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ESPECIAL VERANO. DÍA 34: "Bosque de muerte" (1993) de Carlos Diaz Ortigoza



Lo acepto, soy un morboso. Tras el despropósito que fue aquella cinta mexicana llamada “Trampa infernal” me armé de valor para acercarme otra vez a esta cinematografía centroamericana. Esta vez con la cinta “Bosque de muerte” con Carlos David Ortigoza.



La cinta comienza con unos tipos que talan árboles ilegalmente. Pero un lugareño les disparará para disuadirlos. Por otro lado, un grupo de chavales van de camino al bosque en su coche. El coche se averiará y se encontrará con el hombre que disparó al principio, que está esperando a la policía para que se lleve a los ladrones de árboles.
Tras la ayuda de este tipo –llamado Jaguar-, el grupo de amigos llegará a la cabaña del bosque. No sé lo que tienen todos los turistas estivales con las cabañas de los bosques. Parece que vamos a estar ante un plagio de “Evil Dead”, pero tras la desaparición de uno de los chavales, el slasher hará acto de presencia. O al menos tratará de hacerlo.

Como rostro más conocido tenemos a Jorge Reynoso. Actor al que podemos ver en cintas de renombre como “Salvador” –la de Oliver Stone-, pero que también se dedica a realizar más de una decena de títulos de serie B al año. Y si indagamos en su filmografía podemos ver hasta una cinta con Pedro Galindo III. Aquí es Jaguar, el hombre que se dedica a proteger los árboles por encima de los hombres.
Junto a este unos cuantos actores y actrices nada conocidos, que se dedican a ser carne de cañón. Y por cierto, a cada cual más feo.

Del director David Ortigoza poco se puede decir. Tras algún trabajillo en series de televisión se encargó de dirigir esta cinta y después poco más ha hecho, o IMDB no le ha dado la gana reseñarlo.

Lo primero que debemos decir al acercarnos a realizar una crítica –por nimia que sea- es tratar su presupuesto casi inexistente. No dispongo de datos, pero puede que estemos hablando de la cinta con menos presupuesto de cuantas llevamos en este Especial Verano. Esto no debería ser problema, pero en vez de disimularlo dejando de lado planos que costaría dinero –cosa que hacen en otra cinta como “Scream Bloody Murder”-, aquí no dejan de mostrar angulares y otra serie de planos que quieren mostrar que se tienen medios, cuando en verdad la cinta se ha hecho con las vueltas del pan.
Y en cuanto a los aspectos técnicos, el sonido es bastante deleznable y los clics y silencios en la banda sonora son insistentes, aunque bien podría ser la copia que he usado. Por otro lado la iluminación es amateur, notándose sobre todo cuando hay luces naturales las cuales hacen que todo el color se sature.



Por lo demás, trata de acercarse a los parámetros del slasher de los que siempre hablo: juventud, personajes con secretos, edredoning… Y el tedio. Hasta el minuto 38 no tenemos el primer atisbo de que algo pasa, y son planos en primera persona de alguien escondido en lo arbustos y que gime. Y hasta los últimos 3 minutos no vemos algo del malo.

Y a partir de ese momento… nada: Gente que desaparece, momentos de no verse nada por la escasa iluminación, tratan de meter una historia de fantasmas con cazador, el sonido empeora haciendo de cada minuto un auténtico sufrimiento… Puede que sí, que finalmente tengamos otra película de castigo entre nosotros.

ESPECIAL VERANO. DÍA 33: "Silly shymphonies. Summer" (1930) de Ub Iwerks.

Para aquellos que siguen religiosamente todo lo que se publica en esta santa casa –que digo yo que algún loco habrá-, recordareis el Especial Navidad en Diciembre. En uno de esos días ya hablé de las llamadas Silly Shymphonies, las sinfonías gilipollicas, que ponían en los cines cuando el mundo era en blanco y negro y Hitler se peinaba con el pelo de punta. Para los que no os acordéis, mardisión gitana.
Sin más miramientos ni subnormalidades, paso a presentar el cortometraje seleccionado para el día de hoy –suena profesional y todo-: “Walt Disney's Silly Symphony: Summer” de Ub Iwerks.

El corto en cuestión, forma parte de una serie ambientada en cada estación del año donde tenemos una coreografía de plantas y animales mientras suena una tonada de fondo. Vamos, lo de siempre en las Silly Symphonies.
En esta como es el Verano vemos a todos los insectos y bichos atareados. Tenemos a unos escarabajos con sus pelotillas, las mariposas liba que te liba, los gusanos saliendo de los capullos… incluso una mariquita un poco toca narices.



En cuanto al maestro de orquesta, no en vano es una sinfonía, es el mencionado Ub Iwerks. Un nombre importantísimo para la animación, ya que fue oficialmente el primer empleado de la Disney, contratado por Walt por ser tanto un dibujante rapidísimo como uno de sus más cercanos amigos.
De sus lápices y cerebro surgieron clásicos de la animación como “Steamboat Willie”, “La cenicienta” o “La leyenda de Sleepy Hollow”. Y sobretodo destacar su contribución a la animación con personajes reales, siendo uno de los pioneros en la utilización del mathé para ello – la pantalla verde de entonces-, siendo encargado de supervisar escenas que aunaban animación con actores en cintas tan importantes como “Los tres caballeros”, “20000 leguas de viaje submarino” o “Los pájaros”.




En definitiva, una tonterieta con mucho encanto. ¿Que queréis que os diga?, a mi estas orquestaciones y bailes tontolines –en su justa medida- los disfruto como un niño pequeño. Así, que si no tenéis prejuicio por los dibujos en blanco y negro: ¡Adelante!.

ESPECIAL VERANO. DÍA 32: "Piñata. Survival Island" (2002) de David y Scott Hillenbrand.


Si sois asiduos a la serie B –incluso Z- de género fantástico y de terror, de seguro que habéis sido testigos de los muñecos y demás ninots extraños que hacen de malos en este tipo de cintas: muñecos de jengibre asesinos, muñecos de nieve con sed de sangre… incluso Pinocho. Pero en la cinta de hoy, la cosa aún se va más de madre; ya que la peli que os traigo no es otra que: “Piñata. Survival Island” de David y Scott Hillenbrand.



