La Leyenda de Ochi

                 

                 El Mundo Perdido de Ochi

Seis años. Seis. Se dice pronto, pero es la cantidad de tiempo que llevaba sin pasear mi pluma (digital, se entiende) por esta web, uno de los fósiles del internet perdido más destacables. Una página de otra época, de cuando ver documentales de escualos mientras bebías un Dr Pepper no estaba considerado un sacrilegio. A su vez, también llevaba seis años sin intervenir en ella la anterior vez que lo hice, es decir, para “McFly no era un gallina” ahora soy su Pennywise particular, solo que, en lugar de aparecer cada 27 años, lo hago cada seis, y en lugar de para devorar niños, lo hago para generar el contenido que merece el portal que gestiona con mano de hierro el divulgador cinematográfico y futuro documentalista Alberto F. Peláez a.k.a. Misingno.

¿Qué por qué he elegido La Leyenda de Ochi para esta incursión? Buena pregunta, no lo sé, pero el caso es que aquí estamos.

A24 se ha puesto medio tiernecito, como la mantequilla de cacahuete cuando la dejas fuera del freezer, y ha facturado una película de marcado carácter infantil, aunque sin renegar de una serie de elementos clave para poder siempre identificar sin problema su firma. Ese look expresionista, ese carácter cool modernito, ese realismo psicológico sólo para poder parecer más pedante y menos vulgar… Todo está ahí y a la vez no, ya que The Legend of Ochi se presenta tal vez mucho más barroca e imposible que el resto de sus “hermanas de distribuidora”.

Crea su propio imaginario en el que destacan Carpathia, ficticio lugar donde se desarrolla la trama y las criaturas de la raza del ser protagonista, una suerte de resultado de una noche de pasión entre un Gizmo y Grogu (sí, Baby Yoda, sí) que, dicho sea de paso, a ratos se torna super cute y a otros dan ganas de mandarle fuera de Carpathia de un chut. Pero tratándose de cine infantil de ínfulas épicas, no podía olvidar sus orígenes en los ochenta, rindiendo tributo a varios títulos de la época, siendo las reminiscencias más claras a E.T.


Una de las mayores diversiones del filme sin duda es su cast. Y no lo digo solo por el siempre impecable Willem Dafoe o por la presencia del actor trendie Finn Wolfhard o por la interpretación desquiciada de la protagonista, la sorprendente Helena Zengel, sino por el crisol de personajes tan estrafalario que termina convergiendo en pantalla. Es bien marcado desde el libreto donde estos personajes se forjan y, aunque resultaría todo un desafío creértelos, no supone un problema dado el marcado tono mágico y casi onírico de la película.

En algún momento, más allá de la mitad de la película, parece perder el rumbo y estancarse en subtramas que no parecen hacer avanzar el eje central o llevar a nada en concreto, pero el final de nuevo remonta y termina respetando el género.

En resumidas cuentas, una fábula folk de agradable visionado donde lo artesanal de su propuesta se da la mano con la marcada impronta de su calidad visual.

Pd: Adoro la secuencia del supermercado.

Nos vemos en 2032, McFlys. 





Return to Silent Hill (2026) de Christophe Gans

 

No sé qué tienen tus ojitos que me vuelven loco

¡Bienvenidos a Silent Hill!

Tras esa pipa sin sal llamada Silent Hill Revelation 3D de 2012, hacía unos 14 años que los espectadores no volvíamos al pueblo bajo la colina silenciosa, y no fue hasta la revitalización de la marca en los videojuegos, la cual vive una segunda juventud tras la buena recepción de Silent Hill f y sobre todo el exitoso remake de la segunda parte, cuando a la par se decidió apostar por el lanzamiento de este reinicio que usa de base la citada segunda entrega de la saga. Recuperando para la ocasión al francés Christophe Gans, cineasta que con buen tino llevó a buen puerto la primera adaptación (ahora se dice eso, en su época le llovieron palos, pero nadie se acuerda porque llegó Revelations), y acompañado de William Josef Schneider (El cuervo de 2024) y de Sandra Vo-Anh (La Bella y la Bestia de 2014) al guion, además de tener la sublime partitura original de Akira Yamaoka, la pregunta es clara: ¿Return to Silent Hill es la debacle que la crítica dice que es?  

Bueno, os contesto ya con un sí pero no. 

 
Hay que pasar el cristasol, James


James, un pintor que malvive dentro de su obsesión por Mary, su expareja a quien años atrás abandonó tras descubrir cosas de su pasado que afectaron su relación hasta romperla. Al volver a su apartamento de una de sus borracheras nocturnas, descubre en el suelo una carta de Mary en la que le insta volver a su lugar especial, al sitio donde fueron felices una vez, al sitio donde la dejó. Volver a Silent Hill. 

La cosa no pintaba del todo bien para esta continuación-pero-no de la película de 2006 incluso antes de su estreno, ya que se terminó de rodar a principios del 2024, alargándose su post producción por diversos problemas, entre los que menciona la problemática de sus efectos especiales, una recepción terrible del tráiler y a que Konami, empresa (ir)responsable, quería sacar antes los juegos para cimentar la fan base. Sea seguramente uno de los muchos errores que arrastra la empresa nipona a lo largo de su historial de cagadas - no olvidemos que son los mismos que casi se cargan la IP de Silent Hill con el remaster, por no hablar de su "tensa" relación con Kojima -, la realidad es que el resultado final ha supuesto por una nimidad la vuelta a mirar con suspicacia a las adaptaciones de videojuegos a imagen real. 

¿El problema aquí? Sin entrar mucho en detalles, decir que el guion escrito a tres por Schenneider, Vo-Anh y Gans es más una reimaginación de la segunda entrega, donde se clava esa búsqueda de Mary por parte de James por las mismas calles, localizaciones, situaciones - aunque con variaciones, como es el primer encuentro con Cabeza Pirámide o la identidad de algunos personajes - y la atmósfera opresiva que ya vivimos en 2001, a las que se le han añadido una mezcolanza de conceptos del primer juego, como es el culto del pueblo, aquí representado como un sosias de la logia de La semilla del diablo, o la división del alma humana en diferentes personalidades. Comprendo que muchos de aquellos que la han visto, esperaban una traslación a imagen de una historia perfecta (que lo es), pero por mi parte decir que no me ha supuesto ningún problema; aquí tenemos una adaptación del material original, al igual que fue la de 2006 del primer juego y que Gans realizaba prácticamente la misma jugada, y hay que aceptar que para eso tenemos los (2) juegos. 

Sale poco, pero vaya si se luce

Ojo, con esto no digo que sea perfecta. Y es que Return to Silent Hill, pese a tener momentos emocionantes - el inicio en el baño es puro delirio fan - aqueja varios problemas de ritmo en su tramo tramo final, los intérpretes, pese hacen lo que pueden, están muy perdidos, por no hablar de algunas decisiones que, si bien creo que muchas escenas se quedaron en la sala de montaje, hacen que personajes secundarios hagan acto de presencia para luego no salir nunca más, como son los casos de Eddie, María, Ángela o incluso el propio Cabeza de Pirámide. Por cierto, decir de este último que su diseño y del resto de fauna local es el que mejor ha sabido trasladar la fauna del pueblo maldito, y eso que se le nota a la legua la falta de presupuesto. 

