Mostrando entradas con la etiqueta Iván González. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iván González. Mostrar todas las entradas

La piel fría (2017) de Xavier Gens

Aguas tranquilas. Tierras de guerra.

Antes de empezar, quiero admitir que (aún) no he leído la novela en la que se basa el film, escrita por mi tocayo Albert Sánchez Piñol, aunque según he oído, esta incide bastante en la batalla interna entre las diferentes personalidades de los dos protagonistas y su enfrentamiento individual con la amenaza de los seres, lo cual se puede ver más o menos en el film resultante solamente que con algo menos desarrollo.
Dicho esto continúo con la reseña.

Un hombre viaja para relevar a un compañero de su puesto en una estación meteorológica situada en una remota isla, pero ya allí descubrirá que en la isla únicamente queda un habitante: el sombrío encargado del faro. Pronto se dará cuenta que la actitud huraña del hombre se debe a que cada noche este se enfrenta a un horda de seres que emergen de las aguas con intenciones aviesas.

Simpático survival coproducción ente España y Francia y rodada en inglés (sí, menuda mezcla), es, como decía al principio, una adaptación de la novela de Albert Sánchez Piñol, donde dos hombres con diferentes personalidades son puestos a prueba en una situación que van más allá del límite humano por culpa de una entidad que desconocen. Y sinceramente, eso se plasma bastante bien a lo largo de la película. El personaje de Gruner (un genial Ray Stevenson) es un hombre roto que ha pasado las de Caín y ha tenido que sobrevivir en condiciones infrahumanas, eso añadido a una soledad en principio autoimpuesta forma un contraste bastante interesante con Friend (sosillo David Oakes), quien todavía está asimilando lo que ocurre y sigue viendo la vida desde un punto de vista más optimista y, siendo algo clave para el final, resolutivo. En medio de estos dos se encuentra Aneris (irreconocible Aura Garrido), una de las criaturas que por extraño que parezca desarrolla una relación con ellos, al principio como mascota y luego como... ejm... algo más, creando una especie de triángulo donde la simbiosis es la clave.

Es posible que La piel fría pasado el ecuador de la hora puede llegar a resultar algo formularia en cuanto a su estructura de monstruos atacando cada noche y los protagonistas sobreviviendo a duras penas, pero logra salvar los muebles ya que en vez de mostrarnos unas motivaciones claras en los ataques de ambas partes, el guión sabe apartarse y no tomar un bando claro. Es decir, todo el mundo está equivocado y todo el mundo está en lo cierto según se mire. Eso sí, siendo puntillosos me hubiese gustado saber un poco más acerca de esas criaturas (parientes lejanos de Abe Sapiens) y se podían haber ahorrado la historia de "amor" para evitar ciertos tiempos muertos.

Como curiosidades señalar que en un principio los roles de Gunar y Aneris estaban adjudicados respetivamente para Stellan Skarsgård y Elena Anaya, y que la isla, ese paraje nevado y desértico, no deja de ser...Lanzarote.

Dirige de manera más que correcta el francés Xavier Gens (Frontera(s)) quien fue uno los directores que junto a Alexandre Aja (Alta Tensión), Pascal Laugier (Martyrs), Marina de Van (Dans ma peau),  A. Bustillo y J. Maury (A´l Interieur) formaron parte de la "nueva ola de terror francés" que despuntó la década pasada, siendo el propio Gens uno de los pocos que aún a día de hoy sigue trabajando de una forma más o menos regular. También estrena este mismo año The Crucifixion.

Muy entretenida.

Festival Nocturna: Chimères (2013)



No conozco mucho cine suizo...demonios, ni sabía que estos come chocolates facturaban películas, pero he de reconocer que esta "Chiméres" me ha descubierto que, además de saber hacerlas, los suizos saben como hacer una buena película de terror.
Vampiros...pero no.


Estando de vacaciones en Rumania, Alexandre es atropellado por un coche. Para salvarlo, en el hospital le hacen una transfusión de sangre. De vuelta en su hogar, siente que algo ha cambiad dentro de él, como si algo contaminado corriese por sus venas.

Olivier Beguin compone una película que durante su primera hora nos muestra un terror intimista, más centrado en la relación entre los dos protagonistas, con el amor que se profesan como tema de fondo, manteniéndose alejado de los artificios que suele darnos el género, aunque salpicándola de momentos impactantes, como son todas las escenas en las que el protagonista se mira al espejo o la del accidente. Otro acierto es que el director mantiene la incógnita sobre la afección, haciéndonos creer que lo que vemos la mayoría del tiempo se encuentra en la mente del protagonista y en realidad no hay vampiro que valga.
El tratamiento de la fotografía, la música, los decorados, todo nos retrotrae a una París oscura, carente de la luminosidad que siempre nos venden las empresas turísticas, y por la que transitan el dúo protagonista (magníficos ambos) en búsqueda de presas. Uno porque no tiene otra opción y la otra por amor.

Uno de los principales fallos de esta película, es cuando a la mitad del metraje el guión se aleja de este tono intimista con un halo de misterio, pasando a convertirse en un emulo del videojuego Final Fight cuando el protagonista ya convertido en vampiro se enfrenta contra hordas de enemigos, y hombre, eso está bien si quieres hacer una película de acción, pero aquí como que no cuaja. Si bien esas escenas en las que vemos al protagonista "alimentarse" están bien rodadas y son espectaculares, nos terminan por sacar de la película al ya mostrarnos una típica película de vampiros modernos, y no la película que esperábamos ver sobre una pareja que se enfrentan juntos a lo imposible.