La cinta comienza explicándonos como una tribu indeterminada usa las piñatas para meter allí a los demonios y que no les toquen las narices. Pero por supuesto, uno de ellos se escapará.
Cientos de años después, el Cinco de Mayo –si, sé que técnicamente no es Verano, pero hay una playa tropical, chicas en biquini y ¡Qué narices¡ Es mi lista de pelis, y esta tiene que estar- llegará a dicha isla un grupo de universitarios de diversas fraternidades en una especie de juegos como los de “La revancha de los novatos”, pero con 8 personas porque no hay presupuesto para más bocatas de mortadela.
En este grupo destacan Tina y Kyle, la otrora pareja perfecta, pero que están inmersos en una crisis de pareja de aúpa. Aún y todo deberán unir fuerzas cuando el demonio salga de la piñata y vaya a matarlos a todos, porque en el fondo de eso va la película.

Entre los integrantes de la sangría vemos algunos rostros televisivos. Jaime Pressly –“Me llamo Earl”-, Nicolas Brendon –“Buffy Cazavampiros”- , Garret Wang –“Star Trek: Voyager”- o Nate Richert –“Sabrina, cosas de brujas”-.
Ninguno está en esta cinta para ganar ningún premio. Y bien que lo saben. Ya que aunque no dan ningún recital, se nota que se lo pasan bien. Y sobre todo se aprovecha la vis cómica de Pressly y Brendon para sacar alguna que otra sonrisa al personal.


Entre otros nombres a destacar, quizás el más importante sea el de los hermanos Chiodo. Estos son los creadores de una cinta ochentera, de esas que tanto nos gustan “Payasos asesinos del espacio exterior”. Lamentablemente por razones de temática no la tendremos en este especial.
También lamentablemente, los Chiodo, tras su peli de payasos –y la previa creación de los “Critters”- cayeron en la serie Z más chusca, siendo su creación de la piñata el monstruo más cutre que alguien creó para una cinta de monstruitos. ¿Os acordáis del Jack Frost del Especial Navidad? Un prodigio al lado de este cagallón con patas y cuernos. Un monstruo que en principio iba a ser un señor con un disfraz –cosa que sabemos que los Chiodo saben hacer-, pero creyeron que no daba el suficiente miedo. Por ello crearon un bicho CGI cutrísimo que más que miedo da ascopena. Un bicho digno de morar en la peor de vuestras pesadillas

En cuanto a los directores de la cinta –los hermanos Hillenbrand-, poco se puede decir. Fueron a crear una peli de miedo con cuatro pesetas… Y lo consiguieron – el acabar la película, no que fuera de miedo-. Tras esta “Piñata. Survival Island”, continuaron con el mismo tonillo coñero compadre en cintas que no me he atrevido a visionar como “Escuela de novatos” o “Transylmania”… Tengo demasiado apego a mi cordura.



Uno de los puntos  a favor de la cinta, es que es conocedora de su naturaleza. Sabe que con una piñata no va a dar sustos en 2002, así que decide tirar por el cachondeo. Y ese tonillo, esa banda sonora –de esas que, como dice el gran Paco Fox, se lo cree más que la película-  y esas situaciones y comportamientos que desafían a la lógica son su mejor baza para darle al espectador lo que puede esperar de esta cinta: una película mala –porque no nos engañemos, es peor que enviar a la abuela a por tabaco- pero que gracias al tono de coña verbenera no llega a ser una peli de castigo.


En definitiva, una cinta de serie Z directa a DVD. Que no cumple su función ni de dar miedo ni de hacer reír. Pero si lo que buscáis es una peli de fondo, mientras jugáis al Ocalimocho, este “Piñata. Survival Island” os servirá.

ESPECIAL VERANO. DÍA 31: "Trampa infernal" (1989) de Pedro Galindo III



Siempre se ha hablado que el trono de reyes de la copia y del batiburrillo estaría entre italianos, filipinos, turcos, chinos y demás filmografías asiáticas. Pero casi nunca se habla de México, y mal que se hace. Porque ya desde los años 40, con la saga de los Rene Cardona, los mexicanos comenzaron a forjarse una industria de entretenimiento de serie B basada en readaptar los títulos que gustaban al otro lado del Río Grande. Y que hasta el día de hoy continúa en plena forma con las llamadas narco películas, de títulos tan llamativos como “Les cortaron las cabezas por culeros”, “El papá de los pollitos” o “El señor de las Hammer”.
Y un ejemplo de esta copia/pega, de esta batidora de elementos es la cinta que tenemos hoy “Trampa infernal” de Pedro Galindo III.



Y ya con el director comienza la copia. Si con la saga de los Rene Cardona teníamos al abuelo al hijo y el nieto –el inefable Rene Cardona III- , aquí Pedro Galindo se inventa su propia saga al ponerse el III delante… comenzamos bien.
Y ¿Qué decir de este Pedro Galindo? La verdad es que no mucho, salvo que es un tipo capaz de hacerte tan solo en el año 1984 la friolera de siete películas. Y de títulos y géneros tan dispares como westerns –“Gatilleros del Río Bravo”-, comedias –“El padre trampitas”- o cintas de acción pura y dura – “Siete en la mira”-. Lo que se ha llamado de toda la vida un currito. Pero, tras el desastre de “Trampa infernal”, ¿Quién tiene relaños de verlas?.

Y la peli comienza perfecta, con unos títulos de créditos que copia descaradamente a “Viernes 13” –incluso en la banda sonora-. Luego vemos a un grupo ya de treintañeros machacados que por una apuesta –aunque no está bien explicado- deciden irse a un bosque a hacer puñetas a cazar a un oso… Esto promete.
Mientras tanto tenemos de todo: peleas de enamorados, coches con una docena de persona, típicos personajes de slasher, ostias porque si, el pueblerino que te alerta del peligro del bosque y unos mullets que te dejaran picuetos.
Pero al llegar, el mayor problema no serán los osos, sino que hay un asesino –mezcla estética entre Michael Meyers y Rafaela Carrá pero con la técnica de Rambo y las armas de Freddie Kruguer- que matará a todos, ya que es un veterano de la guerra del Vietnam… tócate los cataplines.

Con todo esto pensareis: Mira estos mexicanos, que simpáticos, como se apuntaron al carro de los slashers de principios de los ochenta. Pero es cuando investigas un poquito sobre esta cinta… es que es de 1989 y no se estrenó hasta 1990. En vez de hacer como los italianos, que intentaban adelantarse a los americanos, Pedro Galindo III realizó su película más famosa cuando la moda del slasher estaba muerta y enterrada y, otras modas como la de los muñequitos asesinos estaba más a la orden del día. ¡Ay, Pedro Galindo III! Hasta lo que copias lo haces mal y tarde.



Una cosa si hay que darle a la película, conserva el espíritu del slasher: es un soberano coñazo hasta que el malo mata a alguien. Entonces se transforma en un soberano coñazo del que te ríes por la cutrez de las muertes.
Además, se nota que no tiene nada que contar, ya que Pedro Galindo III –en este momento mi segundo nombre preferido en el mundo entero, tras Cameron Poe- no para de mostrar largos planos de gente andando. Y la cinta se hace larguísima, y eso que dura 77 minutos.


