"Creep" (2014) de Patrick Brice.


Aún y el título homónimo no estamos ante la película protagonizada por Franka Potente y dirigida por el británico Christopher Smith en 2004 (muy recomendable por otra parte), si no de una cinta estrenada este mismo año y dirigida por el semi-novato Patrick Brice.

El film usa la técnica found footage para crear una cinta de suspense minimalista en la cual tendremos durante gran parte del metraje a tan solo dos personajes. Puede que así de pronto, suene a algo visto mil veces. Y aunque es cierto que no nos ofrece muchas novedades, no le cerréis la puerta tan rápido a la cinta que os traigo.
Regresando rápidamente al argumento, la película empieza siguiendo a un tío que ha sido contratado por un segundo para filmarlo en su casa de las montañas. En teoría este hombre sufre un cáncer terminal y quiere filmar un videodiarío para su hijo no-nato en caso de que él no supere dicho cáncer. Pero como bien sabemos, las cosas no son siempre lo que parecen a simple vista.



Lo primero que nos hace levantar la ceja es su protagonista. El señor que quiere hacer el videodiario no es otro que el actor Mark Duplass (encargado también del guión junto al director). Puede que de primeras no te diga nada, pero si digo la palabra mumblecore… ¿Tampoco? Pues son esas cintas de corte independientes que pretenden ser comedias, pero que pocas veces consiguen sacarte más que una sonrisa y se caracterizan por personajes que no declaman, si no que balbucean –vamos, como Mario Casas-.  Pues este señor es como el Tom Cruise del subgénero.
En la cinta de hoy el señor Duplass, se marca una buena actuación, pareciendo un personaje que parece sacado de películas suyas como “The one I love” o “Humpday”, un pobre diablo solitario que hará todo lo posible para que el camarógrafo no lo deje al final del día. Además, todo un acierto por parte de la dupla de guionistas el querer crear un personaje franquicia en un subgénero como es el terror found footage. Porque si, como si fueran James Cameron, Duplass y Brice han anunciado que tendremos trilogía de “Creep”… A ver que tal se les da.

Otro punto a favor es su tono. Es cierto que estamos ante una cinta de suspense de libro, con un personaje misterioso del que poco a poco vamos descubriendo secretos cada vez más turbios. Pero ciertamente nos veremos desubicados más de una vez al escapársenos alguna risilla debido al tono patetista cercano a las cintas de Jared Hess –otra estrella del mumblecore- que tienen algunas secuencias.







En definitiva, una cinta que no entusiasmará al espectador medio, pero si eres de los que gusta de un found footage con cierto sentido narrativo y quieres presenciar una pequeña vuelta de tuerca al estilo de metraje encontrado, sin duda este “Creep” se te tornará un plato de buen gusto.

"Turbo Kid" (2015) de François Simard, Anouk Whissell y Yoan-Karl Whissel



Según la Real Academia Española de la Lengua, cuñado es aquella persona que es hermano del cónyuge o cónyuge del hermano. Por otro lado los cuñaos cinéfilos –que es los que más nos tocan- son aquellos que son unos pesaos con la última moda de Internet, que solo hablan de las películas de su infancia y que hace una semana te bombardeaban el Facebook con la llegada de Marty McFly, cuando hace un mes “Regreso al futuro” les daba absolutamente lo mismo.
Y junto a los cuñaos cinéfilos, tenemos las películas cuñaas. Son aquellas cintas hechas para satisfacer al cuñao cinéfilo: con sus referencias nostálgico ochenteras, sus chistes de dudoso gusto en los cuales el director quiere darte un codazo de complicidad y sobretodo, una distorsión del cine pasado que a la gente de bien nos repatea.



Con estos mimbres, y tras haber visto “Kung Fury”, el evento cinéfilo cuñao del año, me esperaba que la cinta de hoy fuera una versión hipervitaminada del cortometraje nórdico. Pero no podía estar más equivocado, ya que la cinta de hoy es todo un logro. No es otra que la canadiense “Turbo Kid” de François Simard, Anouk Whissell y Yoan-Karl Whissel, basada en un cortometraje previo perpetrado por esta triada del lejano Canadá.

La cinta nos presenta un futuro apocalíptico donde el suministro del agua es más que escaso, la gente se dedica a rebuscar tesoros en la chatarra y donde hay un tirano que coarta la ya de por si poca libertad de los supervivientes.
Nosotros seguiremos la pista de The Kid, el cuál con la ayuda de un par de compañeros inesperados buscará sobrevivir en este mundo inhóspito, a la vez de completar su vendetta personal.

