Pongámonos
en situación. Mediados de los noventa. El género de terror está en sus horas
más bajas. Los estudios no ponen dinero para hacer películas gordas de género,
y la serie B tampoco pasa por sus mejores momentos. La primera edad dorada del
videoclub decayó y aún quedan un par de años para que el DVD comience a
aparecer y los videoclubs se revitalicen.
Pero
en 1995 aparece una nueva cinta llamada “Scream”,
que se convierte en un éxito de taquilla en todo el mundo con su fusión de
rostros televisivos, asesino desconocido y humor. Tras esta, aparecieron
numerosos títulos –más o menos exploits-,
pero la heredera más pura de Scream es la cinta que traigo hoy –no en vano
comparten guionista-: “Se lo que
hicisteis el último Verano” de Jim Gillespie.
La
cinta nos sitúa en la costa noreste de Estados Unidos. Esos lugares de grandes
bosques y pueblecitos pesqueros. Aquí tenemos a cuatro adolescentes a punto de
entrar en la madurez. El cuatro de Julio, van en un coche, pero el conductor
lleva un pedo de espanto. En un descuido atropellará a un tipo que va por el arcén.
Aunque este aún respira, deciden tirarlo al mar.
Parece
que no ha habido testigos, pero al año reciben una nota que tan solo dice sé lo que hicisteis el último verano.
Alguien los vio… o ¿El tío que atropellaron ha vuelto desde el fondo del mar
para impartir justicia?
Al seleccionar esta cinta 18 años después de
su estreno, el primer sentimiento que tienes es “Bien, voy a ver una de las
buenas”. Pero ¡Ay lectores! La nostalgia a veces nos juega malas pasadas, y
lamentablemente he de subrayar lo mal que ha pasado el tiempo para esta peli.
Desde después de la escena del accidente comienzas a darte que se ha quedado
antigua. Ya sea por el tipo de personajes –planos y estereotípicos hasta decir
basta-, pasando por las situaciones de aparente tensión –resobadas hasta el
extremo- y la inclusión de una subtrama detectivesca, hace que la película haga
aguas, el sopor comience a apoderarse del espectador y que lo único que te de
miedo sea consultar el reloj para comprobar que aún queda media película.
Entre
el personal al cual el tipo del chubasquero acecha, tenemos en primer lugar a Jennifer
Love Hewitt. Esta scream queen, irónicamente
se hizo famosa compartiendo serie con otra chica acechada por asesino, Neve
Campbell, en “Cinco en familia”. Y
puede que sea la que ha tenido una carrera más completa después de la saga del
asesino del garfio, sobretodo en la televisión, siendo cabeza de cartel de
series como “Entre fantasmas” o “The
cliente list”. Aún y todo, en su haber tiene alguna película reivindicable
como “Ya no puedo esperar” o “Las seductoras”. En la cinta que nos
toca hoy, no puedo decir que sea una mala opción. Da bien el pego como víctima,
pero cuando se pone en modo chica de acción no hay quien se lo crea, ese metro
y medio que mide es un obstáculo muy grande para ello. ¡Acabo de desbloquear un
logro! Hablar de Jennifer Love Hewitt sin mencionar su pectoralidad. Estoy
orgulloso de mi mismo.
Como
el chico de la película tenemos a Freddie Prinze Jr. Un galán que lo petaba en
el cambio de siglo con la saga de Scooby-Doo, comedias a cascoporro –“Esta chica me pone”, “Como perder la cabeza” o “¡Vaya partido!”-, e incluso una de
ciencia ficción inaguantable como “Wing
Commander”. El chaval no lo hace mal, pero es que su personaje no da para
mucho. Es una mera comparsa que debe estar en la cinta para que todo el mundo
crea que es el malo, y que todo se resuelva con un giro de guión bastante
trapero. Pero todo es envidia, porque aunque como actor sea una medianía,
Freddie triunfó en la vida ya que se casó con Buffy y acabó siendo guionista de
WWF. ¿Algo que añadir?
Como
la otra pareja tenemos a Sarah Michelle Gellar y Ryan Phillipe. La primera es “Buffy cazavampiros”… Nada más que
añadir, salvo que hubiera quedado mejor como la final girl de esta cinta, que como mera carne de cañón. Y el
mencionado Ryan Phillipe, que es sin duda el peor actor del cuarteto. Y aunque
el actor no ha dejado de trabajar, mostrando su cara de palo en películas de
diferente pelaje como “Studio 54”, “Banderas
de nuestros padres” o la serie “Daños
y prejuicios”, no logró el status
de estrella que si consiguieron sus compañeras de reparto.
Como
director de este tostón tenemos a Jim Gillespie. Un director caído en el olvido
que tiene un par de títulos conocidillos, pero nada reivindicables como “Venom” o “D-Tox”. Su trabajo en la cinta de hoy no es tan malo como puede
desprenderse de la reseña –el culpable es otro-, tan solo es funcional. Tiene un par de composiciones buenas, como la
del atropello que hace que comience la trama. Pero, también es de recibo decir
que el último tramo de la cinta –todo lo que sucede en el barco- es un
auténtico caos, no sabes lo que ocurre, ni quien es quien… En definitiva, que daría
lo mismo que en la silla de director estuviera este Gillespie que cualquier
otro director de slashers de la época
como Jamie Blanks o John Ottman.
Y
ahora si, vamos a meterle palos al verdadero malvado del film, su guionista: Kevin
Williamson. Aunque la idea parte de una novela de una tal Lois Duncan, esto no
es excusa para el desastre argumental que tenemos delante.
Se
ve que Williamson venía con el pecho hinchado tras alzarse con el guión de “Scream” y con la serie “Dawson crece”. En plan, me voy a comer
el mundo. Pero lo que se comió fueron unos buenos cagaos. Porque el guión de la cinta de hoy –y sobretodo sus
diálogos- son de juzgado de guardia.
Aparte
de los personajes planos y las situaciones ilógicas –esos asesinatos en mitad
de un marasmo de gente y que nadie se da cuenta, los cadáveres que aparecen en
coches cerrados…-, además de tratar engañarnos haciéndonos creer que todo el
mundo es responsable de los asesinatos –cuando ya sabemos que es el tío que han
atropellado-. Lo peor es el querer ir más allá del propio género. El creerse
más que un slasher segundo y poner
esa trama detectivesca entre las chicas y Anne Heche –intentando acercarse a
los thrillers que lo petaban en la segunda parte de la década de los noventa-,
que hace aguas por todos los lados y corta el rollo ya aburrido de por si del slasher.
En
definitiva, el slasher más aburrido
de lo que llevamos de Verano. Perfecta para echarse una siesta en la canícula.
Aún y todo dio lugar a una divertidísima –esta vez si- y loquísima segunda
parte, y una sobrenatural tercera parte que de la saga tan solo conserva el
nombre.


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