En resumidas cuentas, Return to Silent Hill, si bien no alcanza la maestría de su homólogo videojueguil, sí que tiene numerosos puntos para tenerlo en estima. Se ve que los mayores problemas no han sido cosa de Gans y me gustará que en un futuro vuelva a pisar las cenizas del pueblo que un día se quedó en silencio.



Al menos esta vez no está en Arial Black

Luger (2025) de Bruno Martín

 

Menú del día en el polígono

Acción, risas, costumbismo y muchas hostias.

Dos amigos se ganan la vida como chicos para todo para una amoral abogada, la cual les encarga el recuperar el coche de un cliente con mucho que ocultar. Lo que a priori parece un trabajo fácil, entrar y salir del polígono más grande Europa, irá complicándose dentro de una escalada de violencia donde los malentendidos con mafiosos de la zona, las rencillas del pasado y una pistola alemana de la Segunda Guerra Mundial tendrán mucho que decir. ¿Entrar y salir? Las narices.

Sus voy a crugir
Luger sigue la estela marcada por Kike Narcea en su Os reviento (2023), es decir, un tipo de cine donde el frenesí de la acción cruda y sin concesiones de ningún tipo se daba la mano con el costumbrismo tan nuestro, y que en una escena los protagonistas se podían pedir unos callos para acto seguido prepararse un infierno materializado en una set piece donde recibe hasta el apuntador. Cierto es también, que Bruno Martín y Santiago Taboada, los guionistas de la criatura, saben alejarse sabiamente del festival de hostiejas y de la experiencia lisérgica del Juanma Bajo Ulloa de Airbag (otro referente), para darnos una película donde también abundan los momentos reflexivos donde hacen evolucionar la trama en unas piruetas argumentales que nunca dejan de sorpenderte. Porque si algo hace y muy bien Luger es que juega tan bien sus cartas que en ningún momento sabes si todos, incluso los dos protagonistas, saldrán de ese polígono, más bien los círculos del infierno donde expiar sus pecados, con todas las piezas en su sitio.

¡La caja! ¡La caja!

También es cierto que hay un sentido del humor a lo largo del metraje sustentado en las interacciones de los personajes, aunque este en ningún momento abusa del chiste fácil o de la coña bervenera, todo lo contrario, se utiliza tanto para alivio ante tanta crudeza como para crear un nexo de unión entre unos personajes en apariencia extremos y nosotros como espectadores. Por cierto, hablando de los intérpretes, aplaudir la intepretación de David Sainz y Mario Mayo quienes derrochan química por los cuatro costados tanto cuando comparten pantalla como cuando están por separado, como es la escena donde Toni, el personaje de Mayo, es torturado por los antagonistas, mostrándole una vulnerabilidad que choca con la fachada de tipo duro que mostraba al principio. ¡Incluso tienen un momento de "salva el gato"! Del resto de intérpretes destacar a Ana Turpin como la abogada de moral variable y Ramiro Alonso que encarna al antagonista con una maldad digna de un mafioso napolitano. 

En resumidas cuentas, Luger es una rara avis dentro de una cinematografía como es la española, la cual ya empieza a estar acomodado dentro de una manera de hacer cine, cuando hay muchas más y es posible hacerlo de manera sobresaliente, siendo el ejemplo esta película.

Venga, una paradita y a seguir

Ricón Misingno: Las dos vidas de Audrey Ross (1977) de Robert Wise


 Una casi olvidada pero muy actual película de "posesiones".


Comprender el boom que hubo en el cine de género durante los años cincuenta, sesenta y setenta, sería una tarea imposible sin fijar la mirada en el director estadounidense Robert Wise, quien, además de atreverse con todos los géneros habidos y por haber - suyos son títulos tan representativos como Ultimátum a la Tierra, West Side Story, Sonrisas y lágrimas o Star Trek: la película - cultivó una dilatada carrera dentro del terror de estudio. No en vano, su estreno en el largometraje fue con la codirección de la secuela La venganza de la mujer pantera, continuando con la adaptación de El ladrón de cuerpos con la dupla Karloff - Lugosi y así ir sumando títulos (The Haunting) y más títulos (La amenaza de Andrómeda) clave hasta llegar la que supuso su último acercamiento al terror como es esta Las dos vidas de Audrey Rose

Una joven llamada Ivy tiene una serie de pesadillas donde muere en un accidente de tráfico junto a una mujer, pero la chica que ve en el reflejo no es ella, sino otra joven. Este hecho desata las sospechas de un viudo quien años atrás perdió a su familia en un (sí) accidente coche, creyendo que el alma de su hija, Audrey Rose, entró en el cuerpo de Ivy en el momento de su muerte.


Aunque en un primer momento, y seguramente sea así, parece que estemos ante una repetición de la jugada/explotación de El exorcista por parte de United Artist - a fin de cuentas, la rentabilidad de estas explotaciones estaban al alza, ya que La profecía fue un revienta taquillas bien valorado por la crítica tan solo unos años antes - los cuales compraron los derechos de la novela homónima de Frank De Felitta, quien además de escribir el guion es uno de los productores, poniendo a un director de prestigio, Wise, al frente de la dirección manejando un presupuesto muy ajustado de unos cuatro millones de dólares de la época. 
La verdad sea dicha, a los de United Artist el intentar emular a Warner les salió regular; el público no entró en una propuesta de terror que se alejaba de lo que se llevaba ahora, uno más directo, en pro de la construcción de un terror atmosférico que parecía de muchos años atrás (y que muchos estaban en aquella época con la vista fijada en La Guerra de las Galaxias) y la crítica, pese a que gustó en general, al igual que el público la acogieron con tibieza en la que destacaban esa lentitud para la creación de atmósfera, y que curiosamente hace unos años era lo que se llevaba. Si es que al final todo vuelve. 


Es cierto que la película avanza lentamente, centrando el foco en la parte científica
que también tenía la película de Friedkin y que años más tardes veríamos en El ente, pasando a explosiones de terror directas como son las pesadillas, realmente visiones, de Ivy, algo que hace cundir el temor entre sus padres, quienes no entienden lo que está ocurriendo en un primer momento, mermando su relación, para luego entrar dentro de un conflicto durante la aparición del padre de Aubrey. Ese momento, en medio de una de esas visiones donde el hombre, sin mostrar dudas, calma a la muchacha como si fuese su padre, marcando el punto culminante de ese cambio con esa pérdida de la esencia de Ivy y el paso a una Aubrey que va tomando el control, trasmutada en forma de las quemaduras que sufrió en el accidente, hasta tener que alejarla del Sr. Rose y finalmente un juicio, marcando con esto el devenir de los acontecimientos. Y es que lo mejor que hace la película es conseguir contagiarnos esa ambigüedad al mostrarnos la reencarnación como algo que puede - las escenas de las quemaduras - y no puede ser - los números no cuadran -, haciéndonos sentir ese mismo miedo a lo desconocido que tienen los padres de Ivy, viendo al Sr. Rose como una amenaza hacia el desconocido que, más que ayudar, intenta alejarles de su hija. Una temática muy actual, ¿no creéis? 


