo que tienen todos los turistas estivales con las cabañas de los bosques. Parece que vamos a estar ante un plagio de “Evil Dead”, pero tras la desaparición de uno de los chavales, el slasher hará acto de presencia. O al menos tratará de hacerlo.

Como rostro más conocido tenemos a Jorge Reynoso. Actor al que podemos ver en cintas de renombre como “Salvador” –la de Oliver Stone-, pero que también se dedica a realizar más de una decena de títulos de serie B al año. Y si indagamos en su filmografía podemos ver hasta una cinta con Pedro Galindo III. Aquí es Jaguar, el hombre que se dedica a proteger los árboles por encima de los hombres.
Junto a este unos cuantos actores y actrices nada conocidos, que se dedican a ser carne de cañón. Y por cierto, a cada cual más feo.

Del director David Ortigoza poco se puede decir. Tras algún trabajillo en series de televisión se encargó de dirigir esta cinta y después poco más ha hecho, o IMDB no le ha dado la gana reseñarlo.

Lo primero que debemos decir al acercarnos a realizar una crítica –por nimia que sea- es tratar su presupuesto casi inexistente. No dispongo de datos, pero puede que estemos hablando de la cinta con menos presupuesto de cuantas llevamos en este Especial Verano. Esto no debería ser problema, pero en vez de disimularlo dejando de lado planos que costaría dinero –cosa que hacen en otra cinta como “Scream Bloody Murder”-, aquí no dejan de mostrar angulares y otra serie de planos que quieren mostrar que se tienen medios, cuando en verdad la cinta se ha hecho con las vueltas del pan.
Y en cuanto a los aspectos técnicos, el sonido es bastante deleznable y los clics y silencios en la banda sonora son insistentes, aunque bien podría ser la copia que he usado. Por otro lado la iluminación es amateur, notándose sobre todo cuando hay luces naturales las cuales hacen que todo el color se sature.



Por lo demás, trata de acercarse a los parámetros del slasher de los que siempre hablo: juventud, personajes con secretos, edredoning… Y el tedio. Hasta el minuto 38 no tenemos el primer atisbo de que algo pasa, y son planos en primera persona de alguien escondido en lo arbustos y que gime. Y hasta los últimos 3 minutos no vemos algo del malo.

Y a partir de ese momento… nada: Gente que desaparece, momentos de no verse nada por la escasa iluminación, tratan de meter una historia de fantasmas con cazador, el sonido empeora haciendo de cada minuto un auténtico sufrimiento… Puede que sí, que finalmente tengamos otra película de castigo entre nosotros.

ESPECIAL VERANO. DÍA 32: "Piñata. Survival Island" (2002) de David y Scott Hillenbrand.


Si sois asiduos a la serie B –incluso Z- de género fantástico y de terror, de seguro que habéis sido testigos de los muñecos y demás ninots extraños que hacen de malos en este tipo de cintas: muñecos de jengibre asesinos, muñecos de nieve con sed de sangre… incluso Pinocho. Pero en la cinta de hoy, la cosa aún se va más de madre; ya que la peli que os traigo no es otra que: “Piñata. Survival Island” de David y Scott Hillenbrand.



La cinta comienza explicándonos como una tribu indeterminada usa las piñatas para meter allí a los demonios y que no les toquen las narices. Pero por supuesto, uno de ellos se escapará.
Cientos de años después, el Cinco de Mayo –si, sé que técnicamente no es Verano, pero hay una playa tropical, chicas en biquini y ¡Qué narices¡ Es mi lista de pelis, y esta tiene que estar- llegará a dicha isla un grupo de universitarios de diversas fraternidades en una especie de juegos como los de “La revancha de los novatos”, pero con 8 personas porque no hay presupuesto para más bocatas de mortadela.
En este grupo destacan Tina y Kyle, la otrora pareja perfecta, pero que están inmersos en una crisis de pareja de aúpa. Aún y todo deberán unir fuerzas cuando el demonio salga de la piñata y vaya a matarlos a todos, porque en el fondo de eso va la película.

