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En serie: "Curb your enthusiasm" de Larry David (2000 - actualidad)


Hoy tenemos serie. Una de esas que tantos nos gustan a nosotros, con gente que dice las cosas como son, sobre personas de orden que se viste por los pies. Una serie que junto con “Sexo en Nueva York” sentó las bases de la comedia HBO a principios del nuevo milenio. Nada más y nada menos que “Curb your enthusiasm” o como se tituló en España “El show de Larry David”.



¿Quién es Larry David? Es  la mente detrás de “Seinfeld”. En España puede que no sea muy conocido, pero en USA es una de las series más reverenciadas. Y esta serie con sus continuas reprogramaciones por cadenas alrededor del mundo le reportaron a Larry David unos dineros más que importantes.
Pero aún con la fama y el dinero, Larry sigue siendo un tío bastante normal, un neoyorkino de clase media: Le gusta llevar ropa cómoda, conduce un coche normalito… Aunque también tiene sus caprichitos: una casa grande, jugar al golf de manera continuada….

Pero lo importante de esta serie no es el exterior, sino el interior. Es el carácter del personaje de Larry David el que da vida a la serie. Porque  Larry es, como mínimo, especial. Es un tío inteligente y culto, con un sarcasmo a prueba de bombas, una lengua muy afilada y la mala suerte de estar siempre en el sitio menos adecuado en el peor momento.

Las primeras temporadas (cada una de ellas con unos 10 episodios) no tienen mucha continuidad y suelen cerrar sus tramas en cada uno de los episodios. Son episodios autoconclusivos sobre el día a día de Larry: Un día en la playa, la preparación de una cena… Pero con el paso de las temporadas sí que tratan de crear un hilo conductor para toda la temporada.
Otro punto interesante es ver como realidad y ficción es mezclan. Por ejemplo, aparecerán como personajes Ben Stiller, Ted Danson, los protagonistas de “Seinfeld”… Incluso el divorcio en la vida real de Larry David se volvió parte de la trama. Aunque, también es cierto que añade tramas basadas en la ficción, como la adopción de la familia Black.



El estilo de “Curb your enthusiam” podemos decir que es cercano al falso documental. Por ejemplo, en los viajes en coche la mayoría de veces la cámara está en los laterales en vez de en de rodas de frente. Además, la iluminación y sonorización es natural, por lo que hace más cercanos a unos personajes que a primera vista pueden resultas distantes.


Una de las razones que puedan tirarte para atrás a la hora de seguir la serie es irónicamente el propio Larry David. Si entras en su juego te lo pasaras en grande, pero si pasados un par de capitulos no puedes aguantarlo… hazte un favor y deja la serie. Porque Larry siempre será como Larry, un bocazas cabezón con el que muchas veces te sentirás identificado. Y eso, sí que da miedo.  

"Crystal Lake memories" (2013) de Daniel Farrands.


El Verano está a la vuelta de la esquina. Lo noto en el aire, lo noto en el agua, lo noto en las cartucheras… ¿Y qué cosa hay más veraniega que los campamentos? Esos lugares donde padres pueden mandar a los chavales por dos semanas para que no den por sa… para que se lo pasen bien y aprendan de la naturaleza y todas esas cosas.



Por supuesto, si el año pasado estuvisteis al tanto del Especial Verano que inundó esta santa casa os disteis cuenta que el subgénero campista es toda una institución al otro lado del Atlántico. Por eso os traigo hoy un documental que aborda la saga más representativa de dicho subgénero, “Viernes 13”, con el documental “Crystal Lake Memories” de Daniel Farrands.



Primeramente, sería injusto decir de la cinta que es tan solo un documental, ya que estamos ante un titánico documento de casi 7 horas que cuenta con todo lujo de detalles los entresijos de la saga de la familia Voorhees, basándose en el libro homónimo de Peter Brake.  
Durante los 3 DVDs –al menos en la edición que poseo- verás a la gran mayoría de actores y actrices que se foguearon con Jason y su madre –aunque para nuestro disgusto algunos de los más famosos hace mutis por el foro- contando sus batallitas, o a directores y productores en una diatriba dialéctica por ver quién era el más visionario… En fin, asuntos que todo fan apreciará.




Porque no nos engañemos, esto es un producto para el fan y hecho por fans. No en vano, Daniel Farrands ya nos brindó “His name was Jason” – de donde fusila entrevistas para la cinta de hoy-  y otro de esos documentales totémicos como “Never sleep again” – de donde también extrae una ingente cantidad de material- ; basado en la saga de “Pesadilla en Elm Street”. Todos ellos auspiciados por la productora 1428 Films. Si veis un DVD con su logo, haceros con él.


En definitiva, un documental para aquellos que nos sabemos la saga de Viernes 13 al dedillo, y que pillaremos la mayoría de referencias que saltarán a tu cara como si estuviéramos en su tercera entrega. Todo ello conducido por un maestro de ceremonias de excepción como Corey Feldman. ¿Quién mejor para hablar de Jason que aquél que se lo cepilló? ¡Bienvenidos a Crystal Lake!

"Un genio en apuros" (1983) de Lluís Josep Comerón


Ya comienza el buen tiempo, nuestras neuronas se relajan y nuestros estándares cinematográficos con ellas. Ya no apetece tanto ver una peli gorda de esas que te epatan (o que tratan de hacerlo) durante 3 horazas. Ahora es el momento de ver cosas ligeritas mientras haces la digestión para volver a la piscina. Y justamente, hoy os traigo una de esas. Ligera, divertida, ciertamente veraniega y sobretodo ignota. Uno de esos títulos que pocos recuerdan y que debería tener mejor prensa: “Un genio en apuros” de Lluis Josep Comerón.