Destacan en el reparto, como la padres de Ivy encontramos a Marsha Mason, quien ese mismo año protagonizó (con nominación al Oscar) ese películón llamado La chica del Adiós, y un John Beck recién salido de rodar con Peckinpah. Anthony Hopkins, bueno, digamos que aquí está muy comedido para el nervio que demostraría unos años después. Decir de Wise, que el buen hombre debía creer mucho en el proyecto, ya que se implicó tanto con el casting hasta el punto de, tal y como hiciesen Friedkin y Donner en sus filmes, remover cielo y tierra hasta dar con Susan Swift quien interpretaría el doble papel de Ivy/Aubrey Rose, marcando así el inicio de su breve carrera de la que destacan esta misma película y aparecer junto a Paul Rudd en Halloween: La maldición de Michael Myers

En resumidas cuentas, una película de terror atmosférica de la cual no esperéis muchos sobresaltos y sí un terror que va dentro de los propios personajes. Sin duda una propuesta diferente, pero sé que muchos sabréis valorar como se merece. 


 

Night of the ghouls (1959) de Ed Wood Jr.

 

Nunca cabrees a Don Limpio

¡El film inédito de Wood!

Un timador, apodado por él mismo Dr. Ácula (nada menos), el cual junto a sus compinches se hace pasar por espiritista para sacarle los cuartos a los familiares de personas fallecidas, llama la atención de la policía por una serie de desapariciones que se han dado por la zona. Y es que la casa se emplaza cerca del pantano donde años atrás ocurrió un extraño caso con un pulpo... 

Vamos a ser claros desde ya: esta cinta aqueja los mismos problemas de todo el cine de Wood, es decir, personajes planos con interpretes que se limitan a leer el ¿guion? en el mejor de los casos y gesticular para nuestra risión, escenas alargadas hasta el cabreo, ser aburrida como un dolor y la nulidad por bandera en cada plano. Nada nuevo bajo el sol, y más conociendo al entrañable alcohólico sujeto que parió a la criatura, pero como todo el cine del mal llamado peor director de la historia, esta Night of the Ghouls consigue atraparme por su inabarcable valentía al seguir intentándolo una y otra vez, aunque arrastre un cadáver que ya no es que esté muerto, es que le han salido gusanos, pero ahí lo tenemos. Incluso en esta ocasión se agradece la aleatoria valentía de dotar a la cinta de cierto toque autoconsciente, por no decir del empleo del metalenguaje (!) ya que en cierta manera es una secuela de La novia del monstruo - repitiendo personajes, no así el actores, además de aparecer Lobo, nuevamente interpretado por el coloso Tor Johnson - mientras que los protagonistas son conscientes de lo acaecido también durante Plan 9 del Espacio Exterior, siendo esto verbalizado por Paul Marco, el sempiterno policía torpe, en una de las escenas cumbre. Esto, sea una particularidad pretendida o (seguramente) sin pretender, dota de frescura a un argumento que bien podía haberse escrito entre copazo y copazo dentro de una servilleta, y donde el director de Glen o Glenda realiza un bonito autohomenaje a su carrera en poco más de una hora de metraje. 
Aprende Spielberg. 

No descartemos que sea Wood

Entre los actores encontramos a la troupe de Wood casi al completo, destacando los citados Johnson y Marco, a los que se unen algunas viejas glorias del Hollywood primerizo y algunos otros que nunca volverían a ponerse delante de una cámara, como es el caso de la actriz Jeannie Stevens quien interpreta a la misteriosa dama de negro. Eso sí, es la primera vez que no tenemos a Lugosi al frente de la fiesta, y vaya si se nota, recayendo el protagonismo en Wood Kenne Duncan, un antiguo vaquero de serial que aquí encarna el rol del Dr. Ácula con una sosez pasmosa. Por cierto, hay hasta dos cameos de Wood: uno en forma de cartel de SE BUSCA en la pared de la comisaría, pero el de arte le debió sentar mal el café matutino que ni las letras se leen y parece que la fotografía está puesta como un póster decorativo, y el otro en algunos planos de la dama de negro, y que cantan mucho dado el cambio de altura. 

Esta película tiene la particularidad de ser la única que su director no pudo ver estrenada, ya que no se pagaría al laboratorio de revelado quedándosela los productores hasta que en los ochenta un adinerado de Kansas, fan fatal del de neoyorkino, decidió adquirir los derechos (previo pago de las tasas) y posterior explotación para alegría de la viuda de Wood.  
Esta imagen suda vodka

En resumidas cuentas, para bien o para mal estamos ante una película 100% de Ed Wood Jr. Es decir, tenemos todo lo bueno y lo malo que hizo crecer la mística al rededor del director, plus añadido de tener la etiqueta de obra perdida (por no pagar), así que es decisión vuestra el entrar en el juego. Por mi parte, ojalá se le hubiesen quedado más películas sin pagar en ese laboratorio.


La asistenta (2025) de Paul Feig

 

Dos, eran dos.

El Grand Guignol de andar por casa.

Una joven de turbulento pasado (Sydney Sweeney) entra a trabajar como asistenta en la típica tópica casa de una familia acomodada (Amanda Seyfried y Brandon Sklenar) donde tendrá que lidiar con los cambios de humor de la matriarca, la cual intentará convertir su estancia en esta, aparentemente, utopía un infierno surrealista. 

Si algo bueno se puede decir de esta adaptación de la novela homónima (que no he leído), es que desde el comienzo de esta ya te la está jugando con la identidad de la protagonista, de quien sabemos pinceladas para luego ir por otro lado, siendo esto la tónica general de una historia que da más giros que Sonic en el nivel de Green Hill, convirtiéndose en poco en un ejercicio de a ver qué pasa a continuación. Y vaya si cumple, porque cuando se destapa todo pasamos del drama rutinario de una peli de tarde a un émulo de Martyrs donde el body horror y la hemoglobina hacen acto de aparición sin mesura ninguna. 

Cierto es que todos los implicados en la cinta saben dónde están; desde un Paul Feig, un director al que se le ve muy suelto situado en el suspense tras las dos entregas de Un pequeño favor, a unas protagonistas que aportan carisma y presencia como es la dupla formada por Seyfried-Sweeney quienes la hacen suya desde el careo de la primera escena, pasando por escenas que en principio parecen un sin sentido - como la habitación con llave, donde se desarrolla clímax de la historia - pero cuando ves que todo encaja en ese universo que se nos ha planteado, pues sí, es un goce. Y siento repetirme, pero eso le da el toque diferencial ante un telefilm de media tarde, o peor, ser tan fría como La chica del tren, que es en lo que podía haber caído de manera estrepitosa.
 
En resumidas cuentas, un buen disfrute que se hace tan distraído como interesante. Sus casi dos horas apenas se hacen pesadas consiguiendo que cada pirueta argumental sea recibida con gusto máximo. Si hacen la presumible secuela, y conservan ese toque, ahí me tendrán.  

Anaconda (2025) de Tom Gormican

 


La recuela que Hollywood no se atrevió ni a soñar.

Unos amigos de la infancia, a cada cual más decepcionado con su vida adulta, deciden apostarlo todo tras envalentonarse durante el visionado de una cochambrosa película casera que hicieron en su etapa púber, e irse al Amazonas a rodar una nueva versión de su filme favorito: Anaconda (1997, Luis Llosa).
Ya allí descubrirán que no todo es tan fácil y el concepto jodido se quedará corto cuando una bicha del tamaño de una película de Asylum haga acto de presencia y decida ser la estrella de la filmación.