En definitiva, una rareza, una extravagancia. Pero que no lo es tanto para aguantar la hora y cuarto que dura. Quiere ser una slasher, pero no hay tetas y la sangre es poca y cutre. Quiere tener un malo para el recuerdo, y cierto es que no se te olvidará -¿No parece que la máscara del malo sea una copia de la cara de Peter Weller?-. No quiere ser una mierda pinchada en un palo, y al final eso es lo que es.

ESPECIAL VERANO. DÍA 30: "Se lo que hicisteis el último verano" (1997) de Jim Gillespie.



Pongámonos en situación. Mediados de los noventa. El género de terror está en sus horas más bajas. Los estudios no ponen dinero para hacer películas gordas de género, y la serie B tampoco pasa por sus mejores momentos. La primera edad dorada del videoclub decayó y aún quedan un par de años para que el DVD comience a aparecer y los videoclubs se revitalicen.
Pero en 1995 aparece una nueva cinta llamada “Scream”, que se convierte en un éxito de taquilla en todo el mundo con su fusión de rostros televisivos, asesino desconocido y humor. Tras esta, aparecieron numerosos títulos –más o menos exploits-, pero la heredera más pura de Scream es la cinta que traigo hoy –no en vano comparten guionista-: “Se lo que hicisteis el último Verano” de Jim Gillespie.



La cinta nos sitúa en la costa noreste de Estados Unidos. Esos lugares de grandes bosques y pueblecitos pesqueros. Aquí tenemos a cuatro adolescentes a punto de entrar en la madurez. El cuatro de Julio, van en un coche, pero el conductor lleva un pedo de espanto. En un descuido atropellará a un tipo que va por el arcén. Aunque este aún respira, deciden tirarlo al mar.
Parece que no ha habido testigos, pero al año reciben una nota que tan solo dice sé lo que hicisteis el último verano. Alguien los vio… o ¿El tío que atropellaron ha vuelto desde el fondo del mar para impartir justicia?

  Al seleccionar esta cinta 18 años después de su estreno, el primer sentimiento que tienes es “Bien, voy a ver una de las buenas”. Pero ¡Ay lectores! La nostalgia a veces nos juega malas pasadas, y lamentablemente he de subrayar lo mal que ha pasado el tiempo para esta peli. Desde después de la escena del accidente comienzas a darte que se ha quedado antigua. Ya sea por el tipo de personajes –planos y estereotípicos hasta decir basta-, pasando por las situaciones de aparente tensión –resobadas hasta el extremo- y la inclusión de una subtrama detectivesca, hace que la película haga aguas, el sopor comience a apoderarse del espectador y que lo único que te de miedo sea consultar el reloj para comprobar que aún queda media película.

Entre el personal al cual el tipo del chubasquero acecha, tenemos en primer lugar a Jennifer Love Hewitt. Esta scream queen, irónicamente se hizo famosa compartiendo serie con otra chica acechada por asesino, Neve Campbell, en “Cinco en familia”. Y puede que sea la que ha tenido una carrera más completa después de la saga del asesino del garfio, sobretodo en la televisión, siendo cabeza de cartel de series como “Entre fantasmas” o “The cliente list”. Aún y todo, en su haber tiene alguna película reivindicable como “Ya no puedo esperar” o “Las seductoras”. En la cinta que nos toca hoy, no puedo decir que sea una mala opción. Da bien el pego como víctima, pero cuando se pone en modo chica de acción no hay quien se lo crea, ese metro y medio que mide es un obstáculo muy grande para ello. ¡Acabo de desbloquear un logro! Hablar de Jennifer Love Hewitt sin mencionar su pectoralidad. Estoy orgulloso de mi mismo.
Como el chico de la película tenemos a Freddie Prinze Jr. Un galán que lo petaba en el cambio de siglo con la saga de Scooby-Doo, comedias a cascoporro –“Esta chica me pone”, “Como perder la cabeza” o “¡Vaya partido!”-, e incluso una de ciencia ficción inaguantable como “Wing Commander”. El chaval no lo hace mal, pero es que su personaje no da para mucho. Es una mera comparsa que debe estar en la cinta para que todo el mundo crea que es el malo, y que todo se resuelva con un giro de guión bastante trapero. Pero todo es envidia, porque aunque como actor sea una medianía, Freddie triunfó en la vida ya que se casó con Buffy y acabó siendo guionista de WWF. ¿Algo que añadir?
Como la otra pareja tenemos a Sarah Michelle Gellar y Ryan Phillipe. La primera es “Buffy cazavampiros”… Nada más que añadir, salvo que hubiera quedado mejor como la final girl de esta cinta, que como mera carne de cañón. Y el mencionado Ryan Phillipe, que es sin duda el peor actor del cuarteto. Y aunque el actor no ha dejado de trabajar, mostrando su cara de palo en películas de diferente pelaje como “Studio 54”, “Banderas de nuestros padres” o la serie “Daños y prejuicios”, no logró el status de estrella que si consiguieron sus compañeras de reparto.

Como director de este tostón tenemos a Jim Gillespie. Un director caído en el olvido que tiene un par de títulos conocidillos, pero nada reivindicables como “Venom” o “D-Tox”. Su trabajo en la cinta de hoy no es tan malo como puede desprenderse de la reseña –el culpable es otro-, tan solo es funcional.  Tiene un par de composiciones buenas, como la del atropello que hace que comience la trama. Pero, también es de recibo decir que el último tramo de la cinta –todo lo que sucede en el barco- es un auténtico caos, no sabes lo que ocurre, ni quien es quien… En definitiva, que daría lo mismo que en la silla de director estuviera este Gillespie que cualquier otro director de slashers de la época como Jamie Blanks o John Ottman.



Y ahora si, vamos a meterle palos al verdadero malvado del film, su guionista: Kevin Williamson. Aunque la idea parte de una novela de una tal Lois Duncan, esto no es excusa para el desastre argumental que tenemos delante.
Se ve que Williamson venía con el pecho hinchado tras alzarse con el guión de “Scream” y con la serie “Dawson crece”. En plan, me voy a comer el mundo. Pero lo que se comió fueron unos buenos cagaos. Porque  el guión de la cinta de hoy –y sobretodo sus diálogos-  son de juzgado de guardia.
Aparte de los personajes planos y las situaciones ilógicas –esos asesinatos en mitad de un marasmo de gente y que nadie se da cuenta, los cadáveres que aparecen en coches cerrados…-, además de tratar engañarnos haciéndonos creer que todo el mundo es responsable de los asesinatos –cuando ya sabemos que es el tío que han atropellado-. Lo peor es el querer ir más allá del propio género. El creerse más que un slasher segundo y poner esa trama detectivesca entre las chicas y Anne Heche –intentando acercarse a los thrillers que lo petaban en la segunda parte de la década de los noventa-, que hace aguas por todos los lados y corta el rollo ya aburrido de por si del slasher.


