ESPECIAL VERANO. DÍA 29: "Scream bloody murder" (2000) de Ralph Portillo.


El género de campamentos –que como estamos viendo, da para escribir todo un libro o incluso más de uno- fue uno de los más proclives a la explotation. Como ya dije otro día, es sencillo tener los ingredientes para una peli de campamentos: un paraje, una serie de personas –no tienen ni porque se actores de verdad- y una cámara.
Y aunque los ochenta fueron la época dorada de las explotaciones camperas, tanto con comedias –“Movida en el campamento” y “Loco campamento. Ligar o morir”- como cintas de terror –“ La quema”  o “Animadoras asesinas”-, con el cambio de siglo y las nuevas tecnologías fue incluso más fácil –por la sencillez técnica de la filmación y el precio- realizar este tipo de cintas. Podría haber elegido entre más de una docena, pero elijo la de hoy porque es la primera que vi, una de las primeras cintas que bajé con Emule –aunque para los legalistas, al final la acabé comprando en DVD- y porque es uno de los primeros filmes que me puso sobre la pista del nuevo cine slasher barato de principio de milenio. La película no es otra que “Scream Bloody Murder” de Ralph Portillo.



La película, conocida en España con el aséptico título de “Campamento sangriento”, comienza como un calco de “Viernes 13” esa película de la que tanto he hablado pero aún no ha sido destripada por aquí. Tenemos a un grupo de jóvenes que van a la naturaleza a ser monitores, pero llegan un par de días antes para prepararlo todo. Pero no están solos, un asesino llamado Trevor Moorehouse vive cerca del lago –el puñetero lago de siempre- y no le gusta la compañía.

Como vemos, visitamos lugares comunes de este tipo de cine: la multietnicidad, los picores, el guardés trastornado, el asesino de la careta, los falsos sustos que terminan siendo bromas… Todo muy trillado. Pero parece ser que el nombrado Ralph Portillo creía que la gente no se acordaba de este tipo de cintas –hemos de recordar que durante los años noventa  las cintas de terror de este estilo casi ni se dieron- y que en vez de una revisión irónica –en la órbita de “Scream” o “The Faculty”- necesitaban un nuevo asesino de los bosques para un nuevo milenio. Y resulta que el director se toma la película en serio. Y eso es lo mejor. Me dan ganas de ir al pueblo donde vive Portillo y darle un abrazo… ¡Por bonico!
Porque la película ni se acerca a dar miedo. Aún más, tenemos un montón de escenas que se acercan más a la risa que al grito: Esa aparición de Moorehouse con la sierra mecánica apagada mientras que nosotros la oímos encendida, esos monitores que gustan de esconderse detrás de árboles para con el dedito asustar, los efectos especiales de chichinabo.




Y en su sencillez y su escasez de medios –que no cutrez- está su virtud. Ya que no se dedican a mostrar a cámara que no tienen cuartos y a hacer de esto su seña de identidad. Tratan todo el rato de ocultar esta estrechez de presupuesto con fundidos a negro, explicación de hechos en vez de mostrarlo, tratar de acercarse al thriller en vez de al bodycount –al menos en el thriller puedes decir que alguien ha muerto sin necesidad de mostrarlo-… Un intento de mostrar grande lo que es pequeño, pero aunque se le agradece el esfuerzo, era una tarea abocada al fracaso.
Este es el cine malo que se disfruta. El hecho desde el corazón y no desde el bolsillo. Tomad nota directores de VOD que os queréis hacer los cuñaos con remedos de Frankenstein o tiburones mutantes asesinos de diferente pelaje.


En definitiva, una cinta para acercarse al cine barato rodado en video de cambio de siglo. Con un intento frustrado de crear un nuevo malo icónico –aunque tuviera una secuela que mantiene el tipo, y un spin off al que aún no he podido echar el guante-. Cine sin prejuicios, no recomendable para todo el mundo, pero cuanto menos simpático.

ESPECIAL VERANO. DÍA 28: "Summer bummer" (2012) de Bill Plympton.

Hoy traemos un tentempié, un snack, una horchata fresquita para merendar. Es decir, un corto de eso que puedes ver mientras vas a descomer. Otra cosa que puedes hacer cuando vas al excusado –cuidado, que yo puedo ser muy fino- es leer las reseñas que pongo en esta página. Conozco a mucha gente que lo hace, y 9 de cada 10 médicos lo recomiendan… estimula el colon. Dejo ya de decir chorradas y me meto en harina, ya que el cortometraje que tenemos hoy es: “Summer Bummer” de Bill Plympton.