La cinta tiene su mayor baza en su protagonista, el cómico catalán Eugenio. Un señor que a mí me parecía muy divertido (aún de vez en cuando me escucho sus chistes) y que debutaba en esta película hecha para su entero lucimiento. Casi hasta parece que haya sido escrita por él de lo surrealista que es. Pero nada más lejos de la realidad, ya que es el propio Comerón el creador del divertido libreto.
La película nos relata la vida de Durán, un bon vivant que es aprendiz de todo y maestro de nada. Trata de vender sus guiones, escribir una novela, inventar cacharros esperpénticos… pero nada le sale a derechas. El problema se agrava cuando su burguesa familia decide que ya es suficiente, que ya tiene los huevos negros y una hija y ha estado mucho tiempo chupando del bote. Por eso, su hermano hará todo lo posible para que lo enchufen en el banco donde trabaja. Pero Durán no está por la labor, y aparte de no conseguir el trabajo se verá inmiscuido en una trama mafiosa mientras trata de recuperar a su hija de la mano de sus familiares.

“Un genio en apuros” podríamos englobarla dentro de esas cintas que salieron con los diferentes estatutos de autonomía – no en vano, el título original de la cinta es “Un geni amb l' aigua al coll” -y que se adscribían a los géneros más diversos: cintas erótico festivas –“El virgo de Visanteta” –, películas históricas – “Companys, procés a Catalunya”- o comedias surrealistas  - “Un, dos, tres… ensaïmades y res mes”-.



Aún y el tono amable de la película, con sus malos de opereta, su niña simpática y su humor visual; debemos señalar que tiene varios puntos que te harán levantar la ceja y pensar ¿Pero que estarían pensando dándole un Para todos los públicos? Entre estos dos puntos destacaría el hecho de que durante el tiroteo que desata toda la trama con la mafia, hay un señor al que lo cosen a tiros y los agujeros de bala se ven en primer plano mientras sangre brota de ellos. Y en segundo lugar toda la subtrama de Durán y la chavalita bachiller que se enamora de él tiene un aire más que sórdido. Desde luego, estos tiempos de incorrección política eran mucho más divertidos.


En definitiva, estamos ante una cinta de la que no se tiene un vivo recuerdo, pero que tiene unos secundarios de lujo –Joan Monleón, Agustín González o José Luis López Vázquez solo por nombrar a algunos-, una historia lo suficientemente loca para mantenerte entretenido y un señor tan divertido como Eugenio durante todos los minutos que dura la cinta. 

“3 Dev Adam” (1973) aka "Capitán America y el Santo contra Spiderman" de T. Frikret Uçat.



La peli de “Civil War” está al caer y las primeras críticas entusiastas inundan los portales de cine de medio mundo. Y por ello todos los fanboys marvelitas están afilando sus móviles para lanzar sus opiniones a los cuatro vientos. Por mi parte no veré esa peli en cine –me reafirmo con que las pelis de Marvel me parecen un rollazo- pero eso no significa que no quiera ver una lucha entre bandos de superhéroes. Por eso he cogido el vuelo más barato que he encontrado y me he ido a Estambul a pasármelo como un enano otomano viendo la peli que os traigo hoy “3 Dev Adam” de T. Frikret Uçat.



Esta cinta, conocida en lugares más civilizados como “Capitán America y el Santo contra Spiderman” es una de las epítomes del cine explotation turco, y una gran opción para comenzar a navegar en tan ignota filmografía; ya que es una cinta con un ritmazo que ya quisieran muchas pelis de aventuras a día de hoy.

Pero, no nos engañemos, es una peli turca exploitation y por ello tendremos: muchos bigotes, mujeres tratadas despectivamente y una cara tan dura por parte de productores y realizadores que deberían ser nombrados altos cargos del PP.

El argumento es para no creerlo. Spiderman es el líder de una banda mafiosa turca que quiere por un lado introducir dinero falso en el país y por otro llevarse un montón de joyas y objetos de valor. Pero resulta que este caso le queda grande al gobierno otomano, y por ello deciden que lo mejor será contar con ayuda internacional. Por ello no dudarán en llamar a dos agentes de postín: El Santo y el Capitán América.



Desde el principio ya ves que algo no cuadra. Spiderman se encuentra en un playa con un traje verde y tortura a una chica con el rotor de una lancha motora hasta que la mata. Luego este mismo hombre araña con cejacas le meterá a uno un mojá con una chirla, para terminar colándose por las ventanas para estrangular a señoras indefensas. ¡¡¡Si es que en vez de una peli de superhéroes parece un giallo de baja estofa!!!.
Y en cuanto a los héroes de la película, también hay varias cosas a señalar. Por un lado, se ve que viajaban con Ryanair y el Capi sufrió exceso de equipaje y tuvo que dejar el escudo en casa. Y por otro lado, parece ser que Santo no podía aguantar el calor estambulita (no, no pongas esa cara, es que yo soy muy leído) y va durante toda la cinta con la cara descubierta. Cabe destacar que ni los creadores de Spiderman, el Capi o el Santo vieron un duro por los derechos de los personajes. Debido a esto último y para no levantar sospecha la cinta se estrenó en Turquía como “3 dev Adam” aka “Tres hombres gigantescos”.