Vale, Tom Gormican (acompañado otra vez de Kevin Etten al guion), si ya te tenía respeto tras esa oda a la efigie de Nick Cage llamada El insoportable peso de un talento descomunal (2022), ahora mismo tras el manotazo que has metido a Hollywood con tu versión de las monster movies noventeras te has ganado mi fidelidad hacia tu obra, hasta el punto de perdonarte la participación en Axel F. (2024). Porque si algo que esta Anaconda hace, y hace muy bien, es amar lo que cuenta, es decir, el cine, mientras se ríe de todos esos tropos que han llevado a la industria del entretenimiento al punto muerto de deficiencia creativa que lleva arrastrando desde hace unos años, como son una imaginación limitada a empachar al espectador sin que este tenga tiempo de procesarla y una creencia férrea a que la nostalgia en cadena de montaje vende entradas. 
Sí, Jurassic World: Dominion, te estoy mirando a ti.

Por otro lado de la mesa, tenemos a un grupo de intérpretes que, siendo sinceros, su hábitat natural es la comedia; desde un hilarante Paul Rudd, que es una parodia del actor que no ha sabido ir a más por sus ínfulas, a  un Jack Black, bastante comedido para sorpresa de muchos, como realizador frustrado que se gana la vida en BBC (Bodas Bautizos y Comuniones) para su frustración, pasando por unos más que cumplidores Thandiwe Newton y Steve Zhan quienes contra todo pronóstico se lucen bastante interpretando al love interest y al alivio cómico respetivamente.

¿Ant-aconda?

Aunque remarco lo que decía al principio, lo mejor de esta película es su sentido cariño hacia el cine - se puede ver en la escena del cumpleaños del personaje de Black, donde cada uno se deshace viendo la cinta que da pie a la acción - y que nos hace querer que estos perdedores consigan hacer su película, pero también que pasen las de Caín mientras tratan de dar la claqueta final sin ser devorados por una sierpe kilométrica. La verdad sea dicha, la serpiente acaba siendo accesoria dentro de la narración, pero no por ello sobra ya que nos da momentos de tensión que hacen que la coña verbenera se rebaje un poco de la trama para no cargarla.

En resumidas cuentas, Anaconda consigue funcionar como parodia pero también como homenaje gracias sobre todo porque Gormican se maneja a las mil maravillas combinando géneros sin que ninguno tape al otro. Eso sí, se podrían haber traído a David Hasselhoff para cierta escena.

Una muy divertida manera de comenzar este 2026 que promete ser incluso más caótico que este rodaje.

Megalodón 2: La fosa




Ese perro te importa más que tres horas de Oppenheimer
"Asylum, te gané"


"Película veraniega: The Movie"

Tras los acontecimientos de la primera parte, que se resumen en cinco frases y muchos "como la otra vez", nuestro equipo de aventureros encabezado (je) por el calvo mazado y ecologista a tiempo parcial favorito del público, Jason Statham, vuelve a internarse en la mar infestada de escualos jurásicos, pero (cuidadito) ahora tendrá que vérselas con nada menos que ¡TRES! bichos de esos más alguna sorpresilla más, incluido un mercenario de procedencia latina desconocida, aunque estoy 100% seguro es que aprobó al Salir de Clase (Sergio Peris-Mencheta). Es decir, lo que viene siendo la otra película pero como debe de ser una buena secuela, ofreciendo lo mismo pero multiplicado hasta el delirio.

Retomamos de manera momentánea desde varios años sin actividad en el tráfico (contrabando si eres feijoo) de esta página porque este verano tan loco a nivel cinematográfico que estamos teniendo lo merece. 

Vaya que sí.

Es cierto que tanto Barbie (2023 de Greta Gerwig) como Oppenheimer (2023 de Christopher Nolan) son muy tentadoras de criticar por ser las piedras angulares que han definido esta época estival - además de reformular lo que entendíamos como marketing cinematográfico a día de hoy con el celebérrimo #Barbienheimer que tan poco ha gustado en tierras niponas -, pero seamos sinceros: no hay verano si no hay película de tiburón y Meg 2: La fosa es ESA PELÍCULA. 

Además que la de Nolan no la he visto, así que a joderse.

Tras las intentonas de productos y subproductos que cada verano copaban la cartelera, y que ojo, funcionar no funcionaban mal a nivel de taquilla, como la reciente Demonio Negro (The Black Demon, 2023 de Adrian Grunberg) , pero digamos que desde la sobresaliente Infierno Azul (The Shallows, 2016 de Jaume Collet-Serra) no teníamos una película de escualos que nos hiciese dejarnos con miedo a meternos al agua, incluso la anterior Megalodón (The Meg, 2018 de Jon Turteltaub) pese a ser divertida quedaba lastrada por una calificación rebajada para llegar al máximo público (China) posible y aun siendo el mismo caso de su segunda parte, diré sin rubor que no solo mejora lo visto hace cinco años, sino que lo supera con creces. ¿Si te dará miedo meterte al mar luego? Cielos, ni de coña, pero vaya si irás con una sonrisa mar adentro aunque te piquen en el culo las medusas.

Lo mejor de MEG 2 es que sabe lo qué es a la perfección. Desde el minuto uno entiende qué debe y no debe de hacer para que, después de una primera mitad más orientada a exponer  ̶l̶o̶s̶ ̶c̶l̶i̶c̶h̶é̶s̶  la trama, se zambulla literalmente en una fosa llena de monstruos sedientos carne humana mientras la la trama avanza subida al carro del terrorismo industrial de patio de recreo, el drama made in China con muertes lloradas a moco y la eco denuncia (leve, que esto no es una película de James Cameron) que nos va preparando el ánimo para su magistral tercer acto donde todo explota por los aires en una fiesta en la Isla Diversión (!) donde todos están invitados al buffet.

¡Estoy seguro de que Piquer Simón estaría sonriendo al ver esta película!

Dirige la cinta un Ben Wheatley el cual se lo debió de pasar muy bien tras la cámara y a quien le adivino un espíritu juguetón que no veía tras Fuego Cruzado (Free Fire, 2016), esa oda a la desmesura, y se le recupera tras el resbalón del remake de Rebeca (2020) también llamado en los mentideros como Kaiser Sosez. Con Statham, más comedido pero incluso comedido es pura fuerza de la naturaleza, se unen Wu Jing quien hace la contraparte china, esto es, a veces llora mucho otras hace mucho el payaso pero le sigue el rimo en molonidad, y Sergio Peris-Mencheta quien tiene otro antagonista memorable para su historial tras su paso por la saga Rambo en su quinta entrega (2019 de Adrian Grunberg) y que aquí es lo que se espera de él: festival de la desmesura. El resto del reparto está ahí, cumple, algunos palman y gracias, aunque bien es cierto que se echan en falta a Ruby Rose y a Bingbing Li quienes por obra y milagros del guion no salen en esta entrega. Una pena.

En resumidas cuentas, una fantabulosa vuelta al mar, una vuelta al despiporre que al menos yo necesitaba para sentir la sangre correr por mis venas. Puro y duro espectáculo que sin ser perfecto mantiene la cabeza bien alta como el blockbuster que necesitamos para pasar estos calores veraniegos.

Y ya si eso hablamos de lo buena que es Barbie en otro momento.

Hatchet 2 (2010) de Adam Green

... y Victor Crowley cogió su hacha. Otra vez.