Como he dicho antes, desde la lontananza este “Turbo Kid” parecía alimento para cuñaos: Ese poster que recordaba al de “Tron”, la aparición de un comic vintage, sangre a chorros por CGI, un actor famoso de los ochenta (ya sabéis, ese vórtice temporal que va desde el “Tiburón” de Spielberg al “Godzilla” de Emmerich), ambientación Mad Max de baratillo, música disco… Pero ¡Ay! Que equivocado estaba. Si en “Kung Fury” todo era una mezcolanza de subgéneros y situaciones que no existían en el cine de esa época –esa memoria adulterada por la nostalgia de las narices-, en esta “Turbo Kid” los canadienses lo han conseguido. Han cogido un buena taza de cine post apocalíptico ( aunque más cercano en mi opinión al “Hardware” de Richard Stanley que a la seminal obra de George Miller), complementada con un cazo de cine con chavales en territorio hostil ( el aroma de “Un muchacho y su perro” se desprende durante gran parte del metraje), unas gotas del humor gamberro de las películas de género nórdicas (véase, “Iron Sky”  o “Dead Snow”)  una cucharada de persecuciones en bicicleta (como si de un “Los bicivoladores” conocen a “1990: Los guerreros del Bronx” se tratase) y coronando el plato un villano tiránico que recuerda en demasía al  Dennis Hopper de “Waterworld”.




Todo esto que podría haber sido un desastre épico, se torna en un disfrutable pastiche gracias a unos creadores que saben de lo que ruedan. No solo han visto un par de pelis ochenteras y para subirse a la ola del revival realizan este film. Son tres personajes que aman el cine de género, que conocen las pelis a las que hacen referencia y lo mejor de todo, saben cómo hacer disfrutar al público.

Junto a una historia simple y conocida, pero rodada con mucho cariño y oficio tenemos a un grupo de actores que  quizás sin destacar mucho, nadie les puede reprochar una falta de carisma.
Como protagonista tenemos a un tal Munro Chambers, que está realmente bien como un pardillo atrapado por unas circunstancias más grandes que el mismo.
Como el arquetipo de antihéroe tenemos a un mandíbula cuadrada como Aaron Jeffery, en un personaje que nos recuerda a esos héroes a su pesar trazados por John Carpenter.
Y como la tercera pata de esta mesa tenemos a Laurence Leboeuf. Esta actriz se come la pantalla cada vez que aparece, con uno de esos personajes que se hacen querer con una gran sonrisa desde el minuto uno. Hay que ir siguiéndole la pista a la chica.
Y como el malvado de la función un señor que no necesita presentación: Michael Ironside. Y, ¿Qué tal hace Michael Ironside de malo? Pues genial, como siempre. Por algo le han contratado.


En definitiva, una divertidísima cinta de acción, que apela a la nostalgia pero sin estarte recordando cada dos segundos que estás viendo un homenaje. ¡Muy bien Canadá¡ ¡Así sí!

"Manual de supervivencia para cinéfagos" de Timi Abad e Ignacio López

Championship Vinyl, Crouch End, Londres. Rob, Barry y Rick no tienen otra cosa  que hacer en esta lluviosa tarde de sábado que hacer listas. Recordad que estamos en 1995, no hay móviles, ni Wifi y la persona que tenía que inventar Facebook todavía estaba en Primaria… No hay otra forma en la cual perder el tiempo. Y ahí tenemos a los tres haciendo listas sobre las mejores caras A de un disco, las mejores películas de todos los tiempos o sus capítulos favoritos de “Cheers”. Para los poco avispados estamos hablando de “Alta Fidelidad” de Nick Hornby. Uno de esos libros que entraría en mi lista de novelas preferidas de todos los tiempos… En el fondo todos tenemos algo de Rob Fleming y compañía dentro de nosotros.

Pero movámonos del Londres noventero al Madrid de los dosmiles, cambiemos a los tres curritos de una tienda de discos por dos estudiantes – Timi Abad e Ignacio López- que asisten a un sinfín de clases aburridas, con mucho tiempo libre y una misma afición. Cambia el escenario, cambian los actores pero el espíritu es el mismo.

Este “Manual de Supervivencia para cinéfagos” al cual nos acercamos hoy es la consumación de algo que viene de dentro de uno (de dos en este caso), es la plasmación de algo que va más allá del me gusta ver pelis, algo más grande que una recopilación de listas realizadas durante tiempos muertos. Es el hijo en formato libro de estos dos cinéfagos de pro. Y esta palabra, que no en vano está en el título del libro, es la clave de todo. Mientras el cinéfilo, o aquel que se autoproclama como tal, se jacta de ve  cine de calidad, el cinéfago es aquel que disfruta con la experiencia cinematográfica. No importa el género. Si está hecho de celuloide es más que suficiente.
Por ello si vas a ver algo con un cinéfilo solo pondrá la última tendencia internacional cultureta, aunque la odie, pero si quedas con un cinéfago te puede sorprender con una doble, triple o incluso cuádruple sesión donde se entremezcle una cinta de luchadores mexicanos, un poliziesco con Franco Nero, un título con ninjas de colores por obra y gracia Godfrey Ho y una de las multiples copias hindúes de “Muñeco Diabólico” de postre.