La expresión summer bummer, vendría a ser algo así como bajón veraniego –que se note que tengo idiomas-. Y más o menos es lo que este escueto corto, de dos minutos escasos, nos ofrece. Un señor se dispone a saltar desde el trampolín en su piscina. Va motivado y listo para zambullirse. Pero un miedo irracional aflora en su cabeza… ¿Y si dentro de la piscina hay algo que va me puede matar? Algo similar al ahí abajo hay un león que te come la colita de “To er mundo e güeno”

Y poco más hay que contar. El director es el conocido animador Bill Plympton, del que podéis haber visto algunas cintas de cierto renombre como “¡Me casé con un extraño!” o “Tupé”. Y en este “Summer Bummer” –perteneciente a una serie de cortos realizadas para el canal Showtime- continua con su estilo: personajes anatómicamente grotescos, una sátira del american way of life y un acercamiento al surrealismo digno del mejor Terry Gilliam.




En definitiva, un cortometraje simpático, que en el fondo es tan solo un gag bien llevado. Perfecto para adentrarse en el universo de su creador y ver que la animación para adultos va más allá del manga y Pixar. 

ESPECIAL VERANO. DÍA 27: "Campamento Flipy" (2010) de Rafa Parbus.


Bienvenidos al campamento. Bienvenidos al egotrip. Porque en España también se hacen películas de campamentos. Pero ¿Se hacen bien?. La respuesta la voy a dejar a elección del respetable. Lo que si puedo asegurarte es que si ves esta cinta, no te quedarás indiferente. Y, ¿Cuál es la peli en cuestión?. Nada más y nada menos que “Campamento Flipy” de Rafa Parbus.



La película, ¿Cómo empezar?, nos sitúa en un futuro estilo “Supersónicos” con Flipy como dibujo animado que nos empieza a soltar un rollo que no se entiende –por la dicción más que nada- y que tiene fragmentos de sus monólogos. De repente, estamos en la actualidad donde Flipy es un chaval. Nos presentan a su amigo Jeremías, que es la versión manchega de Alvaro Vitali. Y también a su profesora, por la que está colado.
También aparecerá Don Carcajón, un cómico venido a menos, que hace un campamento al cuál todos los chavales de la clase de Flipy irán. Por su parte, el padre de Flipy, que es inventor, le dará una pócima para que crezca. Y voilá, al día siguiente ya es el desgarbado con gafas que todos conocemos.
Ah! Y esto en los primeros 15 minutos… Que aún no han llegado al campamento que es donde comienza la trama… y nuestra pesadilla.

Porque la cinta aguanta bastante bien el tirón los primeros 20 minutos. Comienza de una forma tan anárquica que casi te entran ganas de seguir la trama. Además aparecen los chanantes, lo que hace que tus expectativas crezcan. Y tienen un par de chistes muy buenos con Pedro Reyes.
Pero es llegar al campo y la peli comienza a hacer aguas por todos los lados. Personajes que aparecen y desparecen sin venir a cuento. Tramas que un  momento son muy importantes, pero segundos después a nadie le importan. Referencias cuñao a cascoporro. Y sobretodo, un sopor que invita más a reclinarse en el sofá a echarse la siesta que a continuar viendo la película.

Y eso que como he dicho antes, delante de la cámara tenemos gente con suficiente talento como para que por lo menos no caigamos en la desidia. En el 90% de los planos tenemos a Flipy, que si bien como showman es un poco cargante, como monologuista en sus principios tenía su gracia. También Carlos Areces, un tipo que a dosis pequeñas –ese bonico del tó- es tronchante pero que como coprotagonista no aguanta, además de ser un personaje desagradable. Ernesto Sevilla, en un remedo de su Claudio de “La hora chanante” es el único que aguanta un poco entre tanto desbarajuste. Y Pablo Carbonell, aunque los primeros momentos que aparece dan hasta gracias, al final se torna un malo de opereta que parece que no se lo crea ni él.



Pero el problema mayor, lo veo en el tono de la cinta. Es un claro ejemplo de cinta que no sabe a que público va dirigido. Podríamos creer que en principio busca a los chavales y preadolescentes que les molan los experimentos de Flipy en “El hormiguero”, con esos dibujos animados y que haya personajes jovencillos. Pero luego tenemos una serie de chistes bastante guarros y  que hasta incomodan si lo que crees que estás viendo es una peli de niños.