Tras sobrevivir a una noche inclemente donde ha tenido que ver a sus amigos y familiares morir a manos/hacha del matarife Victor Crowley, Marybeth Dunstan regresa a la civilización donde es captada por el empresario llamado Reverendo Zombie, quien ya aparecía en la anterior y que tiene intereses ocultos por la posesión de ese pantano. A modo de "equipo de rescate", un grupo de catetos armados hasta los dientes comandados por Zombie y a los que se suman Marybeth y su tío, irán al pantano sin esperar que quizás, solo quizás, el hacha no ha dicho su última palabra.

Si en la anterior película teníamos un casting compuesto por actores del género bastante interesante, ahora esa cifra se duplica al darnos a por ejemplo el director Tom Holand (Noche de Miedo), R.A. Mihailoff (La Matanza de Texas III), AJ Bowen (La casa del diablo) o John Carl Buecherl (Fx Re-Animator) entre otros que se unían a los veteranos Parry Shen - en un rol diferente dado que moría su personaje en la anterior, y que esto se acabó convirtiendo en chiste recurrente a cada entrega - y Tony Todd. Quien no repitió fue Amara Zaragoza en el rol de Marybeth, siendo sustituida por el icono del terror Danielle Harris (Halloween 4) quien se quedaría el resto de la saga. Pero sin duda el verdadero protagonista de la cinta es Kane Hodder interpretando el doble papel de Victor Crowley y su padre, siendo en esta segunda parte la que consolidó al matarife como un icono del terror capaz de regar su pantano con la sangre de sus víctimas. Es una delicia verle en pantalla y eso gran culpa tiene el departamento de efectos especiales, los cuales mediante el empleo de métodos tradicionales como son las prótesis y litros y litros de sangre, consiguiendo rizar el rizo y ofrecernos unas muertes que si bien pierden algo de frescura si se comparan con los de la primera entrega, no dejan de ser pura satisfacción gore convirtiendo a los antagonistas en meros monigotes agilipollaos rellenos de sangre a punto de explotar.




Vuelve a la dirección y al guión Adam Green, quien repetiría su labor en todas las entregas de la saga a excepción de la tercera parte al coincidir esta con el rodaje del falso documental Digging Up the Marrow (2014). Se puede apreciar un autoguiño a su anterior film, Frozen (2010), donde vemos en uno de los televisores al personaje de Emma Bell, la cual ha demandado a los responsables de la pista de esquí (¿¡eh!?). 

Sin duda lo más interesante de esta película lo encontramos en que el film comparte el mismo honor que Zombi (George A. Romero 1978) en ser de las pocas producciones sin calificación que fueron capaces de tener un estreno en salas comerciales. Por más que cueste creerlo, esto es debido a que los de la MPAA la calificaron al film como R, lo que suponía un suicidio por esos tiempos, cosa que hizo que sus responsables con Green a la cabeza fueran a una importante cadena de cines con una copia íntegra del film, accediendo ellos a proyectarla sin calificación alguna durante unos días.

Una segunda parte que aún siendo inferior a la primera y tercera entrega consigue resultar entretenidísima gracias sobre todo a su falta absoluta de pretensiones. Ofrece diversión con mucha hemoglobina salpicando/explotando ante la cámara convirtiéndose en pura delicia. 

The Gentlemen. Los señores de la mafia (2020)

Mafiosos a gogó



Foto de familia
Guy Ritchie volvió a la acción y a la vuelto a armar. Pero a la acción de verdad. Y no lo hace solo, viene acompañado de un repartazo encabezado por Matthew McConaughey, Hugh Grant, Colin Farrell o el destacable Charlie Hunnam.

Un capo de la droga con un marcado estilo británico intenta vender su imperio a una dinastía de multimillonarios procedentes de Oklahoma.
A quien no le atraiga esta trama que se lo haga mirar.

La marca de la casa del realizador británico vuelve a estar aquí presente, y tal vez, con más énfasis que antaño, ya que se podría decir que ha vuelto a sus orígenes dada la naturaleza de la historia, tras fiascos como Aladdin (2019) o El Rey Arturo (2017). Con esto, no me refiero únicamente a esa diversión que va ondulando entre lo aristocrático y las continuas referencias al nuevo milenialismo, sino a la ironía del relato en lo argumental, a lo frenético del ritmo y lo histérico del montaje, siendo incluso más traviesa y cinematográfica que otras obras de sus inicios. La narración en off e incluso ese tono, aunque tímido, de cine dentro del cine, le dan un punto muy a su favor a la película. No es el colmo de la originalidad, menos en este subgénero, pero esta llevado mediante una configuración efectiva
McCounaghey gozándoselo

Todo esto, que puede parecer en un principio refrescante o atrevido en su propuesta, es en realidad bastante común dentro de los topics del señor Ritchie, por lo que los asiduos a su cine o a otras tarantinoexploitations la disfrutarán como una más o, tal vez, un punto por encima, no ya por su contenido violento, sino por su calidad de retorno a un estilo.

"¿Yo salía en Nothing Hill?"
En ningún momento decae, todo lo contrario, la cinta mantiene siempre un nivel y es en secuencias más puntuales cuando se torna más atrapante y negra, por lo tanto, más festiva. Los mafiosos insultándose, disparando y liándola son siempre una apuesta segura.


"¿Tarantino? ¿Quién es ese?"
¿Retrógrado? ¿Problemático? Los fans de la cada vez más conocida corriente del “quejarse por quejarse” tienen en esta producción una nueva oportunidad hater de cebarse con el trabajo de un director que siempre se ha encontrado en el punto de mira de muchos, por lo que, no me puedo alegrar más de que el bueno de Guy haya decidido volver a las fuentes de su génesis.

Y puestos a seguir modas, voy a apuntarme yo también con una queja: podría haber sido algo más grosera.

Vivarium (2019) de Lorcan Finnegan


“Pesadillas suburbiales”
Vivarium abre con una la imagen de un nido donde un pájaro recién salido del cascarón - en realidad un cuco, los cuales ponen huevos en nidos ajenos para así procurar sustento a su progenie - tira al vacío a sus presuntos hermanos para ser el único que ocupe el nido y así ser alimentado por la madre. La naturaleza es cruel, sin duda, y eso es lo que vamos a ver durante sus noventa y siete minutos de metraje: pura naturaleza salvaje. 
Una joven pareja encarnada por Imogen Poots (28 semanas después) y Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland) tras salir del trabajo van a ver unos pisos a una inmobiliaria. El extraño dueño interpretado por Jonathan Aris (Turistas) les llevará a un extraño barrio suburbano, lleno de casas iguales que no parecen tener un fin donde podrán ver la que será "la casa de sus sueños". 
Partiendo de una premisa ya de sobra vista en el género, esto es, un grupo de personas encerradas sin poder salir de un entorno casi de pesadilla, Vivarium aunque a ritmo lento consigue inquietar al espectador al ser muy ambiguo con su trama de la que apenas sabremos apenas nada ni tan siquiera al final de la misma. A ver, no quiero decir con esto que estemos ante algo novedoso, todo lo contrario, Mercero logró lo mismo en 1972 con Jose Luis López Vázquez encerrado en La cabina (a la cual se puede ver que se rinden no pocos homenajes) pero visto el panorama algo es que se fijen en los clásicos y sepan trasladarlos de la menor manera. La parte mala de esto se la lleva su dilatado segundo acto cuando la hiatoria parece no ir más que en círculos, cosa que entiendo que pase tal como está orquestado esta, pero en vista de su último tramo, donde todo se pone interesante, pues quizás el haberse centrado un poquito más en ello habría estado mejor. 
En el apartado interpretivo tenemos a una sobresaliente Imogen Poots, quien se llevase un merecido galardón en la pasada edición del Festival de Sitges, y a un algo desaprovechado pero esforzado Jesse Eisenberg. Completan el reparto los inquietantes Jonathan Aris, Sena Jennings y Eanna Hardwicke quienes cumplen es sus roles malrolleros. 
Sin ser perfecta, esta scifi minimalista se revela como una nada sutil metáfora de la pesadilla que supone el aislamiento personal sumada a la necesidad de todo ser de tener libertad, y sinceramente dada la situación que tenemos en la actualidad puede caer a más de uno cual mazazo en los pendientes reales.