En cuanto a la producción de la cinta todo huele a serie Z, presupuesto ajustado, descampados tercermundistas, Brummel y todas esas cosas con las que nosotros gozamos tanto.
Por su parte, el celuloide se nota cascado y tratado sin ningún miramiento. Los efectos de sonido son descacharrantes, sobretodo cuando se acercan grupos de personas para lo que usan un repiqueteo de herraduras. Y en cuanto a la música no dudan en colocarte durante gran parte del metraje extractos robados vilmente de la serie americana “Sanford and son”.
Aparte del jetismo imperante en estas producciones, también somos testigos de lo manazas que son sus creadores –entre los que están los artífices de otras obras de arte como “Seytan” (El exorcista turco) o “Tarkan Vs Camoka” (Uno de los cientos de tarzanes turcos): no se respeta el eje ni aunque les apuntes con una pistola, los cortes parecen estar hechos con un hacha, el etalonaje debe sonarles a enfermedad testicular…




Pero aún y todo estamos ante una cinta que pasa como un suspiro, 75 minutos de efervescente acción otomana. Así que si quieres ver más pantalones de campana  y jersey de cuello vuelto que en un mitin del PC, presenciar al Spiderman menos ágil de la historia y no tenéis miramientos en ver a cuarentones en pijama jugando al corre que te pillo… O bien estáis para que os encierren o es que esta es vuestra película. 

"Creed. La leyenda de Rocky" (2015) de Ryan Coogler.


Hoy haremos un experimento. Parad, id al Spotify y poned la famosa fanfarria de “Rocky”. ¿Preparados? Pues ya podéis volver a leer, ya que la reseña de hoy está diseñada para ser escuchada con la sintonía de aquella magnífica película que presentó al gran público a Sylvester Stallone. Ya que la cinta de hoy no es nada más ni nada menos que “Creed. La leyenda de Rocky” de Ryan Coogler.



Porque si amigos, Rocco vuelve. Lo que en otras sagas se tornaría un ¡Oh no! aquí, tras el triunfo que supuso “Rocky Balboa” se vuelve uno de los eventos cinematográficos del año.  Y no es para menos, ya que este “Creed. La leyenda de Rocky” supone un escalón más hacia la gloria de la figura del ya retirado púgil.

La trama de la cinta nos sitúa años después de la última entrega. Paulie ya se ha ido, y el hijo de Rocky vive en el extranjero. Rocco ya afronta la última etapa de su vida, dejando que pasen los días. Por eso cuando el hijo de su gran amigo Apolo Creed aparece en escena para que Rocky lo entrene y conseguir el mismo trono que tenía su padre años atrás, el mundo tranquilo de Rocky se tambaleará.

Uno de los principales aciertos de la cinta es no hacer gravitar la película alrededor del luchador de Little Italy, sino que es el misterioso Adonis Johnson el eje centrar de la historia. Rocky ya contó todo lo que tenía que contar y aquí está ahora en una figura que recuerda en gran manera al Mickey de los films originales. Ahora es el momento de mostrar sangre fresca. Y que gusto dar ver a este Michael B. Jordan como un león que debe ser domado por un Stallone inmenso.

Son muchos los que a día de hoy acusan a Stallone de ser un mal actor, poco más que un cacho de carne con botox. Gente que recuerda “Rhinestone” o “Spy Kids 3D” pero que dejan fuera de la terna cinta como “Rocky”, “Acorralado”, “La cocina del infierno” o “Copland”.
Y en la cinta de hoy, Stallone vuelve callando bocas y dando un golpe sobre la mesa con un papel que debería darle el ansiado Oscar que tantas veces ha merecido. No quiero meterme en terreno de spoilers, pero hay cierta escena antes del último combate que si no hace que sueltes la lagrimilla, dudo que puedas ser catalogado como ser humano.



En cuanto a la dirección tenemos a Ryan Coogler, que tras “Fruitvale Station” se enfrascó en la concepción de esta obra. Suyo es el guión con el visto bueno de Stallone. Que aunque rehúye del espectáculo de las anteriores, los combates hacen  más daño que cualquier otro de la saga acercando la camara a los púgiles con un estilo seco y directo, cercano al de aquella maravilla llamada “Warrior”.


En definitiva, una ocasión que nadie debe de dejar pasar. Una cinta casi perfecta para los fans de la saga, y una gran película llena de valores para el resto. Una pelicula que debería cerrar bocas a todos aquellos que critican al héroe de toda una generación. Stallone eres el mejor… y lo sabes. 

"Turbo Kid" (2015) de François Simard, Anouk Whissell y Yoan-Karl Whissel



Según la Real Academia Española de la Lengua, cuñado es aquella persona que es hermano del cónyuge o cónyuge del hermano. Por otro lado los cuñaos cinéfilos –que es los que más nos tocan- son aquellos que son unos pesaos con la última moda de Internet, que solo hablan de las películas de su infancia y que hace una semana te bombardeaban el Facebook con la llegada de Marty McFly, cuando hace un mes “Regreso al futuro” les daba absolutamente lo mismo.
Y junto a los cuñaos cinéfilos, tenemos las películas cuñaas. Son aquellas cintas hechas para satisfacer al cuñao cinéfilo: con sus referencias nostálgico ochenteras, sus chistes de dudoso gusto en los cuales el director quiere darte un codazo de complicidad y sobretodo, una distorsión del cine pasado que a la gente de bien nos repatea.



