Mostrando entradas con la etiqueta cutre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cutre. Mostrar todas las entradas

The Hillz (2004) de Saran Barnun

Aviso: Paris Hilton no es lo peor.

Algunas veces me pregunto por qué me hago éstas cosas y acabo dándole al play a estos subproductos que harían levantarse de la butaca y abandonar la sala con indignación al mismísimo Tommy Wiseau. Sí, lo que habéis leido; os aseguro que esta película  esto es peor que The Room la (mal) llamada Peor película de la historia. Y es que este producto, en teoría hecho a mayor gloria de Paris Hilton, es de esa clase de películas malas de castigo.

Un pandilla de chavales con claras carencias de sopapos en la cara, viven en una idílica existencia en las colinas de los Ángeles. Su existencia de niños ricos cambia cuando porque sí deciden matar a sangre fría a todo aquel que les contraríe. Pasa un año y la vuelta de uno de ellos tras la universidad es el inicio de un fin marcado por revanchas, los amoríos, las drogas y las pésimas actuaciones.

Intentando (creo) ser una película generacional como lo fueron en su día, y salvando las distancias, American Graffiti, Rebelde sin causa o la patria Historias del Kronen, The Hillz muestra a la chavalada pija, salida y drogadicta que pulula por Los Ángeles yendo de fiesta en fiesta esperando un día morir de coma etílico o un balazo, lo que llegue antes. Vamos, o eso expone durante su hora y media, en la que asistimos atónitos ante la ciudad sin ley que debe ser ese sitio en el que ni las muertes son investigadas - hay como veinte muertos a balazos, uno de ellos de la policía, y las fuerzas del orden no asoman ni para saludar - y las armas de fuego y todo tipo de drogaína proliferan como coliflores. Incluso para estar ambientada en Estados Unidos ésto resulta excesivo. ¿Crítica a un sistema corrupto o simplemente que se les fue de las manos el guión? Emmm...¿he dicho ya que sale la pequeña de los Hilton, verdad? Pues eso.

Hablando de Paris Hilton, aunque mas sosa que el arroz integral, no acaba siendo lo peor dentro del surtido panel de treintañeros con cuerpos bonitos y cero seso que interpretan a los héroes de la historia, unos adolescentes. Hay una escena en la que el protagonista, haciendo gala de una moralidad un poco discutible, va a matar al novio del personaje de Hilton, pues bien, al tipo le dá un ataque de nervios y no puede haciendo que su colega tenga que ejecutarlo. Es una escena que en cualquier otra película hubiera dado matices a la personalidad de los personajes, pero que aquí mis cojones 33 y tenemos a carapalo haciendo que vomita por la ventanilla del coche y a otra cosa mariposa. Nefastos es decir poco.
Ah, sí, se me olvidaba, sale a modo de cameo James DeBello, conocido sobre todo por sus papeles en Cero en conducta y Cabin fever. Para lo que has quedado pollito.

Dirigida por Saran Braun, quien ha producido otros productos directos a vídeo y que aquí se lanzaba a la dirección como su última aportación al cine.

Voy a decir algo que de verdad me va a doler: si os dan a elegir entre esta o Mentiras y gordas quedáos con la segunda.

ESPECIAL VERANO. DÍA 31: "Trampa infernal" (1989) de Pedro Galindo III



Siempre se ha hablado que el trono de reyes de la copia y del batiburrillo estaría entre italianos, filipinos, turcos, chinos y demás filmografías asiáticas. Pero casi nunca se habla de México, y mal que se hace. Porque ya desde los años 40, con la saga de los Rene Cardona, los mexicanos comenzaron a forjarse una industria de entretenimiento de serie B basada en readaptar los títulos que gustaban al otro lado del Río Grande. Y que hasta el día de hoy continúa en plena forma con las llamadas narco películas, de títulos tan llamativos como “Les cortaron las cabezas por culeros”, “El papá de los pollitos” o “El señor de las Hammer”.
Y un ejemplo de esta copia/pega, de esta batidora de elementos es la cinta que tenemos hoy “Trampa infernal” de Pedro Galindo III.