Cartelicos: #pornovenganza


Lo mejor: un cortometraje que promete una vuelta de tuerca al trillado concepto del home invasion, además de suponer el inicio de algo más grande.

Lo peor: que te deje con ganas de más.

Lo que se espera de ella: considerando que hablamos un cortometraje llamado #pornovenganza debemos esperar lo inesperado.
Saber lo que se cuece en el interior de la mente demente del Señor López Vacas dará miedo, sí, pero también interés.

Ghost of the Needle (2003) de Brian Avenet-Bradley


Retrato de un asesino muy sieso.

Jacob (Brian Avenet-Bradley) es un modernillo de la gran ciudad (¿de cuál? ni idea) y fotógrafo/asesino en serie con ínfulas artísticas a tiempo parcial; saca fotos a mujeres sin que ellas lo sepan, luego las aborda con el pretexto de que le sirvan de modelos para posteriormente asesinarlas en una destartalada e inmensa fábrica industrial que le sirve tanto de estudio como de matadero. No contento con ello, tras sus fotografías oculta otras en las que pueden verse los cuerpos de sus víctimas. También pululan por ahí el padre y el promotor de Jacob quienes dada su indiscreción pondrán al protagonista en más de un aprieto.

Cinta indie que en una machada digna de Robert Rodrígez, dirige, produce, escribe, edita y protagoniza Brian Avenet-Bradley, quien por aquél entonces solamente tenía un crédito como director en su haber – Freez'er, para mí desconocida, aunque quien la ha visto no la recomienda demasiado -, y aquí nos ofrece una vuelta de tuerca a lo visto en el film El fotógrafo del pánico, salvando claramente las distancias dado que nos encontramos ante una película que resulta en ocasiones muy pesada, densa en su desarrollo, hasta que puntualmente se pone en materia y vemos algún asesinato, pero ojo, salvo en dos o tres momentos a penas vemos una gota de sangre, no vaya a ser que se hieran sensibilidades.

El modus operandi de Jacob de abordar a sus víctimas, las constantes peleas con el padre y el tira y afloja con el promotor se repiten hasta el hastío, y no hay un giro interesante hasta la hora de metraje, donde la trama deriva a una especie de análisis del propio asesino en un evidente homenaje al personaje de Joe Spinell en Maniac, pero esto tampoco cuaja del todo, porque todo está contado de la manera más sosa y atropellada posible. Y ese es el mayor de los problemas que aqueja este proyecto: nos encontramos ante una película que por ir de solemne peca de ser muy sosa.

Aún con todo, la película consiguió ganar sendos premios en el Festival fantástico de Reino Unido y en el Fright Fest aunque en apartados técnicos, donde ciertamente se encuentra la parte más trabajada de toda la película.

Por lo demás, actores que parecen estar actuando en una obra de teatro –el que interpreta al padre parece estar más perdido que un pulpo en un garaje – siendo la mayoría de ellos desconocidos recién salidos del circuito independiente. 

Se agradece el esfuerzo de Bradley haciendo de hombre orquesta, pero es de esas películas que quizás si se hubiese delegado en más gente el resultado hubiese sido mejor, o al menos más animado.

Trick 'r Treat (2007) de Michael Dougherty

Pesadillas festivas.


Es curioso como algunas películas reseñadas en esta página por h o por b no obtuvieron un estreno en cines. Ya fuese por su calidad, su apartado técnico, artístico o incluso sus pretensiones más comerciales, no consiguieron llegar a la gran pantalla con el consiguiente, como veremos a continuación, enfado de sus responsables. 

Uno de los casos más claros lo encontramos en esta traducida en estos lares como Truco o Trato: Terror en Halloween

Dirigida por Michael Dougherty - guionista de cabecera del director Bryan Singer, quien además apadrina este film; suyos son los libretos para la saga X- Men o la fallida Superman Returns – quien aquí encaraba su debut en la dirección con un film de segmentos autoconclusivos muy en la línea de lo visto en su momento en la saga Creepshow o en los cómics de la EC, aunque añadiendo para la ocasión un hilo conductor tan interesante como es la noche de Halloween. Las historias incluyen todos los tropos típicos tópicos (decidlo varias veces seguido) del folklore de la noche de todos los santos - yendo de vampiros a asesinos en serie pasando por fantasmas y leyendas urbanas como son las chucherías envenenadas-,  pero dados la vuelta  para regocijo del personal, además de reunir a un cast de campanillas con actores y actrices reconocidos por el público entre los que destacan Anna Paquin y Brian Cox.

Es decir, por lo que os cuento, esta debería de ser una película que a poco de habérselo sabido montar los de Warner (su productora) deberían haber arrasado en las taquillas de todo el mundo, ¿no? Pues no.

Como dije al inicio de la reseña, aunque llegó directamente a DVD, en un principio se pensó en un estreno en salas comerciales, en EE.UU al menos, pero no en Halloween como cabría esperar sino meses más tarde. Esto se debió a que como cada año por esas fechas, la saga SAW estrenaba su nueva entrega, la cuarta para ser más exactos, cosa que hizo que Warner retrasase el estreno de la película de Dougherty y así no competir en taquilla en una batalla en la que tenían las de perder. Sobra decir que esta acción enfadó al director, pero más cuando la fecha de estreno pasó de 2007 a 2008, luego a principios de 2009 hasta que finalmente se estrenó directa a video a mediados de ese año, haciendo que el siguiente proyecto de Dougherty como director, la notable Krampus: Maldita Navidad (2015) pasase a Universal y que acabaron por dejar en el limbo una secuela que por desgracia jamás nos llegó.


Sin duda alguna una de las películas más frescas, estimulantes y, por qué no decirlo, referenciales que podréis encontrar entre estas páginas. Si todavía no la habéis visto, dadle una oportunidad porque estoy seguro que no os dejará indiferentes.

Gacy, el payaso asesino (2003) de

El payacho que aburría.

Gacy, el payaso asesino nos narra los a priori interesantes últimos días en libertad del infamemente célebre asesino John Wayne Gacy, quien durante los años 1972 a 1978 violó y asesino a más de una treintena de jóvenes en la ciudad de Chicago, a los cuales enterraba en el sótano de su casa haciendo que esta oliese peor que una cuadra al sol. Ciudadano modelo de su comunidad, padre y esposo dedicado, el  mote de “Payaso asesino” le venía dado que el bueno de John se disfrazaba de un sosias de Bozo el payaso - Pogo - para realizar obras de caridad entre los niños del barrio, es decir, esta película tiene un payaso que asesina a gente ¿Dónde hay que firmar?