Antes de acabar, prestad atención a la cantidad de cameos tanto de actores como de directores de los setenta que ha conseguido reunir Beguin ante la cámara. Impagable.

En resumidas cuentas,
pese a sus salidas de tono, bajones de ritmo y un final que no acaba de casar con el aire intimista del que hacía gala al principio, sí acaba por resultar una 
entretenida producción sobre ¿vampiros?, gracias sobretodo a la labor de su dúo protagonista.
Nota: 6

The Divide (2011)


Estamos acostumbrados cuando en las películas se nos muestra una explosión nuclear, vemos el resultado de sus efectos sobre la gente (muerta ya) y los edificios devastados, pero en muy pocos exploran la otra cara de la moneda:
Los estragos que causan sobre los supervivientes. A voz de pronto me viene a la cabeza "Cuando el viento sopla" del recientemente finado Jimmy T Murakami, en la que una pareja inglesa de ancianos sobrevivía a un ataque nuclear, y como estos, de manera casi cotidiana, intentaban sobrevivir ante una situación tan extraña para ellos, y con un desenlace que aún provoca en mí escalofríos.
Como dicen en un momento dado los protagonistas del film que os traigo hoy, los muertos ya no sufren, los que quedan con vida tras esto les queda algo peor que la muerte.

SOBREVIVIR, QUE PALABRA TAN BONITA

Tras un ataque nuclear del que nunca conoceremos responsable, un grupo atípico de supervivientes se refugia en el sótano del inmueble en el que residían, el cual está preparado por el conserje para ser un refugio anti bomba que ha llenado de comida, agua y demás enseres para sobrevivir si se diera el caso.
El paso de los días, la irrupción de unos desconocidos de aviesas intenciones, la escasez de alimentos, el envenenamiento por radiación del ambiente y el sellado completo del refugio, hacen que este grupo olvide las buenas formas y, desatando sus más bajos instintos, se embarquen en una batalla por la supervivencia.
Xavier Gens, salido de la misma generación que Aja, Bustillo, Dulon y compañía, se cascó hace unos años la película "Frontera(s)", una versión europea y cazurra de "La matanza de Texas" con toques de crítica social, que logró un culto inmediato por parte de los fans del género, además de un billete en primera con destino USA para Gens.
Lo que es la vida.
Tras dirigir la fallida adaptación cinematográfica del videojuego "Hitman", a la que sus productores recortaron en la sala de montaje todas las escenas de tiros (ahí es nada), Gens volvió a su Francia natal en dos mil nueve para dirigir el corto de superhéroes "Les incroyables aventures de Fusion Man" al que siguieron dos años de silencio, hasta que en dos mil once se anunció su vuelta al género de suspense-terror con el escueto título de "The Divide".
Con reparto estadounidense, encabezado por caras conocidas en el género como Michael Biehn ("Abys"), Lauren German ("Hostel 2") o Milo Ventimiglia ("Héroes"), y rodado con apenas once millones en una única  localización, Gens compone una película claustrofobia, axfixiante a cada segundo que pasa, en el que abunda el empleo del plano corto para dar una mayor sensación de incomodidad y aislamiento. Es increíble la atmósfera que crea el director de "Fronteras(s) en tan solo los primeros minutos de metraje, ya sea con un cigarro humeante o el polvo de los escombros, casi hace que nos cueste respirar, y ya según se acerca el final todo se convierte en una pesadilla de carácter kafkiano, en la que vemos la verdadera cara del ser humano en todo su esplendor. Es cierto que hay veces que el director se pasa tres pueblos y alarga mucho las escenas hasta hacerlas pesadas, amén de unas tramas que no quiere/sabe llevar a una finalización concreta - el asunto con los soldados sólo sirve para que tengan el traje antiradiación y unas escenas de tiros -, además de un final que, pese acorde con lo que quiere contar, te deja frío...ya lo veréis.
De los actores no sabría quedarme con uno tras ver el nivel de implicación que tiene cada uno con el film, aunque, si uno acaba por destacar por encima del resto, ese sería Michael Biehn, que compone aquí uno de esos papeles que son un auténtico caramelo si se saben manejar, y creedme, Kyle Reese lo sabe muy bien. Sin entrar en los temidos SPOILERS, el veterano actor interpreta de manera magistral al paranoico conserje que ha estado "acicalando" el sótano del inmueble hasta convertirlo en algo parecido a un refugio. Por suerte a este personaje no lo hicieron extremadamente racista como apuntaba el guión original, porque si no el resultado no hubiera sido el mismo, puesto que ya oculta muchas capas de las que se puede apreciar a primera vista y otras más hubiera sido redundante. Es un cabronazo egoísta con los demás y no lo deja de ser en ningún momento, sí, pero con ligeros matices que lo hacen imprescindible. El resto del reparto, como apuntaba al principio, muestra un nivel de implicación apabullante, que va desde raparse el pelo a adelgazar todos ellos unos kilos en pos de mostrar los efectos de la falta de alimentos. Brutal es también la evolución a la que son sometidos...y que prefiero que veáis y os quedéis atónitos.
Para terminar, os recomendaría que vieseis este film un día en el que hayáis dormido bien, no se hacen precisamente cortitas sus casi dos horas de metraje, y a ser posible obviar sus numerosos agujeros de guión y tramas que no van a ningún lado, porque mucha explicación no vais a tener. Si dejáis eso de lado y admiráis el hercúleo trabajo tanto de los actores como del director, disfrutaréis mucho más durante este viaje por el fin del mundo, os lo aseguro.

NOTA: 8