En definitiva, el slasher más aburrido de lo que llevamos de Verano. Perfecta para echarse una siesta en la canícula. Aún y todo dio lugar a una divertidísima –esta vez si- y loquísima segunda parte, y una sobrenatural tercera parte que de la saga tan solo conserva el nombre. 

ESPECIAL VERANO. DÍA 29: "Scream bloody murder" (2000) de Ralph Portillo.


El género de campamentos –que como estamos viendo, da para escribir todo un libro o incluso más de uno- fue uno de los más proclives a la explotation. Como ya dije otro día, es sencillo tener los ingredientes para una peli de campamentos: un paraje, una serie de personas –no tienen ni porque se actores de verdad- y una cámara.
Y aunque los ochenta fueron la época dorada de las explotaciones camperas, tanto con comedias –“Movida en el campamento” y “Loco campamento. Ligar o morir”- como cintas de terror –“ La quema”  o “Animadoras asesinas”-, con el cambio de siglo y las nuevas tecnologías fue incluso más fácil –por la sencillez técnica de la filmación y el precio- realizar este tipo de cintas. Podría haber elegido entre más de una docena, pero elijo la de hoy porque es la primera que vi, una de las primeras cintas que bajé con Emule –aunque para los legalistas, al final la acabé comprando en DVD- y porque es uno de los primeros filmes que me puso sobre la pista del nuevo cine slasher barato de principio de milenio. La película no es otra que “Scream Bloody Murder” de Ralph Portillo.



La película, conocida en España con el aséptico título de “Campamento sangriento”, comienza como un calco de “Viernes 13” esa película de la que tanto he hablado pero aún no ha sido destripada por aquí. Tenemos a un grupo de jóvenes que van a la naturaleza a ser monitores, pero llegan un par de días antes para prepararlo todo. Pero no están solos, un asesino llamado Trevor Moorehouse vive cerca del lago –el puñetero lago de siempre- y no le gusta la compañía.

Como vemos, visitamos lugares comunes de este tipo de cine: la multietnicidad, los picores, el guardés trastornado, el asesino de la careta, los falsos sustos que terminan siendo bromas… Todo muy trillado. Pero parece ser que el nombrado Ralph Portillo creía que la gente no se acordaba de este tipo de cintas –hemos de recordar que durante los años noventa  las cintas de terror de este estilo casi ni se dieron- y que en vez de una revisión irónica –en la órbita de “Scream” o “The Faculty”- necesitaban un nuevo asesino de los bosques para un nuevo milenio. Y resulta que el director se toma la película en serio. Y eso es lo mejor. Me dan ganas de ir al pueblo donde vive Portillo y darle un abrazo… ¡Por bonico!
Porque la película ni se acerca a dar miedo. Aún más, tenemos un montón de escenas que se acercan más a la risa que al grito: Esa aparición de Moorehouse con la sierra mecánica apagada mientras que nosotros la oímos encendida, esos monitores que gustan de esconderse detrás de árboles para con el dedito asustar, los efectos especiales de chichinabo.




Y en su sencillez y su escasez de medios –que no cutrez- está su virtud. Ya que no se dedican a mostrar a cámara que no tienen cuartos y a hacer de esto su seña de identidad. Tratan todo el rato de ocultar esta estrechez de presupuesto con fundidos a negro, explicación de hechos en vez de mostrarlo, tratar de acercarse al thriller en vez de al bodycount –al menos en el thriller puedes decir que alguien ha muerto sin necesidad de mostrarlo-… Un intento de mostrar grande lo que es pequeño, pero aunque se le agradece el esfuerzo, era una tarea abocada al fracaso.
Este es el cine malo que se disfruta. El hecho desde el corazón y no desde el bolsillo. Tomad nota directores de VOD que os queréis hacer los cuñaos con remedos de Frankenstein o tiburones mutantes asesinos de diferente pelaje.


En definitiva, una cinta para acercarse al cine barato rodado en video de cambio de siglo. Con un intento frustrado de crear un nuevo malo icónico –aunque tuviera una secuela que mantiene el tipo, y un spin off al que aún no he podido echar el guante-. Cine sin prejuicios, no recomendable para todo el mundo, pero cuanto menos simpático.

ESPECIAL VERANO. DÍA 28: "Summer bummer" (2012) de Bill Plympton.

Hoy traemos un tentempié, un snack, una horchata fresquita para merendar. Es decir, un corto de eso que puedes ver mientras vas a descomer. Otra cosa que puedes hacer cuando vas al excusado –cuidado, que yo puedo ser muy fino- es leer las reseñas que pongo en esta página. Conozco a mucha gente que lo hace, y 9 de cada 10 médicos lo recomiendan… estimula el colon. Dejo ya de decir chorradas y me meto en harina, ya que el cortometraje que tenemos hoy es: “Summer Bummer” de Bill Plympton.



La expresión summer bummer, vendría a ser algo así como bajón veraniego –que se note que tengo idiomas-. Y más o menos es lo que este escueto corto, de dos minutos escasos, nos ofrece. Un señor se dispone a saltar desde el trampolín en su piscina. Va motivado y listo para zambullirse. Pero un miedo irracional aflora en su cabeza… ¿Y si dentro de la piscina hay algo que va me puede matar? Algo similar al ahí abajo hay un león que te come la colita de “To er mundo e güeno”

Y poco más hay que contar. El director es el conocido animador Bill Plympton, del que podéis haber visto algunas cintas de cierto renombre como “¡Me casé con un extraño!” o “Tupé”. Y en este “Summer Bummer” –perteneciente a una serie de cortos realizadas para el canal Showtime- continua con su estilo: personajes anatómicamente grotescos, una sátira del american way of life y un acercamiento al surrealismo digno del mejor Terry Gilliam.




En definitiva, un cortometraje simpático, que en el fondo es tan solo un gag bien llevado. Perfecto para adentrarse en el universo de su creador y ver que la animación para adultos va más allá del manga y Pixar. 

ESPECIAL VERANO. DÍA 27: "Campamento Flipy" (2010) de Rafa Parbus.