Si hay algo que distingue a los grandes, y Timi e Ignacio aunque no los conozca en persona sé que lo son, es que saben reconocer y juntarse con sus iguales. Así que aunque Ignacio y Timi se reservan la titánica tarea de dar sentido a todas estas listas, saben delegar a gente con mucho callo y mucho oficio en esto de tratar temas de cine. Entre las plumas tenemos gente como Victor Olid de Aquí Vale Todo, Carlos Palencia de Cinecutre, Jesus Usero de Acción o Alberto Fernández de McFlynoeraungallina, solo por citar a algunos. Un grupo de Vengadores de las listas, donde cada uno utiliza su tono y estilo a la hora de comentar las cintas pero que no desentonan en un libro que se lee con una sonrisa en los labios durante sus casi 250 páginas.

Sin embargo, un aviso para los futuribles lectores. No estamos ante una enumeración de películas sin ton ni son, si no que cada una de las cintas seleccionadas tiene su porque y su explicación. Más que una reseña o crítica larga y concienzuda de cada título, lo que tenemos es una somera descripción de la película. Puede que por un lado te sepa a poco –y más cuando no eres muy ducho en el tema al que hacen referencia en la lista-, pero por otra parte consiguen que se te meta el gusanillo en el cuerpo y que tras la lectura te entren ganas de enfrentarte a títulos tan a priori poco atractivos como “Asesino invisible”, “Teléfono mortal” o “Lake Mungo”.

Es posible que a estas alturas aún no estés convencido. Incluso puede que si te encuentras el libro en una estantería y ves la increíble portada realizada por Elena G. Peñuelas –otra grande- y te fijas en las caricaturas de Jason, Cara de Cuero o incluso de Chtulhu te eche para atrás la idea de que este libro es tan solo para fans del cine del cine de género, fanboys o lo que se conoce en estos días despectivamente como freaks.
Pero nada más lejos de la realidad. Es posible que Timi e Ignacio si se ajusten a los parámetros de fanboy e incluso del freak. Pero su amor por el cine va más allá de encerrarse en su torre de marfil con sus listas a reírse del resto de mortales que no conocen la existencia de una cinta tan cojonuda como “Torso, violencia carnal”. Su objetivo es más filantrópico, quieren compartir estas cintas –previo pago del importe del libro eso sí, que la faena que esta gente ha hecho hay que apoyarla- y azuzar la curiosidad del lector que se acerque al libro. Por ello usan un lenguaje muy llano y cercano para el novato en estas lides, pero que tampoco le parecerá un acercamiento menor a aquel que tenga más callo. No dan nada por sentado, y si se ponen a tratar una cinta tan manida como “Re-animator” de Stuart Gordon, no se les caerán los anillos por realizar un pequeño acercamiento al argumento del film para no perder por el camino a aquel lector que no esté muy familiarizado con el Dr. West y sus experimentos.




En definitiva, un libro que hay que comprarse si o si. Y más aún ahora que la tercera edición –si, has leído bien, tercera edición. Cientos de lectores no pueden estar equivocados-  va a salir a la venta y los pocos fallos que pudimos encontrar en las primeras ediciones –alguna foto no bien elegida o algún dato que bailaba- están completamente corregidos. Una elección perfecta para regalar a aquel amigo o familiar que quiere acercarse al género pero no sabe a que cintas hincarle el diente. Un documento magistral para saciar esa cinefágia que los que amamos el cine tenemos dentro de nosotros y que nos encanta compartir con otros. ¿Tienes hambre? Este “Manual de supervivencia para cinéfagos” de Applehead Team seguro que te dejará más que saciado.
















ESPECIAL VERANO. DÍA 34: "Bosque de muerte" (1993) de Carlos Diaz Ortigoza



Lo acepto, soy un morboso. Tras el despropósito que fue aquella cinta mexicana llamada “Trampa infernal” me armé de valor para acercarme otra vez a esta cinematografía centroamericana. Esta vez con la cinta “Bosque de muerte” con Carlos David Ortigoza.



La cinta comienza con unos tipos que talan árboles ilegalmente. Pero un lugareño les disparará para disuadirlos. Por otro lado, un grupo de chavales van de camino al bosque en su coche. El coche se averiará y se encontrará con el hombre que disparó al principio, que está esperando a la policía para que se lleve a los ladrones de árboles.
Tras la ayuda de este tipo –llamado Jaguar-, el grupo de amigos llegará a la cabaña del bosque. No sé lo que tienen todos los turistas estivales con las cabañas de los bosques. Parece que vamos a estar ante un plagio de “Evil Dead”, pero tras la desaparición de uno de los chavales, el slasher hará acto de presencia. O al menos tratará de hacerlo.