Y ya con el director comienza la copia. Si con la saga de los Rene Cardona teníamos al abuelo al hijo y el nieto –el inefable Rene Cardona III- , aquí Pedro Galindo se inventa su propia saga al ponerse el III delante… comenzamos bien.
Y ¿Qué decir de este Pedro Galindo? La verdad es que no mucho, salvo que es un tipo capaz de hacerte tan solo en el año 1984 la friolera de siete películas. Y de títulos y géneros tan dispares como westerns –“Gatilleros del Río Bravo”-, comedias –“El padre trampitas”- o cintas de acción pura y dura – “Siete en la mira”-. Lo que se ha llamado de toda la vida un currito. Pero, tras el desastre de “Trampa infernal”, ¿Quién tiene relaños de verlas?.

Y la peli comienza perfecta, con unos títulos de créditos que copia descaradamente a “Viernes 13” –incluso en la banda sonora-. Luego vemos a un grupo ya de treintañeros machacados que por una apuesta –aunque no está bien explicado- deciden irse a un bosque a hacer puñetas a cazar a un oso… Esto promete.
Mientras tanto tenemos de todo: peleas de enamorados, coches con una docena de persona, típicos personajes de slasher, ostias porque si, el pueblerino que te alerta del peligro del bosque y unos mullets que te dejaran picuetos.
Pero al llegar, el mayor problema no serán los osos, sino que hay un asesino –mezcla estética entre Michael Meyers y Rafaela Carrá pero con la técnica de Rambo y las armas de Freddie Kruguer- que matará a todos, ya que es un veterano de la guerra del Vietnam… tócate los cataplines.

Con todo esto pensareis: Mira estos mexicanos, que simpáticos, como se apuntaron al carro de los slashers de principios de los ochenta. Pero es cuando investigas un poquito sobre esta cinta… es que es de 1989 y no se estrenó hasta 1990. En vez de hacer como los italianos, que intentaban adelantarse a los americanos, Pedro Galindo III realizó su película más famosa cuando la moda del slasher estaba muerta y enterrada y, otras modas como la de los muñequitos asesinos estaba más a la orden del día. ¡Ay, Pedro Galindo III! Hasta lo que copias lo haces mal y tarde.



Una cosa si hay que darle a la película, conserva el espíritu del slasher: es un soberano coñazo hasta que el malo mata a alguien. Entonces se transforma en un soberano coñazo del que te ríes por la cutrez de las muertes.
Además, se nota que no tiene nada que contar, ya que Pedro Galindo III –en este momento mi segundo nombre preferido en el mundo entero, tras Cameron Poe- no para de mostrar largos planos de gente andando. Y la cinta se hace larguísima, y eso que dura 77 minutos.


En definitiva, una rareza, una extravagancia. Pero que no lo es tanto para aguantar la hora y cuarto que dura. Quiere ser una slasher, pero no hay tetas y la sangre es poca y cutre. Quiere tener un malo para el recuerdo, y cierto es que no se te olvidará -¿No parece que la máscara del malo sea una copia de la cara de Peter Weller?-. No quiere ser una mierda pinchada en un palo, y al final eso es lo que es.

ESPECIAL NAVIDAD. DIA 10: "Jack Frost" (1997) de Michael Cooney.


DIA 10: Bombón nevadito.