Bienvenidos al campamento. Bienvenidos al egotrip. Porque en España también se hacen películas de campamentos. Pero ¿Se hacen bien?. La respuesta la voy a dejar a elección del respetable. Lo que si puedo asegurarte es que si ves esta cinta, no te quedarás indiferente. Y, ¿Cuál es la peli en cuestión?. Nada más y nada menos que “Campamento Flipy” de Rafa Parbus.



La película, ¿Cómo empezar?, nos sitúa en un futuro estilo “Supersónicos” con Flipy como dibujo animado que nos empieza a soltar un rollo que no se entiende –por la dicción más que nada- y que tiene fragmentos de sus monólogos. De repente, estamos en la actualidad donde Flipy es un chaval. Nos presentan a su amigo Jeremías, que es la versión manchega de Alvaro Vitali. Y también a su profesora, por la que está colado.
También aparecerá Don Carcajón, un cómico venido a menos, que hace un campamento al cuál todos los chavales de la clase de Flipy irán. Por su parte, el padre de Flipy, que es inventor, le dará una pócima para que crezca. Y voilá, al día siguiente ya es el desgarbado con gafas que todos conocemos.
Ah! Y esto en los primeros 15 minutos… Que aún no han llegado al campamento que es donde comienza la trama… y nuestra pesadilla.

Porque la cinta aguanta bastante bien el tirón los primeros 20 minutos. Comienza de una forma tan anárquica que casi te entran ganas de seguir la trama. Además aparecen los chanantes, lo que hace que tus expectativas crezcan. Y tienen un par de chistes muy buenos con Pedro Reyes.
Pero es llegar al campo y la peli comienza a hacer aguas por todos los lados. Personajes que aparecen y desparecen sin venir a cuento. Tramas que un  momento son muy importantes, pero segundos después a nadie le importan. Referencias cuñao a cascoporro. Y sobretodo, un sopor que invita más a reclinarse en el sofá a echarse la siesta que a continuar viendo la película.

Y eso que como he dicho antes, delante de la cámara tenemos gente con suficiente talento como para que por lo menos no caigamos en la desidia. En el 90% de los planos tenemos a Flipy, que si bien como showman es un poco cargante, como monologuista en sus principios tenía su gracia. También Carlos Areces, un tipo que a dosis pequeñas –ese bonico del tó- es tronchante pero que como coprotagonista no aguanta, además de ser un personaje desagradable. Ernesto Sevilla, en un remedo de su Claudio de “La hora chanante” es el único que aguanta un poco entre tanto desbarajuste. Y Pablo Carbonell, aunque los primeros momentos que aparece dan hasta gracias, al final se torna un malo de opereta que parece que no se lo crea ni él.



Pero el problema mayor, lo veo en el tono de la cinta. Es un claro ejemplo de cinta que no sabe a que público va dirigido. Podríamos creer que en principio busca a los chavales y preadolescentes que les molan los experimentos de Flipy en “El hormiguero”, con esos dibujos animados y que haya personajes jovencillos. Pero luego tenemos una serie de chistes bastante guarros y  que hasta incomodan si lo que crees que estás viendo es una peli de niños.


En definitiva, un intento de hacer unos albóndigas a la española. Pero debido a un director manazas –Rafa Parbús, del que no voy a decir nada más- y al inmenso ego de Flipy –el cual hace todo: escribe, produce, protagoniza, dobla, canta…Vamos, un hombre del Renacimiento- , se torna en una sucesión de gags y situaciones ilógicas sin mucha gracia. No llega al concepto de peli de castigo, pero hay que armarse de paciencia. Sobretodo si  alguien como Flipy te parece un tío de lo más cargante. ¡Que si Flipy! Sabemos que creciste en los ochenta. Y que estudiaste en la EGB. Pero por lo que se refleja en esta peli pareces de esos que repitieron quinto tres veces. 

ESPECIAL VERANO. DÍA 26: "La comedia sexual de una noche de Verano" (1982) de Woody Allen.


Quizás un nombre que no esperabas encontrar en estos Especial Verano es el de Woody Allen. Pero si, el genio neoyorkino también tiene su película de temática eminentemente estival: “La comedia sexual de una noche de Verano”.




Allen nos presenta una historia muy teatral, casi de revista en algunos momentos, a veces solo faltan los números musicales con chicas ligeritas deropa. Nos cuenta la historia de una boda entre un profesor casi anciano –Mel Ferrer- y una joven que anteriormente fue monja –Mia Farrow- a principios del S.XX. El enlace se celebra en casa de la frígida prima de este –Mary Steenburgen- , casada con un bróker inventor en sus ratos libres –Woody Allen-. Para completar el sexteto se unirá el mejor amigo de este –Tony Roberts- y su última conquista –Julie Hagerty-.
Todo indicaba que iba a ser un fin de semana tranquilo y agradable con una boda íntima. Pero, en medio del caloret, los otros calores asomarán dejando ver que lo que parecían parejas más o menos con futuro, no lo eran tanto cuando los bajos instintos del ser humano afloren.

¡Cuidado! Aunque por la sinopsis parezca un drama, no lo es. Estamos ante una película, que si bien no es una de la comedias de verdad de Allen –“Bananas” o “Toma el dinero y corre”-, se ve con una sonrisa en los labios todo el rato. Más de situaciones divertidas que de gags. Podríamos emparentarla con otras cintas del neoyorkino como “Medianoche en Paris” o “Granujas de medio pelo”.

La cinta, que se rueda casi en un único escenario, demuestra el buen hacer de Woody Allen. Incluso se atreve a tener un par de momentos marcapaquete, como aquel en el cual Allen y Steenburgen están teniendo una discusión y el Allen director se da el lujo de mover la cámara y enmarcar la situación en diferentes marcos: una puerta, un espejo o el descansillo de una escalera. Demuestra que a pesar de sus detractores es un buen director, sabiendo darle ritmo a la situación más vacua.
El guión, del propio Allen y basado en la película de Ingmar Bergman “Sonrisas de una noche de Verano” -¿Aparecerá el sueco en este especial? Tiempo al tiempo- , contiene por un lado chisposos diálogos y alguna que otra situación surrealista junto a sus típicas reflexiones sobre la vida y la muerte, el amor irracional y la supuesta racionalidad del hombre… Todo un logro que todo case como un reloj, sobretodo debido a que Allen tuvo que escribir el guión a toda leche, ya que la productora –Orion- quería una cinta del director para 1982 y “Zelig” estaba con problemas de postproducción.