Entre los integrantes de la sangría vemos algunos rostros televisivos. Jaime Pressly –“Me llamo Earl”-, Nicolas Brendon –“Buffy Cazavampiros”- , Garret Wang –“Star Trek: Voyager”- o Nate Richert –“Sabrina, cosas de brujas”-.
Ninguno está en esta cinta para ganar ningún premio. Y bien que lo saben. Ya que aunque no dan ningún recital, se nota que se lo pasan bien. Y sobre todo se aprovecha la vis cómica de Pressly y Brendon para sacar alguna que otra sonrisa al personal.


Entre otros nombres a destacar, quizás el más importante sea el de los hermanos Chiodo. Estos son los creadores de una cinta ochentera, de esas que tanto nos gustan “Payasos asesinos del espacio exterior”. Lamentablemente por razones de temática no la tendremos en este especial.
También lamentablemente, los Chiodo, tras su peli de payasos –y la previa creación de los “Critters”- cayeron en la serie Z más chusca, siendo su creación de la piñata el monstruo más cutre que alguien creó para una cinta de monstruitos. ¿Os acordáis del Jack Frost del Especial Navidad? Un prodigio al lado de este cagallón con patas y cuernos. Un monstruo que en principio iba a ser un señor con un disfraz –cosa que sabemos que los Chiodo saben hacer-, pero creyeron que no daba el suficiente miedo. Por ello crearon un bicho CGI cutrísimo que más que miedo da ascopena. Un bicho digno de morar en la peor de vuestras pesadillas

En cuanto a los directores de la cinta –los hermanos Hillenbrand-, poco se puede decir. Fueron a crear una peli de miedo con cuatro pesetas… Y lo consiguieron – el acabar la película, no que fuera de miedo-. Tras esta “Piñata. Survival Island”, continuaron con el mismo tonillo coñero compadre en cintas que no me he atrevido a visionar como “Escuela de novatos” o “Transylmania”… Tengo demasiado apego a mi cordura.



Uno de los puntos  a favor de la cinta, es que es conocedora de su naturaleza. Sabe que con una piñata no va a dar sustos en 2002, así que decide tirar por el cachondeo. Y ese tonillo, esa banda sonora –de esas que, como dice el gran Paco Fox, se lo cree más que la película-  y esas situaciones y comportamientos que desafían a la lógica son su mejor baza para darle al espectador lo que puede esperar de esta cinta: una película mala –porque no nos engañemos, es peor que enviar a la abuela a por tabaco- pero que gracias al tono de coña verbenera no llega a ser una peli de castigo.


En definitiva, una cinta de serie Z directa a DVD. Que no cumple su función ni de dar miedo ni de hacer reír. Pero si lo que buscáis es una peli de fondo, mientras jugáis al Ocalimocho, este “Piñata. Survival Island” os servirá.

ESPECIAL VERANO. DÍA 31: "Trampa infernal" (1989) de Pedro Galindo III



Siempre se ha hablado que el trono de reyes de la copia y del batiburrillo estaría entre italianos, filipinos, turcos, chinos y demás filmografías asiáticas. Pero casi nunca se habla de México, y mal que se hace. Porque ya desde los años 40, con la saga de los Rene Cardona, los mexicanos comenzaron a forjarse una industria de entretenimiento de serie B basada en readaptar los títulos que gustaban al otro lado del Río Grande. Y que hasta el día de hoy continúa en plena forma con las llamadas narco películas, de títulos tan llamativos como “Les cortaron las cabezas por culeros”, “El papá de los pollitos” o “El señor de las Hammer”.
Y un ejemplo de esta copia/pega, de esta batidora de elementos es la cinta que tenemos hoy “Trampa infernal” de Pedro Galindo III.



Y ya con el director comienza la copia. Si con la saga de los Rene Cardona teníamos al abuelo al hijo y el nieto –el inefable Rene Cardona III- , aquí Pedro Galindo se inventa su propia saga al ponerse el III delante… comenzamos bien.
Y ¿Qué decir de este Pedro Galindo? La verdad es que no mucho, salvo que es un tipo capaz de hacerte tan solo en el año 1984 la friolera de siete películas. Y de títulos y géneros tan dispares como westerns –“Gatilleros del Río Bravo”-, comedias –“El padre trampitas”- o cintas de acción pura y dura – “Siete en la mira”-. Lo que se ha llamado de toda la vida un currito. Pero, tras el desastre de “Trampa infernal”, ¿Quién tiene relaños de verlas?.