Cuando una película que debería tratar sobre la vida, obra y (ningún) milagro de un asesino en serie dedica más tiempo a la plaga de insectos que hay su sótano que a los asesinatos en sí sabes que hay un problemón muy gordo tras ella. Y no, ni tan siquiera el disfraz de payaso hace a penas aparición en pantalla – solamente en el asesinato de la bañera y de pasada para cubrir expediente -, así que el resto del metraje está dedicado en exclusiva a ver el rutinario día a día del protagonista, entrever su homosexualidad latente, los abusos físicos que le infligió su padre (interpretado por el rocoso Adam Baldwin) cuando este era un chaval y el modo que tenía de engatusar a sus potenciales víctimas. Esto pese a no ser el colmo del dinamismo, son cosas que deberían verse en pantalla cuando se habla de un serial killer, incluso resultarían interesantes si estas fuesen rodadas con cierto dramatismo por parte del director Clive Saunders - su film más destacado es este, con eso ya os estoy diciendo todo -, pero por desgracia la historia avanza con una parsimonia absurda y a poco que indagues un poco en torno a la figura del matarife te das cuenta que han desechado mucho material escabroso – el tipo se ensañaba tanto con sus víctimas que incluso llegaba al punto de castrarlas en vivo para acto seguido despellejarlas - en pro de ajustarse al tarjet televisivo. Cosa contradictoria cuando bien le cascaron una sorprendente calificación R (?)

Por cierto, cabe destacar  que al estar rodada en digital televisivo la imagen tiene una calidad más cercana al falso documental que al de una película, esto hace que de manera inconsciente se esté beneficiando a la narración al aportar cierto cariz de realidad, pero como casi todo en este telefilme podría haber dado más de sí si se hubiesen rodado más asesinatos, dotándolos de una sordidez que ya podíamos ver en algunas partes de, por ejemplo, Henry, retrato de un asesino (1986, John McNaughton). En según qué casos menos es más.

Como suele ser norma en estos telefilmes, el reparto está compuesto de muchos rostros televisivos, destacando el buen trabajo interpretativo de Mark Holton como Gacy, siendo lo mejor de sus eternos ochenta y ocho minutos de duración. Holton es conocido por el fandom  por aparecer junto a Jennifer Aniston y  Warwick Davis en la primera Leprechaun (1993, Mark Jones), repitiendo rol este mismo año en Leprechaun Returns (2019, Steven Kostanski).

Un aburrido y nada emocionante biopic en el que únicamente puede salvarse la interpretación de Holton. El resto un drama telefilmesco del que hay muchos y mejores ejemplos que veremos a continuación.

Feliz día de tu muerte 2 (2019) de Christopher Landon

Si algo funciona no lo cambies; mejóralo. 

La historia continúa un día después de donde la dejamos en la primera entrega, con Tree (Jessica Rothe) viviendo por fin la vida que quiere junto a Carter (Israel Broussard) sin la preocupación de repetir una y otra y otra vez el mismo día...hasta que el compañero de piso de Carter, Ryan (Phi Vu) es asesinado por, sí, lo habéis adivinado, un matarife ataviado con la desde ya icónica máscara de bebé, haciendo que vuelva a repetirse el ciclo de muertes y resurrecciones.

Quién iba a pensar que en esta etapa de los dos miles la empresa ama y señora del género de terror sería la Blum House. Una productora que nos ha acabado dando más alegrías (Oculus) que tristezas (saga La purga), sabiendo resucitar los clásicos del slasher (La noche de Halloween), revitalizado al psicokiller (Creep) y que allá por el ya lejano 2006 decidió apostar por una cinta de bajo, bajísimo presupuesto rodada cámara en mano llamada Paranormal Activity. El mega éxito dirigido por un novato Oren Peli que dejó patas arriba al género y que con el tiempo se harían hasta siete secuelas, precisamente una de ellas, Los Señalados spinoff latino que ha acabado siendo las mejores consideradas tanto por parte de crítica como por el público - dirigida por el director de la película que hoy nos atañe, Christopher Landon.

Landon - hijo del recordado Michael Landon - es un viejo conocido para los fans del horror; autor de los libretos de Disturbia o de casi toda la saga de Paranormal Activity a excepción de la primera y última entrega, y director de las geniales Zombie Camp o la primera Feliz día de tu muerte, con que al parecer quedó algo descontento Scott Lobdell, el autor del libreto, quien había preparado algo más macabro en cuanto a las muertes de Tree además de un enfoque más oscuro donde finalmente se acababa explicando el motivo del bucle temporal. El (sorprendente) éxito de esta película hizo que la Blum House decidiera poner lo antes posible en marcha una secuela contratando nuevamente a Landon aunque esta vez sin Lobdell por problemas de agenda.

Sin Lobdell ahora en las labores de guión y ocupando el puesto Landon, quien todo sea dicho rescata varios elementos descartados del primer libreto, se decide que la trama debe tender más hacia la comedia y a la ciencia ficción que al terror propiamente dicho, homenajeando de paso a cierta película que su protagonista da nombre a este blog. Esto que podría llegar a ser un problema dado el material que tenemos entre manos, logra salvarse el conjunto gracias sobre todo a la bis cómica de la inmensa Jessica Rothe - la muertes del cortárboles y del paracaidismo son para enmarcar -, el giro que mete la historia a media hora de metraje (y que te hace ver por dónde irán los tiros en una más que posible tercera entrega) por no hablar del balance entre estos géneros, aunque lo dicho, tal y como pasaba con la primera entrega no esperéis una cinta de terror repleta de jump scares y sí una comedia de terror de la que bien podemos pasar por alto sus pequeños fallos argumentales (sí, las heridas internas de Tree vuelven a hacer acto de presencia aún sabiéndolo ella).

Como fue la primera, una película de alta diversión y cero pretensiones. Si una película de terror actual merece tener una ristra de secuelas es esta. Nosotros tan contentos viendo morir a Tree una y otra y otra y otra vez.

El Reino (2018) de Rodrigo Sorogoyen

El reinado de las ratas.

Una de las escenas que mejor definen a El Reino, donde Sorogoyen acaba por rematar su exposición de la bajeza humana, no es en la por otro lado magnífica escena del balcón sino en una breve escena de cara al final en la que Antonio de la Torre con lágrimas en los ojos sujeta con rabia una botella de whisky, sin ser casualidad que esta sea de la marca que él ha ido bebiendo a lo largo del film ni dónde estaba guardada. Esa simple botella puesta de modo estratégico representa la traición de todos aquellos que a los que consideraba amigos, con quienes compartía vacaciones, comidas, risas y confidencias, pero que cuando han visto peligrar su (fraudulento) modo de vida han decidido colocarla ahí.
Porque hay que asumirlo: ni en la guerra ni en la política existen amigos.

Escrita también por Isabel Peña y dirigida por Rodrigo Sorogoyen, nos plantean en principio una trama de corrupción política, rodada a modo casi documental en el que podemos ver reflejadas las recientes operaciones contra ciertos PPartidos PreSuntamente sOspEchosos de lucrarse con los fondos públicos, y en el que también se nos muestra la maquinaria interna de favores y mamoneos varios que demuestran que no son simplemente casos aislados y sí una corrupción total del sistema, para poco a poco ir tornando en un thriller más cercano a clásicos como por ejemplo El informe Pelícano o La tapadera y donde Antonio de la Torre se esfuerza por todos los medios de demostrar su inocencia dentro de lo culpable que es.