En cuanto a los actores, todos están muy bien. Woody Allen está en su salsa, en su típico papel de inseguro con mucho mundo interior. Mary Steenburgen no destaca, pero da el pego como la mujer que ve que su matrimonio se va a pique.  Mia Farrow, aunque se llevase una nominación a los Razzies ese año, está más que bien como la joven que busca más la estabilidad que lo que su corazón desea.  Por su parte, Tony Roberts hace casi de si mismo, un ligón que es el mejor amigo de Woody Allen. Pero en mi opinión los que mejor están son, por un lado Mel Ferrer como el profesor resabiado y pomposo y Julie Hagerty como la jovencita que todo el mundo cree menos lista de lo que es.


En definitiva, una película perfecta para aquellos que quieran acercarse por primera vez al cine de Woody Allen. Con todos los tics del cineasta, para bien o para mal. Pero, son solo 85 minutos, y ¡Que leches! Os podréis tirar el moco en la playa con alguna hipster diciendo que veis cintas de Allen y Bergman… Esta funciona como un 2 por 1.

ESPECIAL VERANO. DÍA 25: "La quema" (1981) de Tony Maylam.



Siento ser pesado pero… volvemos al campamento. ¡Si! Y volvemos al terror. ¡Si! Que, ¿Dónde está Jason? No seáis impacientes, lo bueno se hace esperar. Hoy regresamos a la naturaleza con una de la copias directas de “Viernes 13”, ciertamente famosa en su época –sobretodo por su inclusión en las nasty movies británicas- y aunque no tiene un malo para el recuerdo, bien vale un visionado: “La quema” de Tony Maylam.



La cinta comienza, como en “Viernes 13”, “Halloween” y tantos y tantos slashers primigenios, con un hecho fortuito del pasado. En este, vamos al campamento Blackfoot. Vemos como un grupo de chavales va a gastar una broma al guarda del lugar –un tío bastante borracho y abusón-. Pero, como no, la broma se saldrá de madre y lo que iba a ser una susto acabará con el guarda quemado y cayendo al lago de turno. Porque siempre debe haber un lago.
Pero este no muere, si no que permanece cinco años curándose en el hospital. Finalmente le dan el alta y vuelve con sed de venganza. Pero como el campamento Blackfoot cerró, va al vecino lugar de Stonewater. Porque en cuestión de campamentos tanto monta monta tanto.

Una de las razones por las que esta cinta siempre es nombrada en listas de slashers ochenteros, debemos verla en las mentes pensantes que la parieron. Detrás de la producción tenemos a Miramax. A día de hoy es conocida por haber sido la productora detrás de cintas como “Shakespeare enamorado”, “El indomable Will Hunting” o “Pup fiction”.
Pero en este lejano 1981, la productora estaba en pañales, y los ahora poderosos Weinstein no habían llegado ni a la treintena. Y junto al director de la cinta que tenemos hoy – Tony Maylam- concibieron una historia bastante cercana a la ya citada “Viernes 13” –aunque los Weinstein afirmen que la idea es anterior-, y con la inclusión de un malvado –Cropsy- que aunque lo querían dejar para el recuerdo, la verdad es que resultó una némesis bastante cutre.

Y si nos referimos al malvado de turno, debemos de hablar del maquillaje, y si hablamos de maquillaje debemos hablar de Tom Savini. El genio de los efectos se subió al carro de los Weinstein – se ve que ya sabían venderse por esa época-, dejando de lado secuelas de “Viernes 13”, porque en apariencia tendría pasta y bastante libertad a la hora de los efectos gore y la creación del malvado.
Pero a la hora de la verdad, el presupuesto fue bastante ajustado y no tuvo mucho tiempo para la preparación de sus moldes y miembros amputados. Esto puede verse por ejemplo, en la repetición de algunos trucos realizados en otras cintas. Y sobretodo, en la creación de Cropsy. Este debía aparecer quemado, pero en los momentos –que afortunadamente son pocos- en los que su cara aparece, más que miedo produce sonrisa. Esa mueca y sobretodo es color de yogurt de frambuesa le quitan el aura que había tenido durante la primera hora.
Porque hasta que se quita el disfraz, Cropsy aguantaba bien como malo de la función. En principio, superaba al resto de malos de slashers de la época en cuanto a trasfondo. Ya que no es solo una amenaza contra los campistas, si no contra la sociedad en general. Y por otro lado teníamos un asesino casi más cercano al giallo: con su sombrero calado, la chupa de cuero, la vista en primera persona o el uso de objetos afilados… Una lástima.
Pero no vamos a tirarle piedras a Savini. Ya que tiene una escena para el recuerdo. Los que ya habéis visto la cinta sabéis de cual hablo. Exacto, la de la balsa. En esta escena tenemos a un grupo de chavales que se acercan encima de una balsa a una canoa varada en mitad del río. La escena está rodada como un reloj, y cuando crees que aún te quedan unos momentos de calma antes de que pase algo, aparece Cropsy con su disfraz y hace una escabechina de narices en cinco segundos. Todos los efectos usados en esta escena son geniales y solo por ellos vale la pena ver la cinta.



En cuanto a las víctimas de Cropsy, ninguno de ellos destaca por sus dotes interpretativas. Por no tener, no tenemos ni final girl. Pero resulta simpático ver en la cinta algunos actores famosos hoy, que en ese momento estaban empezado. Si estamos atentos podremos reconocer entre otros a, Jason Alexander – “Seinfeld”-, Fisher Stevens –“Cortocircuito”- o Holly Hunter –“El piano”-.

Y detrás de la cámara tenemos al citado Tony Maylam. Un director inglés que antes de la cinta de hoy había hecho un drama bélico llamado “Intriga en la playa”, y que después de “La quema” poco haría de mención, hasta terminar haciendo documentales comerciales para marcas pijas de coches… Todos tenemos que comer.
Su trabajo en esta “La quema”, quitando la mencionada escena de la balsa, es meramente funcional. Se encarga de poner la cámara en los lugares donde va a ser más fácil seguir la acción y poco más. Ni alardes, ni nada más por el estilo… Cosa que tampoco le vendría bien a una cinta como esta.


En definitiva, un slasher más, en el que si se hubiera metido más dinero y tiempo seguro que habría quedado mejor –porque alguna que otra idea buena tenía-. Perfecta para completistas y para aquellos que quieran ver una casquería made in Tom Savini.

ESPECIAL VERANO. DIA 24: "¡Semos peligrosos! (uséase Makinavaja 2)" (1993) de Carlos Suarez


Distinguío público y lestores:

Mi nombre es Maki. Y hoy les voy a hablás de la pinícula homómi… homosim… homono… ¡que lleva mi propio nombre, cagontó! Que el capusho ete del Isaac Arenas, quería haser la reviú, pero le he sacao el bardeo y le he disho que loh cohone. Que si se habla de uno mesmo lo hago yo.