Y la peli comienza perfecta, con unos títulos de créditos que copia descaradamente a “Viernes 13” –incluso en la banda sonora-. Luego vemos a un grupo ya de treintañeros machacados que por una apuesta –aunque no está bien explicado- deciden irse a un bosque a hacer puñetas a cazar a un oso… Esto promete.
Mientras tanto tenemos de todo: peleas de enamorados, coches con una docena de persona, típicos personajes de slasher, ostias porque si, el pueblerino que te alerta del peligro del bosque y unos mullets que te dejaran picuetos.
Pero al llegar, el mayor problema no serán los osos, sino que hay un asesino –mezcla estética entre Michael Meyers y Rafaela Carrá pero con la técnica de Rambo y las armas de Freddie Kruguer- que matará a todos, ya que es un veterano de la guerra del Vietnam… tócate los cataplines.

Con todo esto pensareis: Mira estos mexicanos, que simpáticos, como se apuntaron al carro de los slashers de principios de los ochenta. Pero es cuando investigas un poquito sobre esta cinta… es que es de 1989 y no se estrenó hasta 1990. En vez de hacer como los italianos, que intentaban adelantarse a los americanos, Pedro Galindo III realizó su película más famosa cuando la moda del slasher estaba muerta y enterrada y, otras modas como la de los muñequitos asesinos estaba más a la orden del día. ¡Ay, Pedro Galindo III! Hasta lo que copias lo haces mal y tarde.



Una cosa si hay que darle a la película, conserva el espíritu del slasher: es un soberano coñazo hasta que el malo mata a alguien. Entonces se transforma en un soberano coñazo del que te ríes por la cutrez de las muertes.
Además, se nota que no tiene nada que contar, ya que Pedro Galindo III –en este momento mi segundo nombre preferido en el mundo entero, tras Cameron Poe- no para de mostrar largos planos de gente andando. Y la cinta se hace larguísima, y eso que dura 77 minutos.


En definitiva, una rareza, una extravagancia. Pero que no lo es tanto para aguantar la hora y cuarto que dura. Quiere ser una slasher, pero no hay tetas y la sangre es poca y cutre. Quiere tener un malo para el recuerdo, y cierto es que no se te olvidará -¿No parece que la máscara del malo sea una copia de la cara de Peter Weller?-. No quiere ser una mierda pinchada en un palo, y al final eso es lo que es.

ESPECIAL NAVIDAD. DIA 20: "Santa Claus conquers the martians" (1964) de Nicholas Webster.



DIA 20: Chocolate con gangrena.

Llegamos al último finde de nuestro especial, y traemos algo especial. Una película perfecta para ver en una resacosa mañana prenavideña…y alucinar más que en cualquier after hours: “Santa Claus conquers the martians” de Nicholas Webster.
Este film, a pesar de lo que pueda parecer, es una de las películas de serie Z más conocidas del mundo anglosajón. Esto se debe a que fue retransmitida con gran éxito en el programa Mistery Science Theater 3000 un programa similar al Cinebasura de Jose Viruete y Paco Fox. Es decir, se proyecta una peli cutre y de fondo están dos presentadores soltando coñas verbeneras. Y a decir verdad, que la versión de “Mistery Science Theater 3000 mejora la original porque este “Santa Claus conquers the martians” se torna por momentos insoportable.


El argumento es sencillo, en Marte los niños se sienten tristes porque ven en la tele de la Tierra que hay un personaje llamado Santa Claus que les deja regalos. Pero el tipo de rojo no va nunca a su planeta, por lo que los marcianos deciden –en una argucia digna del Amador de “La que se avecina”- secuestrar a Santa Claus para que les lleve regalitos y les quiten las penas.
Lo primero que llama la atención es su diseño de producción… en una palabra: grotesco. Por un lado los marcianos van vestidos con un disfraz como el Gazu de “Los Picapiedra”, pintados con rotulador Carioca verde y con unos cascos que parecen bidés decorados. Y en cuanto a los decorados, todo es cartón piedra y corchopan. Destacar un par de momentos: el robot Tor que debería de dar miedo pero da ascopena –atención al momento en el que el papel albal está desconchado-. O el momento en el que el marciano tontico quiere esconder a los niños y decide meterlos en una caja de radar (sic) y al abrirla vemos que no hay cables ni tornillos ni nada, parece más un arcón de guardar juguetes atrezzado. Por no hablar del oso polar, que no es otra cosa que un señor con un disfraz digno de Disfraces Paco.