Este quizás sea el punto más "flaco" de toda la película al pasar de una trama encargada de destapar los casos de suciedad en el sistema a una más focalizada en la acción sin descanso y que llegados a cierto punto de la historia puede resultar abrumador ante tal cantidad de información que se nos da. Eso sí,ya os digo que es un problema menor y la película se ve de principio a fin con sumo gusto, incluso diría que se hace algo corta pese a rebasar las dos horas de duración.

En cuanto a los actores, todos están perfectos en sus roles de gente amoral; un gigante como Antonio de la Torre que parece nacido para interpretar a este corrupto cateto de provincias, un Zahera que con cada aparición se come a todos, una Ana Wagener que imita a la perfección a cierta política finada y unos breves pero determinantes Josep María Pou y Bárbara Lennie.

Lástima que en su estreno la película pasase sin pena ni gloria por el exceso de estrenos - notorio ese fin de semana en el que fueron estrenadas ¡diecinueve! películas -, y se tuviese que conformar con congregar a poco más de 250.000 espectadores. Por suerte, con sus recientes galardones en los Premios Goya parece que la cosa se ha animado dándole una segunda vida comercial en salas.

En definitiva El reino puede ser visto como un agobiante thriller político donde Sorogoyen a penas da un respiro al espectador, pero también como una muestra de la realidad "oculta" de la política en la que el pueblo es un mero peón al que merece la pena exprimir. 
Todo lo bueno que oigáis de ella es cierto, así que id a verla.


Bohemian Rhapsody (2018) de Bryan Singer/Dexter Fletcher

Que la realidad no te disuada de hacer una película.

Hace unos meses fui al cine a ver el biopic sobre Mary Shelley en lo que creía que sería un interesante acercamiento para el gran público de lo que fue la no menos interesante vida de la autora británica. Para mi asombro, pese a un acabado notable sustentado por una ambientación lograda y unos actores que se manejaban en sus roles, la película no solamente pasaba por alto momentos cruciales en la vida de la creadora de Frankenstein, sino que se tomaban licencias/inventaba hechos - entre ellos convertir a su marido en un idiota integral cuando en realidad eran una pareja que se llevaban muy bien - en pro de dar mayor vistosidad a una vida que en realidad ya contenía hechos lo suficientemente potentes para mantener el interés.
Pues bien, esto mismo es lo que ha ocurrido con Bohemian Rhapsody.

Todo el mundo ha apuntado que lo mejor del film se sustenta en la esforzada interpretación de un Rami Malek transmutado para la ocasión...y sí, en cierto modo tienen toda la razón; Malek ha conseguido mimetizarse con Freddie Mercury a nivel gestual y personalidad - el final en el Live AID es una muestra de ello, donde, puestos a comparar su actuación, es IDÉNTICA a la realizada en su momento por Mercury - siendo muy merecidos todos los premios que ha ido cosechando, aunque como he dicho antes, en cierto modo no es que estemos viendo al verdadero cantante y sí a una copia de marca blanca que no explora del todo la personalidad excesiva del artista durante sus años oscuros. Claro está, esto es más culpa del guión escrito por Anthony McCarten adaptando la historia de Peter Morgan y Anthony McCarten que del propio actor, pero esta falta de desarrollo la podemos observar en el resto de personajes quienes quedan retratados de una forma muy extraña y, por qué no decirlo, maniquea con May retratado como una alma cándida, Taylor un capullo adúltero, Deacon totalmente desaprovechado y Mary Austin (que fue ex novia de May) pasada por el filtro de lo edulcorado, por no hablar del poco peso en la trama de John Reid - por cierto, en la realidad su despido no fue así, os aviso -, el escaso papel de Hutton o que directamente se inventen al productor musical Ray Foster para evitar así dar nombres.

Decisiones que al menos para mí acaban lastrando al film en favor de ofrecer al gran público un Queen irreal pero espectacular, todo ello debido a los problemas (polémica) que Bohemian Rhapsody ha tenido desde su rodaje hasta la postproducción, cosa que en principio parecían condenarla a pasar sin pena sin gloria en la taquilla y que tras varios remontajes, se ha conseguido que fuese un auténtico fenómeno de masas, consiguiendo incluso encumbrarla como una de las mejores películas del 2018 tanto a nivel de taquilla como de crítica. Y no, no quiero sacar el tema de la polémica de Bryan Singer, su despido y si su versión era mejor y se la recortaron y bla bla bla porque sinceramente ¿qué más dá? Pues eso, nada. Eso sí, me parece muy mal que Dexter Fletcher sea el director que se encontró con todo el marrón lo terminó como buenamente pudo y casi nadie lo acredita.

Una película que podréis disfrutar si no buscáis más allá de un rato entretenido 100 % Hollywood, pero más allá de eso tened por seguro que no veréis nada del icono excesivo que fue Mercury y su troupe. 

Manos: The hands of fate (1966) de Harold P. Warren

Palmas, palmitas, palmas de Mallorca.

Una familia típica estadounidense, conformada por una madre catatónica (Diane Adelson), un padre de rostro granítico (Harold P. Warren), una niña chillona (Jackey Neyman Jones) y un perrito simpático - el único que cobró (un solomillo) de todo el reparto -, se pierden en el basto desierto. Cansados de tanto va y ven por carreteras secundarias, deciden hacer noche en una extraña chabola custodiada por el no menos extraño Torgo (John Reynolds), que, aunque reticente a dejar pasar dentro a la familia, finalmente accede tras mirar el cu quedarse prendado de la belleza de la madre. Lo que no saben es que Torgo es sirviente del diabólico El Maestro (Tom Neyman) quien está siempre a la búsqueda y captura de pardillos para sacrificar a su Diox particular: Manos.

Lo que comenzó siendo la descabellada apuesta entre un vendedor de pesticidas, el propio director Harold P. Warren, y un guionista de éxito, Stirling Silliphant autor de El coloso en llamas (1974), en el que se jugaron que Warren no lograría rodar una película de baj(ísim)o presupuesto - 19.000 dólares - y hacer de ella un éxito de taquilla, acabó convirtiéndose en una de las películas con más culto de la historia del cine...y ya. Porque fuera de ese culto conseguido durante años y años entre los fans fatales - los mismos que encumbran a "films" como Troll 2 o What is it? -, por mal que nos pese hay que reconocer que salvo la historia que hay tras su producción, Manos: The hands of fate es un truño como la tapa de un piano.

Un director que no tenía idea de realización pero sí mucho mal carácter, un rodaje insoportable en el desierto (bichos incluidos), un guión escrito entre bajones de LSD y un reparto de actores sin experiencia pero mucha oligofrenia/droga - el bien sabido que John Reynolds hizo todas sus tomas drogado y que falleció por ello -, fueron los factores unidos a que la cámara tenía el obturador roto, haciendo que cada toma durase treinta y dos segundos exactos, hicieron de esta película una obra atípica dentro del panorama de producciones casposas de la época, aunque cabe decir que en su momento no destacó ni tan siquiera en los drive in de la época, algo raro dada la (nula) pretensión de los programadores de esos sitios, siendo relegada de manera temprana a la televisión donde quedaría olvidada hasta que fue rescatada por el mítico programa Mystery Science Theater 3000, siendo un fenómeno entre los jóvenos estadounidenses comenzando así su andadura hacia el culto.

Una mierda, pero una mierda entrañable y eso ya es mucho decir.