Pero ¡musho cuidao! El indeseable del valensiano que ecribe en esta página wes me ha disho que tengo que hablar de la segunda polque es la veraniega. ¡Menuo pesao el tonto l’haba este!
Pues les cuento a ustedes. La pinícula comiensa cuando yo, er Maki, salgo de la carsel Modelo. Y como no tengo un duro, me disponga a atracá er banco. Pero resurta que ‘l cabrón der Popi curra allí. Pero al véh que me hago con un montón de guita, deja er banco y deside que es momento de volver a juntar a la banda. Tras sacar al agüelo de la residensia, ya esta todo preparao.
Los tres juntitos volvemos al Barrio Chino. Pero tras ver toas las cosas que han cambiao en Barselona por los Juegos Olimpicos y secuestrá a un señó con mushos cuartos, desidimo irnos a la playa que para eso é Verano.


Una de las cosas a destacar de la sinta son sus astores. Para comensar, un inmenso Andrés Pajares que hase de mí a las mil maravillas. Ese tupe, esa planta, ese asento… ni yo mihmo lo hubiera hesho mejó.
Y los secundarios no se quedan atrá. Tenemos al Jesús Bonilla, grasioso como siempre, hasiendo de mi colega er Popeye. Como el agüelo tenemos a un señó que siempre nos produse una sonrisa, Lázaro Escarceller. Tambien ustedé podrán reconosé a Pedro Reyes como el Pirata o a Mario Pardo como er Moromierda. Lo mejó de lo mejó.




En cuanto a la diressión de la sinta tenemos al mesmo tipo que hiso la primera: Er Carlos Suarez. Un gashó que tirunfó con mis pelis, y con mi serie con el charnego de Pepe Rubianes. Pero despué de etto no hiso nada de mensión: pinículas con el alto de Martes y Trece –“Adios tiburón”- o series de detestives como “Petra Delicado”.
Este Carlos Suarez también se encarga der guión de la sinta. Si bien tó el mérito lo tiene Ivá, er señó que ecribía sobre mí en el magasín de “El Jueves. El guionista se encarga aquí de unir unos cuantos esqueches de esos, en un argumento cogido pol los pelos. Pero lo importante aquí no es la historia, si no los chistes y chascarrillos, de eso mi “¡Semos peligrosos! (uséase Makinavaja 2)” los tiene a patás.

En desfinitiva, una pinícula mu divertía. Y no lo digo polque yo sea el protasgonista. Si no polque lo tiene todo: chistes mu divertios, guiris que no entienden mi inglés de Sinsinati,  tetas, escenas de acsión… y salgo yo con mis colegas. ¿A ti no te guhta? Pos fueno, pos fale, pos malegro. Y vete al peo.

Me despio de ustedes de todo corasón.

Er Maki.


PD: Haganme el favól, y si el capusho del valensiano este regresa a comentá otra peli mia o la serie, háganmelo saber… y le rajaré con un asucarillo. 

ESPECIAL VERANO. DÍA 23: "De repente , la oscuridad" (1970) de Robert Fuest.


¿Os acordais de “Verano Azul”? ¿Si? Pues esa no es la película –o serie de hoy-, pero recordemos la escena más icónica, tras la de la muerte de Chanquete… Eso es, las puñeteras bicis. Aún treinta años después de la serie de las narices, aún te puedes encontrar al típico cuñao de ventas silbando la sintonía mientras un grupo de ciclistas pasa al lado. Es eso o: ¡!!Vamos Indurain!!! . ¡Ay!, la dura elección del cuñao. Como dicen en “Indiana Jones y la última cruzada”: Elige sabiamente.
Pero me estoy saliendo del tiesto. Volvamos a las bicis. Imaginaos ahora que en vez del grupo de chavales, nos quedamos solo con Bea y Desi. Y en vez de estar en la turística Nerja, se marchan a pedalear por Sierra Morena. Algo parecido ocurre en la cinta que os traigo hoy: “Y de repente, la oscuridad” de Robert Fuest.



La película nos presenta a Cathy y Jane, dos enfermeras inglesas que deciden pasar el Verano yéndose en bici por toda la landa francesa. Todo parece bien: Hace buen tiempo, no hay mucho tráfico, las cosas están baratas… Pero por una tontería discuten, y se separarán. Al rato, Jane se arrepiente y vuelve a hacer las paces… Pero Cathy no aparece. Todo apunta a que alguien la ha secuestrado. ¿Puede haber sido ese motorista que parecía que las seguía por cada pueblo que pasaban?

Lo primero que os quiero decir obre esta cinta es que es hija de su tiempo. Como otras películas de principios de los setenta, ya sean británicas - “El hombre de mimbre”, “Perros de paja”- o de otra nacionalidad – “La matanza de Texas”, “El quimérico inquilino” o “¿Quién puede matar a un niño?”-, son películas que se toman su tiempo. Estas cintas usan su primera hora de metraje para ponernos en marco, presentarnos el motor de la trama – ya sea el detective investigando una muerte en “El hombre de mimbre”, o la visita de un grupo de chavales a la casa del abuelo de uno de ellos en “La matanza de Texas”-, intentar que empaticemos con los personajes, y sobretodo poniéndonos en la boca del estómago la sensación de que algo raro ocurre. Un poco como hace Ti West en sus películas. Y os digo lo mismo que si hablásemos del director de Delaware: no es que sea tedioso, a esto se le llama saber crear una atmósfera. Y si os gustan las cintas que he nombrado antes, darle una oportunidad a West, no os defraudará.

En la silla de dirección tenemos a un tipo más que interesante: Robert Fuest. El británico, cuya “De repente, la oscuridad” es su segunda película, es un realizador que se mueve como pez en el agua y con pies de plomo dentro del género. En su haber se encuentran cintas tan interesantes como “El abominable Dr. Phibes” y su secuela “El retorno del Doctor Phibes” o “La lluvia del diablo”, donde vemos que Fuest no le hace ningún asco al primigenio –y a día de hoy aséptico- gore. Aunque en la cinta de hoy no tenemos nada de casquería, todo es psicológico más que físico.

Como las protagonistas tenemos otros dos nombres formados en el género: Como Cathy, la chica que se pierde, tenemos a Michele Dotrice. A esta actriz podemos seguirle la pista tanto en cintas de terror de la Hammer – “Las brujas”- como fuera de dicha productora – “La garra de Satán”-. Y como Jane, la que tiene dos dedos de frente de las dos, y la que lleva el peso de la cinta, tenemos a Pamela Franklin. Esta actriz también tiene un curriculum más que envidiable dentro del cine de sobresaltos de los sesenta –era la niña de “Suspense” de Jack Clayton, junto a Deborah Kerr-  y setenta – “Escuela satánica para señoritas” o “La leyenda de la mansión del infierno”-, aparte de muchísima televisión.