Como rostro más conocido tenemos a Jorge Reynoso. Actor al que podemos ver en cintas de renombre como “Salvador” –la de Oliver Stone-, pero que también se dedica a realizar más de una decena de títulos de serie B al año. Y si indagamos en su filmografía podemos ver hasta una cinta con Pedro Galindo III. Aquí es Jaguar, el hombre que se dedica a proteger los árboles por encima de los hombres.
Junto a este unos cuantos actores y actrices nada conocidos, que se dedican a ser carne de cañón. Y por cierto, a cada cual más feo.

Del director David Ortigoza poco se puede decir. Tras algún trabajillo en series de televisión se encargó de dirigir esta cinta y después poco más ha hecho, o IMDB no le ha dado la gana reseñarlo.

Lo primero que debemos decir al acercarnos a realizar una crítica –por nimia que sea- es tratar su presupuesto casi inexistente. No dispongo de datos, pero puede que estemos hablando de la cinta con menos presupuesto de cuantas llevamos en este Especial Verano. Esto no debería ser problema, pero en vez de disimularlo dejando de lado planos que costaría dinero –cosa que hacen en otra cinta como “Scream Bloody Murder”-, aquí no dejan de mostrar angulares y otra serie de planos que quieren mostrar que se tienen medios, cuando en verdad la cinta se ha hecho con las vueltas del pan.
Y en cuanto a los aspectos técnicos, el sonido es bastante deleznable y los clics y silencios en la banda sonora son insistentes, aunque bien podría ser la copia que he usado. Por otro lado la iluminación es amateur, notándose sobre todo cuando hay luces naturales las cuales hacen que todo el color se sature.



Por lo demás, trata de acercarse a los parámetros del slasher de los que siempre hablo: juventud, personajes con secretos, edredoning… Y el tedio. Hasta el minuto 38 no tenemos el primer atisbo de que algo pasa, y son planos en primera persona de alguien escondido en lo arbustos y que gime. Y hasta los últimos 3 minutos no vemos algo del malo.

Y a partir de ese momento… nada: Gente que desaparece, momentos de no verse nada por la escasa iluminación, tratan de meter una historia de fantasmas con cazador, el sonido empeora haciendo de cada minuto un auténtico sufrimiento… Puede que sí, que finalmente tengamos otra película de castigo entre nosotros.

ESPECIAL VERANO. DÍA 33: "Silly shymphonies. Summer" (1930) de Ub Iwerks.

Para aquellos que siguen religiosamente todo lo que se publica en esta santa casa –que digo yo que algún loco habrá-, recordareis el Especial Navidad en Diciembre. En uno de esos días ya hablé de las llamadas Silly Shymphonies, las sinfonías gilipollicas, que ponían en los cines cuando el mundo era en blanco y negro y Hitler se peinaba con el pelo de punta. Para los que no os acordéis, mardisión gitana.
Sin más miramientos ni subnormalidades, paso a presentar el cortometraje seleccionado para el día de hoy –suena profesional y todo-: “Walt Disney's Silly Symphony: Summer” de Ub Iwerks.

El corto en cuestión, forma parte de una serie ambientada en cada estación del año donde tenemos una coreografía de plantas y animales mientras suena una tonada de fondo. Vamos, lo de siempre en las Silly Symphonies.
En esta como es el Verano vemos a todos los insectos y bichos atareados. Tenemos a unos escarabajos con sus pelotillas, las mariposas liba que te liba, los gusanos saliendo de los capullos… incluso una mariquita un poco toca narices.



En cuanto al maestro de orquesta, no en vano es una sinfonía, es el mencionado Ub Iwerks. Un nombre importantísimo para la animación, ya que fue oficialmente el primer empleado de la Disney, contratado por Walt por ser tanto un dibujante rapidísimo como uno de sus más cercanos amigos.
De sus lápices y cerebro surgieron clásicos de la animación como “Steamboat Willie”, “La cenicienta” o “La leyenda de Sleepy Hollow”. Y sobretodo destacar su contribución a la animación con personajes reales, siendo uno de los pioneros en la utilización del mathé para ello – la pantalla verde de entonces-, siendo encargado de supervisar escenas que aunaban animación con actores en cintas tan importantes como “Los tres caballeros”, “20000 leguas de viaje submarino” o “Los pájaros”.




En definitiva, una tonterieta con mucho encanto. ¿Que queréis que os diga?, a mi estas orquestaciones y bailes tontolines –en su justa medida- los disfruto como un niño pequeño. Así, que si no tenéis prejuicio por los dibujos en blanco y negro: ¡Adelante!.