Ya dije el primer día que uno de los objetivos de esta maratón es presentaros películas no muy conocidas, para poder ampliar vuestro catálogo navideño. Por eso la que os traigo hoy es una de esas que para encontrar debéis escarbar los abismos de un videoclub de saldo, o visitar una tienda sueca gratuita que conozco yo (guiño, guiño)

Para que no os llevéis a engaño, aunque el film que tratamos hoy se llame “Jack Frost” y sea de finales de los 90, no estamos ante aquella peli en la que Michael Keaton la palmaba y se reencarnaba en un muñeco de nieve… Esto es aún mejor, o peor, según lo veas.
Estamos ante una de esas películas que con la llamada segunda edad de oro del videoclub, trataban de colárnosla a nosotros incautos seres pre banda ancha. Ponían una carátula atrayente, un tagline medianamente ingenioso y un par de fotos en la contraportada, con sangre o tetas. Un cebo, la verdad, muy bien estudiado.



El film toma como base la leyenda de Jack Frost. Este es un personaje del folclore anglosajón, que en resumidas cuentas se encarga de abrir la puerta al invierno para que coloree de blanco las fiestas de Navidad. Una especie de bedel de Santa Claus. Pero en la cinta que nos ocupa hoy se pasan la leyenda por el Arco del Triunfo. Aquí tenemos la historia de un asesino en serie que puso en jaque al pueblo de Snomonton. Pero que finalmente fue capturado por el sheriff del lugar y condenado a muerte. El día de su ejecución, en vísperas navideñas, el furgón que lo transporta choca contra un camión que transporta algo parecido a nitrógeno líquido. El asesino se congelará y fusionará con la nieve –con una escena de CGI que helará la sangre- y se transformará en un muñeco de nieve, cuyo objetivo es volver a Snomonton y cargarse al sheriff. En definitiva, un Chucky wannabe.

Como podréis deducir, estamos ante una cinta de pseudo terror, aderezada con mucha comedia tonta y muertes con una pizca de gore. Producto de videoclub, vamos. Si se investiga un poco, fue algo muy de finales de los 90, principios de los 2000, cuando en formato doméstico aparecen películas de este tono que mezclan muñecos delirantes y fiestas teñidas de sangre. Ejemplos varios son: “Gingerdead man” de Charles Band, “Peter Rottentail” de John y Mark Polonia o la –superior a todas, incluida “Jack Frost”- cinta de William Lustig “Muerto el cuatro de Julio”.




Estamos ante una película que, para que engañarnos, es un peñazo de tomo y lomo. Tiene esa cadencia de slasher de fin de siglo – conversación, asesinato, flashback, rollo, más rollo, casi teta pero no, asesinato, coña marinera, asesinato doble, tirabuzón con giro final, asesinato y epilogo por si hay dinero para hacer secuela (Y cuidado, que en esta ocasión si hay secuela. Con un par)-. Tenemos una dirección chusquerísima de  Michael Cooney, al cual alguien debería pagarles unas clases de cine ya que parece que se pone a rodar según cae la cámara. Unas interpretaciones más vacías que una nevera a fin de mes. Y fallos de raccord de los que hasta Ray Charles se daría cuenta.
Y por encima de todo destacan sus defectos especiales. De primeras, en la carátula nos quieren vender un monstruo con cara angulosa y muchos dientes. Pero en la realidad tenemos un muñecajo de corchopán que se mueve menos que Don Pimpón en una cama de velcro. Pero lo más divertido es cuando el Jack Frost tiene que hacer alguna acción. El director pasa de plano americano del muñeco a primer plano de mano de porexpan. Tras esto a plano del muñeco desde atrás a plano de la cara del muñeco, a vista subjetiva… Es decir, que en ningún momento vemos al bicho en todo su esplendor… Por supuesto, tampoco veremos ninguna muerte en primer plano, si no el momento donde viene el golpe, posterior contraplano y cadáver en cuestión. Suerte que el tono de la película es muy coñero, sino no habría por dónde cogerla.


En resumidas cuentas, una película más mala que mandar a la abuela a comprar droga. Pero hay momentos en los que apetece ver una peli mala, y que esta sea consciente de que lo es y tomarse un par de pacharanes para hacerla más amena. O en este caso una botella entera.