En definitiva, una cinta más que interesante. Podríamos hasta considerarla como la abuela de esas cintas que nos muestran –siempre desde una perspectiva etnocentrista- los peligros que hay más allá del propio país, como la saga “Hostel” o “Turistas”. Con una atmosfera por las que muchos directores de género de hoy día darían su ojo derecho. Y con una segunda mitad del fin con un juego del gato y el ratón digno de elogio. ¡No os la perdáis! 

ESPECIAL VERANO. DÍA 22: "Con Air" (1997) de Simon West.


El día 14 de Julio es una fecha muy señalada: Los franceses celebran la caída de la Bastilla o los suecos el nacimiento de Ingmar Bergman. Pero el resto de gentes de bien celebramos algo mucho más importante. Después de nueve años, Cameron Poe vuelve a casa, en esta divertidísima película titulada “Con Air” y dirigida por Simon West.




La cinta –por si existe algún loco que aún no la ha visto-, nos presenta a Cameron Poe. Nos hacen saber que este tuvo una juventud difícil y se alistó al ejército para que lo pusieran firme como una vara. Y se ve que los Rangers lo consiguen, y el bueno de Poe vuelve a su pueblo y tan solo quiere tener una vida simple y feliz con su novia. Pero la misma noche, unos borrachos intentan propasarse con ella y Poe mata a uno en defensa propia. Aunque debido a sus conocimientos en combate cuerpo a cuerpo, el juez le condena a no menos de 8 años entre rejas.
Pasado este tiempo, en el que Cameron ha sido un preso modelo, vuelve a casa. Pero un grupo de terroristas, capos y demás cochambre intentarán secuestrar el avión en el cual transportan a todos los presos. Pero Cameron tiene que llegar a casa, porque es día 14 de Julio, es el cumpleaños de su hija y hay una fiesta a la cual él no puede faltar.

No se vosotros, pero para mí esta es una de las cintas de acción claves de noventa. Por un lado nos meten una propuesta pasada de rosca –como en otras cintas de entonces, tal como los cambios de jeta en “Cara o cara” o el autobús que no puede frenar en “Speed” -, unos personajes interpretados por actores con prestigio –como Gary Oldman en “Air Force One” o F. Murray Abraham en “El último gran héroe”- y unos protagonistas over the top y bigger tan life, deudores del cine de acción hongkonés de los ochenta y principios de los noventa y que les darían sopas con hondas a cualquier héroe de acción actual – como el Harry Stamper interpretado por Bruce Willis en “Armageddon”-.

Creo que lo suyo sería comenzar a poner cara a los protagonistas de esta locura: Para comenzar, debería hablar del héroe. Ese personaje que da igual en la tesitura que le pongan; siempre tomará el camino correcto. Este Cameron Poe -¿Alguien seguirá dudando que es el mejor nombre del mundo mundial?- está interpretado por un genial Nicolas Cage. El californiano nos ofrece aquí una interpretación memorable ya que ofrece los dos registros que le han hecho famoso, por un lado actuación con peluca y por otro sin ella. Coñas verbeneras aparte, yo si me creo que Cage como Poe. Un tío que no es un superhéroe, si no que es un tipo entrenado. Que no tiene un plan perfecto, si no que se ve forzado a improvisar. Y con una flor en el culo más grande que el mismo avión donde viaja.
Como la némesis, Cyrus el Virus - ¡Ay! Ese amor noventero por la informática y los hackers- otro de esos actores que me encanta ver pasado de rosca: John Malkovich. Si bien no es un malvado más trabajado como el Mitch Leary de “En la línea de fuego”, el de Illinois tira más por la vieja escuela de la sobreactuación. Aunque si bien como personaje no está todo lo perfilado que deseáramos, la elección de alguien tirillas como Malkovich en vez de un mastuerzo le da ciertamente otro matiz un poquito más aterrador.

Y junto a estos dos tenemos a un conjunto de secundarios dignos de nombrar:
Para comenzar, uno de mis actores ochenteros y noventeros favoritos, John Cusack. Aunque este reniegue de esta actuación, su Vince Larkin podía haberle puesto en la estela del cine de acción. Aunque por su Rob Gordon en “Alta fidelidad” 3 años después, le perdono todo.
Como el agente de la DEA toca narices, tenemos a un actor más acostumbrado a verlo en trabajando con directores como Stephen Frears: Colm Meaney. Demostrando que es la viva imagen de eso que muchos llaman secundarios de lujo. Actores que valen tanto para un roto que para un descosido.
Y si dejamos a un lado las fuerzas del orden y volvemos al avión tenemos una serie de nombres para relucir: Un Danny Trejo pre Machete, Steve Buscemi como un sosias de Hannibal Lecter, el gran M.C. Gainey como el piloto de emergencia o Ving Rhames como uno de los cerebros del secuestro del avión. Todos a hacerle la ola al director de casting a la de ya.



Todos estos, unos más que otros, siguieron un guión escrito por otro de los grandes nombres del cine de entretenimiento de la segunda mitad de la década de los noventa: Scott Rosenberg.  Autor del libreto de cintas de acción tan taquilleras como “Sesenta segundos”, o impecables thrillers como “Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto” o incluso esa joya llamada “Alta Fidelidad”.

Pero si tenemos que culpar a alguien de llevar este avión a buen puerto es al director, Simon West. En mi opinión, el último director británico de cine de acción puro. Si, es cierto que a día de hoy se hacen muchas cintas de acción y que lo petan en taquilla. Pero en esas - me pueden venir a la mente las de Fast and Furious o las nuevas sagas de “Los juegos del hambre”- destacan más a los interpretes sobre la dirección. Prima más una cara bonita que un camión explotando.
Pero el cine de West mantiene ese sello personal, en el cual aunque se potencie el trabajo interpretativo –caso de “La hija del general”-, también pone su granito de arena con una buena coreografía de las escenas de acción y con una combinación de moderno CGI y acción old school que queda genial en pantalla –como en la celebrada “Los mercenarios 2”-.


En definitiva, una locura que funciona a las mil maravillas. Unos actores desatados, un guión lleno de punchs y one liners, unas escenas de acción increíbles y, por encima de todos, un protagonista carismático. Mejor no te pongas en su camino, porque hoy es 14 de Julio, sale de prisión, es el cumpleaños de su hija y Cameron Poe no se va a perder la fiesta.