Con estos mimbres, y tras haber visto “Kung Fury”, el evento cinéfilo cuñao del año, me esperaba que la cinta de hoy fuera una versión hipervitaminada del cortometraje nórdico. Pero no podía estar más equivocado, ya que la cinta de hoy es todo un logro. No es otra que la canadiense “Turbo Kid” de François Simard, Anouk Whissell y Yoan-Karl Whissel, basada en un cortometraje previo perpetrado por esta triada del lejano Canadá.

La cinta nos presenta un futuro apocalíptico donde el suministro del agua es más que escaso, la gente se dedica a rebuscar tesoros en la chatarra y donde hay un tirano que coarta la ya de por si poca libertad de los supervivientes.
Nosotros seguiremos la pista de The Kid, el cuál con la ayuda de un par de compañeros inesperados buscará sobrevivir en este mundo inhóspito, a la vez de completar su vendetta personal.

Como he dicho antes, desde la lontananza este “Turbo Kid” parecía alimento para cuñaos: Ese poster que recordaba al de “Tron”, la aparición de un comic vintage, sangre a chorros por CGI, un actor famoso de los ochenta (ya sabéis, ese vórtice temporal que va desde el “Tiburón” de Spielberg al “Godzilla” de Emmerich), ambientación Mad Max de baratillo, música disco… Pero ¡Ay! Que equivocado estaba. Si en “Kung Fury” todo era una mezcolanza de subgéneros y situaciones que no existían en el cine de esa época –esa memoria adulterada por la nostalgia de las narices-, en esta “Turbo Kid” los canadienses lo han conseguido. Han cogido un buena taza de cine post apocalíptico ( aunque más cercano en mi opinión al “Hardware” de Richard Stanley que a la seminal obra de George Miller), complementada con un cazo de cine con chavales en territorio hostil ( el aroma de “Un muchacho y su perro” se desprende durante gran parte del metraje), unas gotas del humor gamberro de las películas de género nórdicas (véase, “Iron Sky”  o “Dead Snow”)  una cucharada de persecuciones en bicicleta (como si de un “Los bicivoladores” conocen a “1990: Los guerreros del Bronx” se tratase) y coronando el plato un villano tiránico que recuerda en demasía al  Dennis Hopper de “Waterworld”.




Todo esto que podría haber sido un desastre épico, se torna en un disfrutable pastiche gracias a unos creadores que saben de lo que ruedan. No solo han visto un par de pelis ochenteras y para subirse a la ola del revival realizan este film. Son tres personajes que aman el cine de género, que conocen las pelis a las que hacen referencia y lo mejor de todo, saben cómo hacer disfrutar al público.

Junto a una historia simple y conocida, pero rodada con mucho cariño y oficio tenemos a un grupo de actores que  quizás sin destacar mucho, nadie les puede reprochar una falta de carisma.
Como protagonista tenemos a un tal Munro Chambers, que está realmente bien como un pardillo atrapado por unas circunstancias más grandes que el mismo.
Como el arquetipo de antihéroe tenemos a un mandíbula cuadrada como Aaron Jeffery, en un personaje que nos recuerda a esos héroes a su pesar trazados por John Carpenter.
Y como la tercera pata de esta mesa tenemos a Laurence Leboeuf. Esta actriz se come la pantalla cada vez que aparece, con uno de esos personajes que se hacen querer con una gran sonrisa desde el minuto uno. Hay que ir siguiéndole la pista a la chica.
Y como el malvado de la función un señor que no necesita presentación: Michael Ironside. Y, ¿Qué tal hace Michael Ironside de malo? Pues genial, como siempre. Por algo le han contratado.


En definitiva, una divertidísima cinta de acción, que apela a la nostalgia pero sin estarte recordando cada dos segundos que estás viendo un homenaje. ¡Muy bien Canadá¡ ¡Así sí!

"Mad Max: Fury Road" (2015) de George Miller.



Para la mayoria de los cinéfilos, este 2015 iba a ser el año de Los Vengadores o de la nueva Star Wars. Pero para mi desde el principio habían dos películas que estaba esperando: “Terminator Genisys” y este “Mad Max: Fury Road”. Y aunque hayan pasado 30 años desde que Max entrara en la Cúpula del Trueno, la franquicia ha vuelto y para quedarse. Sin lugar a dudas, la espera ha valido la espera.





Uno de los puntos más interesantes de esta secuela es su dirección. Desde la primera entrega de la misma en 1979, el australiano George Miller es el que ha llevado la batuta en las entregas del antihéroe austral. Gracias a que el capitán del barco ha sido el mismo ha podido dotar a cada entrega de entidad pero dentro de una misma lógica cinematográfica.
Sin embargo, el trasladar las aventuras – o más bien desventuras- de Max al nuevo siglo era bastante complicado, más aun viendo que las últimas cintas de Miller eran la dupla de “Happy Feet”, que sin ser películas malas distaban mucho del salvaje universo australiano donde se encuadra el mundo post apocalíptico de Mad Max. Pero el que es bueno, es bueno y Miller nos ha regalado una cinta llena de referencias a la saga –ese Interceptor que aparece de vez en cuando- y al cine Ozplotation en generla – ese desierto que se torna un personaje más o esos automóviles sacados de “Los coches que devoraron París” de Peter Weir-