Con un presupuesto de 200.000 dolares de la época, tenemos una película digna del infracine del canal SyFy: defectos especiales, escenas de despachos y actores con cara de palo. Porque como las pelis de dicho canal, desde el principio hay un problema: estaba anticuada antes de estrenarse. Esta peli data de 1964, y en aquella época triunfaba otro cine de género con películas más científicas – para no liarnos, más Nolan- como “El tiempo en sus manos” o la serie de “Más allá del límite”. Es decir, que la ciencia ficción naif de los cincuenta estaba un poco bastante de capa caída; pero poco le importaba al director Nicholas Webster, que se emperró en hacer  –como diría Bender de “Futurama”- su propia peli, con marcianos y elfos.

En definitiva, un despropósito más grande que el mismísimo planeta rojo. Una película que pierde el norte tras los primeros 10 minutos, quedando un film lleno de chistes malos, efectos pésimos y un guión que no sirve ni para calzar mesas. 

ESPECIAL NAVIDAD. DIA 17: "Jack Frost 2: Revenge of the Mutant Killer Snowman" (2000) de Michael Cooney.

DIA 17: Bombón sabor piña colada

Ya os avisé de que aquella mierda llamada “Jack Frost” tenía secuela. Y como si de una maldición india se tratara hoy viene a por vosotros. Y cuidado, porque esta secuela es aún más funesta que la original.
Si tuvisteis las tragaderas de ver la original, recordareis que esta termina con el muñecajo de Jack Frost enterrado con anticongelante. Esta secuela comienza con unos científicos que lo desentierran –en una escena muy parecida a “Muñeco Diabólico 2”- y por un error administran al bloque de hielo que teóricamente es Jack Frost café y este despierta –aunque para la transformación explotan una bolsa de hielo y tiran una bola de nieve (literal) al suelo. Tras esta escena vemos al sheriff y su familia en el aeropuerto internacional (primer aeropuerto del que tenga noticia que tiene puertas de madera) que se van de vacaciones al Caribe para desestresarse durante las vacaciones de Navidad. Jack escapará por el desagüe del laboratorio donde estaba prisionero y a través del océano y la zanahoria que hacía a las veces de su nariz –os prometo que no me invento nada- llega al mismo resort tropical donde está el sheriff.


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Estamos ante una secuela que es muchísimo peor que la original, pero tiene un punto a favor que la hace más aguantable contra todo pronóstico: su tono coñero. Desde el principio se presenta más como una comedia que como un slasher. Hay muchos ejemplos al respecto: Jack Frost trasvasando su alma a un cubito de hielo que una chavala se va a pasar por el pezón, una chica se toma un café helado y los hielos hacen que su cuerpo explote o Jack Frost clavándole a un tío su zanahoria en el ojo… Para mear y no echar gota.
Otro aspecto que salta a la vista es su justísimo presupuesto. Ya la fotografía en sí remite al video más amateur. Y sus llamados defectos especiales son peor que el original. Si en el original hablaba del muñeco de corchopán, aquí este no aparece hasta la media hora y nunca de cuerpo completo. Y hasta entonces tan solo aparece representado por la zanahoria o por estalactitas de CGI hechas con un Pentium 386. Mención especial a los baby Jack Frost… para sacarse los ojos.



Y es que parece que los realizadores –los mismos de la original, no voy a malgastar teclas hablando más de ellos- tenían afición por el CGI. Todo está hecho por ordenador –una frase muy de final del siglo pasado-, incluso las puestas de Sol son más falsas que un euro con la cara de Popeye. Y en cuanto a las muertes, por favor,  sigue como la anterior (plano antes de golpe y contraplano del cuerpo inerte) Pero si en la original trataban de darle algo de verosimilitud con algo de sangre y vísceras aquí son apósitos sin ningún tipo de filigranas… Horrible.


En definitiva, una peli de castigo con todas las de la ley. Genial para aquellos que quieran ver una peli en comandita para descojonarse de ella. O para los que busquen razones para el suicidio.

ESPECIAL NAVIDAD. DIA 10: "Jack Frost" (1997) de Michael Cooney.


DIA 10: Bombón nevadito.


Ya dije el primer día que uno de los objetivos de esta maratón es presentaros películas no muy conocidas, para poder ampliar vuestro catálogo navideño. Por eso la que os traigo hoy es una de esas que para encontrar debéis escarbar los abismos de un videoclub de saldo, o visitar una tienda sueca gratuita que conozco yo (guiño, guiño)

Para que no os llevéis a engaño, aunque el film que tratamos hoy se llame “Jack Frost” y sea de finales de los 90, no estamos ante aquella peli en la que Michael Keaton la palmaba y se reencarnaba en un muñeco de nieve… Esto es aún mejor, o peor, según lo veas.
Estamos ante una de esas películas que con la llamada segunda edad de oro del videoclub, trataban de colárnosla a nosotros incautos seres pre banda ancha. Ponían una carátula atrayente, un tagline medianamente ingenioso y un par de fotos en la contraportada, con sangre o tetas. Un cebo, la verdad, muy bien estudiado.



El film toma como base la leyenda de Jack Frost. Este es un personaje del folclore anglosajón, que en resumidas cuentas se encarga de abrir la puerta al invierno para que coloree de blanco las fiestas de Navidad. Una especie de bedel de Santa Claus. Pero en la cinta que nos ocupa hoy se pasan la leyenda por el Arco del Triunfo. Aquí tenemos la historia de un asesino en serie que puso en jaque al pueblo de Snomonton. Pero que finalmente fue capturado por el sheriff del lugar y condenado a muerte. El día de su ejecución, en vísperas navideñas, el furgón que lo transporta choca contra un camión que transporta algo parecido a nitrógeno líquido. El asesino se congelará y fusionará con la nieve –con una escena de CGI que helará la sangre- y se transformará en un muñeco de nieve, cuyo objetivo es volver a Snomonton y cargarse al sheriff. En definitiva, un Chucky wannabe.

Como podréis deducir, estamos ante una cinta de pseudo terror, aderezada con mucha comedia tonta y muertes con una pizca de gore. Producto de videoclub, vamos. Si se investiga un poco, fue algo muy de finales de los 90, principios de los 2000, cuando en formato doméstico aparecen películas de este tono que mezclan muñecos delirantes y fiestas teñidas de sangre. Ejemplos varios son: “Gingerdead man” de Charles Band, “Peter Rottentail” de John y Mark Polonia o la –superior a todas, incluida “Jack Frost”- cinta de William Lustig “Muerto el cuatro de Julio”.




Estamos ante una película que, para que engañarnos, es un peñazo de tomo y lomo. Tiene esa cadencia de slasher de fin de siglo – conversación, asesinato, flashback, rollo, más rollo, casi teta pero no, asesinato, coña marinera, asesinato doble, tirabuzón con giro final, asesinato y epilogo por si hay dinero para hacer secuela (Y cuidado, que en esta ocasión si hay secuela. Con un par)-. Tenemos una dirección chusquerísima de  Michael Cooney, al cual alguien debería pagarles unas clases de cine ya que parece que se pone a rodar según cae la cámara. Unas interpretaciones más vacías que una nevera a fin de mes. Y fallos de raccord de los que hasta Ray Charles se daría cuenta.
Y por encima de todo destacan sus defectos especiales. De primeras, en la carátula nos quieren vender un monstruo con cara angulosa y muchos dientes. Pero en la realidad tenemos un muñecajo de corchopán que se mueve menos que Don Pimpón en una cama de velcro. Pero lo más divertido es cuando el Jack Frost tiene que hacer alguna acción. El director pasa de plano americano del muñeco a primer plano de mano de porexpan. Tras esto a plano del muñeco desde atrás a plano de la cara del muñeco, a vista subjetiva… Es decir, que en ningún momento vemos al bicho en todo su esplendor… Por supuesto, tampoco veremos ninguna muerte en primer plano, si no el momento donde viene el golpe, posterior contraplano y cadáver en cuestión. Suerte que el tono de la película es muy coñero, sino no habría por dónde cogerla.


En resumidas cuentas, una película más mala que mandar a la abuela a comprar droga. Pero hay momentos en los que apetece ver una peli mala, y que esta sea consciente de que lo es y tomarse un par de pacharanes para hacerla más amena. O en este caso una botella entera.