Tras la dirección, otro de los aspectos que ha hecho correr ríos de tinta ha sido el relevo en cuanto al papel de Max. Es cierto que Mel Gibson ya está bastante abuelete para ir montado en el Interceptor y que no cante. Y este Tom Hardy me parece una muy buena elección, ya que aunque el actor  no tenga mucho dialogo tiene una presencia más que imponente; como ya se pudo ver en varias cintas como “Bronson” o “Warrior”.
Y sin salir del apartado actoral tenemos otro de los puntos a favor en esta cinta: A Max se le ha puesto a un compañero de altura. O compañera en este caso, Charlize Theron como Imperator Furiosa, que se come la pantalla cada vez que aparece.  La relación entre ambos me recuerda un poco a la de Jack Burton y Wang Chi en “Golpe en la pequeña china” en tanto en cuanto desde trailers y posters nos parecen vender que Max –en este caso Tom Hardy- es el héroe y el que va a dar ostias como panes. Pero en la realidad, aunque suelta alguna que otra, la que corta el bacalao es Imperator Furiosa. Aunque esta situación, en vez de ser un lastre para la película, ocurre lo mismo que en la mencionada cinta de Carpenter, le otorga humanidad al personaje de Max y aunque no tenga más que una docena de frases le cogemos cariño y empatía.


Y junto a estos dos tenemos todo un plantel de secundarios que están ciertamente acertados.
Por un lado tenemos a las concubinas del malo de turno. Que son un grupo de chavalas a cuál más atractiva, que aunque en primera instancia parecerán damiselas en apuros demostrarán que si hay que usar una pistola tampoco son mancas. Junto a estas tenemos a Nicholas Hoult como Nux, que en principio será uno de los secuaces del malvado Immortan Joe pero que con el devenir de los acontecimientos –forma fina de decir que se enchocha- se cambiará de bando.
Y desde el bando de los malvados de la función –porque en esta peli los malos son muy malos, los buenos son muy buenos y luego tenemos a Max al cuál se la bufa todo- tenemos a Hugh Keays-Byrne como Immortan Joe, el líder de la secta que captura a Max al principio del film. Como dato, este actor fue el mismo que interpretó a Toecutter, la némesis de Max en la primera entrega. Y otro al cual destacaría sería el gigante Nathan Jones, como el lugarteniente Rictus Erectus –si, los nombres son un poco cuñaos, pero se lo dejamos pasar-.




Pero dejemos de lado la interpretación y volvamos a la dirección. Miller ha vuelto a lo grande a la acción. Todos nos acordamos de la persecución de “Mad Max 2: El guerrero de la carretera”, pues imaginaos lo mismo pero expandido, con mucho más presupuesto y más experiencia. Y lo que es más de agradecer, en vez de irse a lo rápido y llenar todo de CGI, Miller ha querido hacer la mayoría de las escenas a lo old school con dobles, coches reforzados  y mucha imaginación. Si este año le dieron el Oscar al manazas de Iñarritu por hacer una coreografía entre actores que andan en “Birdman”, sería de recibo que el australiano estuviera como mínimo nominado por realizar una coreografía entre una docena de actores y 500 automóviles mientras vemos lanzallamas, bombas, o un guitarrista con mono en un arnés…


En definitiva, una película acontecimiento. De esas que hay que ir al cine a verla si o si, con el sonido más atronador y la pantalla más grande. No te pongas a ver los fallos del guión –porque alguno que otro asoma- y disfruta con la persecución mejor filmada de la historia del cine. Porque acabarás saliendo del cine haciéndote la misma pregunta que le dijo un Robert Rodriguez culiroto a George Miller al terminar de ver la cinta: ¿Cómo narices has podido rodado esto?.

"Asterix. La residencia de los dioses" (2014) de Louis CLichy y Alexandre Astier.





Que si, lo sé, “Vengadores: La era de Ultrón” se estrena hoy. Que si, que todo el mundo dice que es la leche. No digo lo contrario, pero lo primero es lo primero y antes que Stan Lee y Jack Kirby en mi casa tienen cabida preferente Goscinny y Uderzo. Y es por eso que hoy os traigo una pequeña review sobre la nueva peli de animación de Asterix y sus vecinos.


Para comenzar, resaltar que me pareció extraño cuanto menos el hecho que decidieran adaptar un álbum un tanto sosete como “La residencia de los dioses”, cuando existen algunos que darían para una gran peli de aventuras como “Asterix y los godos” o “El escudo arverno” solo por poner un par de ejemplos. Así que, primer apunte, si esperáis una cinta en la cual Obelix y Asterix van visitando parajes ajenos –“Asterix en Bretaña”- o emprenden una aventura a lo Indiana Jones –“Asterix en América”- ya podéis iros olvidándoos. La historia sucede en el pueblecito y aledaños. No obstante esto no es un obstáculo para tener algunas buenas escenas de acción y persecución es bien llevadas.
El segundo punto a resaltar sería el hecho que estamos ante una cinta de animación. Ante el resultado mediocre de algunas de las cintas de acción real –sobretodo “Asterix en los Juegos Olímpicos”- se ha decidido realizar una cinta de animación 3D. Algo muy en la tónica de lo que ha ocurrido con “Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo”, aunque en términos globales la cinta basada en los personajes de Ibañez gana la partida.




El argumento es tal que así: Julio Cesar está hasta las narices de que todos sus ataques contra la aldea de los irreductibles galos sean repelidos. Así que piensa una nueva artimaña: En vez de destruirlos, tratará de asimilarlos. Por eso crea un complejo vacacional –muy parecido a Marina D´Or- en el bosque cercano a la aldea y lo llenará de civiles romanos para que de esta manera la cultura de la metrópoli se junte con la de los galos y, que por una suerte de Síndrome de Estocolmo cultural estos se transformen también en romanos.

Ciertamente es un argumento que podría tirar para atrás a aquellos con niños pequeños a los cuales entretener. Pero que estos padres, tíos etc no se asusten, ya que la película tiene las suficientes caídas, mamporros y personajes simpáticos para que los niños disfruten. Y, que narices los mayores también porque, una leche bien dada por parte de Obelix siempre levanta la moral.

El hecho que estemos ante una cinta de animación ayuda a la hora de crear escenas de acción ciertamente elaboradas –como por ejemplo la escena del asalto al complejo- que sin duda en acción real habría dado muchos quebraderos de cabeza para queda verosímil. Además, mencionar que los escenarios y paisajes pintan genial, parece que estés allí mismo. En cuanto a la fluidez en la animación, no tiene nada que envidiar a sus amigos norteamericanos; aunque es cierto que agolpan menos elementos en pantalla que las cintas de Pixar. El pero lo pondría en las animaciones faciales. Es cierto que conservan muy bien el aspecto del comic no tratando en ningún momento de hacer una animación realista, pero en algunos primeros planos se observa cierta deficiencia a la hora de animar bocas y ojos… Una pena, pero para suerte nuestra son pocas las escenas intimistas ya que estamos ante una cinta donde los planos generales son la tónica general, queriendo mostrarnos un cine-espectáculo cercano a los péplum con Charlton Heston: Mucho circo, muchos grandes angulares, gladiadores y leches a cascoporro.




Una de las cosas que peor le han venido a esta cinta –aunque para nada es culpa suya y tan solo es algo inherente al panorama nacional- ha sido el estreno hace pocos meses de la ya mencionada cinta de “Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo”.  La cinta de Fesser nos ofrecía una película frenética, casi anárquica, dinámica y alocada. Si vamos buscando lo mismo en esta nueva cinta del guerrero galo nos vamos a dar un pal,o ya que no aboga tanto por la locura narrativa como por ofrecernos una cinta de animación un tanto más clásica; con unos malos definidos, una trama bastante recta y un humor más políticamente correcto. Aún y todo, los directores Louis Clichy y Alexandre Astier se las ingenian para ofrecernos un relato divertido e inteligente, que toca temas tan actuales como las desigualdades sociales, la especulación inmobiliaria, el expolio de la naturaleza o el capitalismo feroz.


En resumidas cuentas, una cinta de animación que nos ofrece al mejor Asterix –aunque no llegue a las cotas sobresalientes de “Las doce pruebas de Asterix”- . Ideal para aquellos padres que quieran llevar a sus chavales al cine, pero que no quieran tirarse dos horas y media dentro de la sala.

"Digging up the marrow" (2014) de Adam Green.




Nada mejor para volver de las vacaciones de Semana Santa que merendarse un found footage y compartirlo con todos vosotros. En el día de hoy os traigo uno de los que podríamos catalogar como enteramente disfrutable.  “Digging Up the Marrow” de Adam Green


La película nos situa junto al director Adam Green, un tio simpaticón que nos ha ofrecido películas de género bastante divertidas, como la trilogía de “Hatchet”  o la más que estimable “Frozen” –no confundir con la de Disney… Aunque una revisión de Adam Green de la misma no estaría nada mal-.  El interfecto en cuestión está realizando un documental sobre su día a día y la preparación de futuros proyectos, para lo que no duda en hacer cierto autobombo de su serie “Holliston”. Lo que parece ser más un diario de producción que otra cosa, se gira completamente con la aparición en escena de William Dekker. Aquí es donde  para seguirle el juego a Green debemos introducirnos en lo que se conoce como suspensión de la realidad ya que Dekker está interpretado  de manera muy acertada por Ray Wise. Este Dekker contacta con Green contándole que en ciertos lugares del país hay puertas que llevan a ciudades infestadas por monstruos –cosa que puede recordarnos al “Cabal” de Clive Barker-. Y Green no puede aguantarse y va a encontrarse con Dekker, por supuesto granbándolo todo para regocijo del respetable.



Lo primero que debería resaltar del film son sus ganas de contar la historia. El amor a lo que se hace exuda por los cuatro costados. En los primeros compases se nos muestra a Adam Green como  un entusiasta de lo que hace. Y no hay nada que dé más buen rollo que alguien disfrutando con su trabajo. Puede que la historia comience a hacer aguas a partir de los cincuenta minutos, pero da lo mismo, Adam Green respira cine y esto le da alas a toda la cinta.

No puede tampoco dejar de nombrar la actuación de Ray Wise. Este señor con una cara de loco tan particular, da vida al mentado Dekker. Un tipo en apariencia bastante zumbado, pero que tratará de convencer al cineasta que de noche los monstruos aparecen.




No obstante, esta película tiene un pero muy grande. Este es su final. Como en muchos de los found footage que empiezan bastante bien y mantienen el tipo durante los primeros 50 minutos, vuelve a quedar en evidencia el hecho que los 90 minutos standard son en la mayoría de los casos demasiado largos para este tipo de films. Y esté “Diggin up the marrow” no es una excepción. Con 60-70 minutos sería un producto muy bueno, pero los últimos 20 minutos y el hecho de querer cerrar la historia por parte de Green dejan la película un pelín falta de lustre.


En definitiva, una película muy simpática que a buen seguro no defraudará a los aficionados al género –ya sea found footage o mockumentary- o a Ray Wise, que seguro existen varios. Subíos a la moto que nos ofrece Adam Green, aunque haya algún bache el camino es disfrutable.

"La teoría del todo" (2014) de James Marsh.



Todos en pie, ya que estamos sin lugar a dudas y sin miedo a que me tiren piedras, ante la mejor actuación masculina protagonista de la década. Lo de Eddie Redmayne no tiene nombre, podríamos llamarlo genialidad pero ponerle cualquier epíteto sería quedarse corto ante tanto derroche de talento.

El trabajo del actor inglés era complicado desde un principio y a varios niveles. En el primero está el problema de estar ante un biopic. Esta última época de premios y festivales hemos tenido grandes actuaciones –reconocidas o no- en películas basadas en personalidades ilustres como en el caso de “Selma” o “The imitation game”. Y aunque tanto Cumberbatch como Oyelowo hacen grandísimos trabajos –más el segundo que el primero en mi opinión-, Redmayne los supera con creces.

En el segundo nivel tendríamos el hecho que es una película con enfermedad. Un nivel que podríamos ejemplificar con los trabajos de Dustin Hoffman en “Rainman” o Tom Hanks en “Philadephia”. Pero el gran punto a favor del film sobre la vida de Stepehn Hawking es su elegancia y los matices. Con la ayuda del director James Marsh, Eddie Redmayne comienza sugiriéndonos que algo extraño pasa. No nos lo muestra en primer plano cebándose en lo morboso, y hasta la escena en que Hawking se cae de bruces tan solo hemos atisbado algún tobillo flojo casi fuera de plano o unos dedos algo inseguros a la hora de sujetar un trozo de tiza.

En el tercer nivel, estaría el nivel de la excelencia. Cierto es que esta película no es solo trabajo de Redmayne, ya que la labor tanto de guionista como director es clave. Uno de los temores de Redmayne a la hora de crear al personaje era ser una caricatura del mismo, casi un spoof del propio Hawking. Pero en un esfuerzo titánico hace que por un lado tengamos lastima de Hawking y su familia, pero por otro lado nos muestran su carismática y apabullante personalidad. Él es el protagonista, no a su pesar, si no porque ese es su destino.




Pero como he dicho antes, no pongamos todas las medallas a Eddie Redmayne. Actoralmente está escudado por una Felicity Jones que parece que nació para el papel. Puede que la elección fácil de casting hubiera sido escoger a Keira Knightley, pero hubiéramos tenido una Jane parlanchina y con mohines. No nos engañemos, por mucho que me guste la Knightey, desde 2005 viene interpretando remedos de su genial Elizabeth Bennet de “Orgullo y prejuicio”, cosa que no pega ni con cola con la personalidad de Jane Hawking. Sin embargo, Felicity Jones ofrece otro rostro, el de la esposa presente y a la vez ausente, que ama a su familia pero que al mismo tiempo anhela esa libertad que dicho amor le impide obtener. Un personaje suave y áspero, con luces pero también muchas sombras, simple y elegante, que le reportaron un buen montón de premios y nominaciones. Hacedle sitio, que la chica ha venido para quedarse.


En cuanto a la silla del director, James  Marsh realiza una increíble labor de cuentacuentos yendo de un lugar a otro, de un tiempo a otro más alejado sin que le tiemble el pulso. Aunque si es cierto decir que el director de “Man on wire” se mueve con más soltura, irónicamente, en las escenas de corte intimistas que en aquellas ambientadas en espacios abiertos.


En definitiva, un película de las que hay que ver. Un canto a la vida y a que los árboles no te impidan ver el bosque. Quitaos los prejuicios, no estamos ante un dramón estamos ante un gran biopic con bastantes golpes de humor y el Oscar más merecido en años.

"Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films" (2014) de Mark Hartley.



Esta es la historia de dos locos primos israelíes (aunque a decir verdad uno más que otro) que tan solo querían hacer películas como las de Hollywood pero al margen de los estudios. Tenían todo para conseguirlo: ganas, contactos, dinero, visión… Pero solo había una cosa que les faltaba: Talento.
A grandes rasgos, este es el argumento de este esperadísimo documental. Podríamos decir que el más esperado de la década junto al “Jodorowsky´s Dune”.  Un documental hecho desde el cariño a este tipo de películas de serie B. Esas películas que se les puede poner el resobadísimo epíteto de malas pero divertidas, pero que en esta ocasión le queda como un guante.
El documental nos cuenta en orden cronológico las aventuras de Menahem Golan y Yoram Globus, como petaron el mercado israelí con “Polo de limón” de Boaz Davidson y su posterior aventura americana – que podríamos titular “Vente a USA Menahem”- lleno de subidas y bajadas como si del Dragon Khan se tratara.


Detrás de esta cinta está un señor llamado Mark Hartley, curtido en otros documentales que bucean en las cloacas del género como  “Not quite Hollywood: The wild, untold story of Ozploitation” o “Machete maidens unleashed!”. Es decir, no estamos ante un advenedizo, si no ante la persona idónea para acercarse al universo Cannon con cierto bagaje y con el callo suficiente para separar el grano de la paja y conseguir un documental equilibrado y sobretodo divertido.
Uno de los puntos a favor del documental es el hecho que aunque muchas veces la nostalgia haga acto de presencia, no todo el rato se tiene la lengua en el ano de Golan y Globus. Si el entrevistado en cuestión no tiene buen recuerdo, pues se dice. Si se piensa que eran unos explotadores, pues se dice. Y si reniegas de una película y quieres quemar ante la cámara la única copia que tienes de la misma, pues que narices, se hace.
Lo cierto es que el documental tiene su mejor virtud en que no es tanto una crónica de lo que sucedía sino que un anecdotario. Aunque siga cierto orden cronológico salvo excepciones, cuando se llega a una película se cuentan algunas anécdotas y chascarrillos sin necesidad de saber mucho del argumento. Gracias a estos chismes sabremos de los ardides y el talento no cinematográfico de Golan y Globus para vender una película solo con un poster, de la jeta que tenían para poner tetas sin ton ni son o de lo bonicos que eran al creer que Brooke Shields iba a ganar el OSCAR por “Sahara”.



Entre los contras que podrías sacar al tema estarían en primer lugar la ausencia de una entrevista a Ana Obregón cuando hablan de “Bolero” y el hecho que al haber demasiado que contar y debiéndose centrar en el formato de largometraje; Hartley entra muy pronto al trapo. Y en verdad, si no tienes cierto bagaje sobre el tema Cannon es fácil perderse y no disfrutar con la experiencia. Quizás hubiera sido más interesante tratar el tema como una serie por capítulos, al estilo “Monty Python la versión de los abogados”, pero no vamos a ponernos exquisitos a estas alturas de la vida. ¿Cómo te puedes quejar después de ver a Golan meter a su hijo recién nacido en un canastillo dentro de un carro tirado por caballos porque necesitaban un bebe en cámara y no había pasta? ¿Cómo puedes renegar tras ver las artimañas que hicieron para completar el casting de la saga Ninja? Y ¿Cómo podrías decir algo malo de estos dos después del discursito de Franco Zeffirelli?


En definitiva, una película para los que amamos el cine. Para aquellos que disfrutamos con cualquier película que nos emocione aunque el resto del mundo diga que es una basura. Para aquellos que nos frotamos las manos con los ninjas de colores. Para aquellos que nos la metieron doblada en el videoclub del barrio. Para aquellos que pensamos que “Delta Force” es la mejor película de aviones de la historia. Para los que pensamos que un concurso de pulsos es argumento suficiente para una peli. Y sobretodo, para aquellos que pensamos que Electric Boogaloo es el nombre más fardón que puedas imaginar para una peli.

"Selma" (2014) de Ava DuVernay-




¿Qué tienen en común las siguientes películas?: “Monster”,  “Yo soy Sam”, “Las cosas que nunca mueren” y “Selma”: Que son películas mediocres que contienen excelentes actuaciones de sus principales intérpretes, algunos incluso galardonados con un Oscar y otros premios importantes.
El pilar básico del film que nos toca hoy es David Oyelowo, que a muchos os sonara por ser el astronauta negro de “Interstellar”. Este “Selma” lo pondrá definitivamente en el mapa actoral norteamericano, ya que no interpreta a Martin Luther King, si no que parece que el propio King haya vuelto a la vida.  Tiene el físico, el tono y timbre, incluso la fuerza en sus discursos. En definitiva, una verdadera injusticia que no esté nominado para los Premios de la Academia.



Pero quitando al actor protagonista la película se queda bastante coja, plana e incluso simple. Lo que podría haber sido un biopic a lo grande, contando desde que King iniciaba su campaña anti segregacionista en los cincuenta hasta su asesinato en Menphis, se torna en una película que narra tan solo un conflicto: los hechos acaecidos en el pueblo de Selma, sdonde la segregación estaba a la orden del día.  Y si no somos muy conocedores del tema es posible que estemos bastante perdidos al principio, ya que la mayoría de personajes y situaciones que se nombran se dan por conocidas. Así que no esperéis escuchar el I have a dream, ya que este acontecimiento es anterior a los hechos de Selma. Una lástima, ya que esta escena con todo el esfuerzo que pone Oyelowo le hubiera reportado el Oscar, sin duda.
Aún y su simplista dirección, llevada a cabo por Ava DuVernay,  y su guión –escrito por el novato Paul Webb- tan poco trabajado, la película nos brinda alguna que otra escena digna de mención: como la sentada enfrente del ayuntamiento o todo lo que tiene que ver con cruzar el puente y los intentos de marcha a la población de Montgomery.





Junto a esto, también destacar a los secundarios –pero no tanto por sus papeles como por las actuaciones en si-. Sobretodo llama la atención como dos actores ingleses como Tom WIlkinson y Tim Roth clavan los acentos de dos americanos de puro cepa como el Presidente Lyndon  B. Johnson y George Wallace respectivamente… Puede que finalmente la película tenga más puntos a favor de los que percibí al principio.

En definitiva, una biopic más. No tiene lo necesario para que su recuerdo sea duradero, más allá de su actuación principal. Pero que tampoco tiene nada lo suficientemente malo para que sea menospreciado. Si te gusta el tema adelante, no te arrepentirás.