En definitiva, un intento de hacer unos albóndigas a la española. Pero debido a un director manazas –Rafa Parbús, del que no voy a decir nada más- y al inmenso ego de Flipy –el cual hace todo: escribe, produce, protagoniza, dobla, canta…Vamos, un hombre del Renacimiento- , se torna en una sucesión de gags y situaciones ilógicas sin mucha gracia. No llega al concepto de peli de castigo, pero hay que armarse de paciencia. Sobretodo si  alguien como Flipy te parece un tío de lo más cargante. ¡Que si Flipy! Sabemos que creciste en los ochenta. Y que estudiaste en la EGB. Pero por lo que se refleja en esta peli pareces de esos que repitieron quinto tres veces. 

ESPECIAL VERANO. DÍA 26: "La comedia sexual de una noche de Verano" (1982) de Woody Allen.


Quizás un nombre que no esperabas encontrar en estos Especial Verano es el de Woody Allen. Pero si, el genio neoyorkino también tiene su película de temática eminentemente estival: “La comedia sexual de una noche de Verano”.




Allen nos presenta una historia muy teatral, casi de revista en algunos momentos, a veces solo faltan los números musicales con chicas ligeritas deropa. Nos cuenta la historia de una boda entre un profesor casi anciano –Mel Ferrer- y una joven que anteriormente fue monja –Mia Farrow- a principios del S.XX. El enlace se celebra en casa de la frígida prima de este –Mary Steenburgen- , casada con un bróker inventor en sus ratos libres –Woody Allen-. Para completar el sexteto se unirá el mejor amigo de este –Tony Roberts- y su última conquista –Julie Hagerty-.
Todo indicaba que iba a ser un fin de semana tranquilo y agradable con una boda íntima. Pero, en medio del caloret, los otros calores asomarán dejando ver que lo que parecían parejas más o menos con futuro, no lo eran tanto cuando los bajos instintos del ser humano afloren.

¡Cuidado! Aunque por la sinopsis parezca un drama, no lo es. Estamos ante una película, que si bien no es una de la comedias de verdad de Allen –“Bananas” o “Toma el dinero y corre”-, se ve con una sonrisa en los labios todo el rato. Más de situaciones divertidas que de gags. Podríamos emparentarla con otras cintas del neoyorkino como “Medianoche en Paris” o “Granujas de medio pelo”.

La cinta, que se rueda casi en un único escenario, demuestra el buen hacer de Woody Allen. Incluso se atreve a tener un par de momentos marcapaquete, como aquel en el cual Allen y Steenburgen están teniendo una discusión y el Allen director se da el lujo de mover la cámara y enmarcar la situación en diferentes marcos: una puerta, un espejo o el descansillo de una escalera. Demuestra que a pesar de sus detractores es un buen director, sabiendo darle ritmo a la situación más vacua.
El guión, del propio Allen y basado en la película de Ingmar Bergman “Sonrisas de una noche de Verano” -¿Aparecerá el sueco en este especial? Tiempo al tiempo- , contiene por un lado chisposos diálogos y alguna que otra situación surrealista junto a sus típicas reflexiones sobre la vida y la muerte, el amor irracional y la supuesta racionalidad del hombre… Todo un logro que todo case como un reloj, sobretodo debido a que Allen tuvo que escribir el guión a toda leche, ya que la productora –Orion- quería una cinta del director para 1982 y “Zelig” estaba con problemas de postproducción.



En cuanto a los actores, todos están muy bien. Woody Allen está en su salsa, en su típico papel de inseguro con mucho mundo interior. Mary Steenburgen no destaca, pero da el pego como la mujer que ve que su matrimonio se va a pique.  Mia Farrow, aunque se llevase una nominación a los Razzies ese año, está más que bien como la joven que busca más la estabilidad que lo que su corazón desea.  Por su parte, Tony Roberts hace casi de si mismo, un ligón que es el mejor amigo de Woody Allen. Pero en mi opinión los que mejor están son, por un lado Mel Ferrer como el profesor resabiado y pomposo y Julie Hagerty como la jovencita que todo el mundo cree menos lista de lo que es.


En definitiva, una película perfecta para aquellos que quieran acercarse por primera vez al cine de Woody Allen. Con todos los tics del cineasta, para bien o para mal. Pero, son solo 85 minutos, y ¡Que leches! Os podréis tirar el moco en la playa con alguna hipster diciendo que veis cintas de Allen y Bergman… Esta funciona como un 2 por 1.

ESPECIAL VERANO. DÍA 25: "La quema" (1981) de Tony Maylam.



Siento ser pesado pero… volvemos al campamento. ¡Si! Y volvemos al terror. ¡Si! Que, ¿Dónde está Jason? No seáis impacientes, lo bueno se hace esperar. Hoy regresamos a la naturaleza con una de la copias directas de “Viernes 13”, ciertamente famosa en su época –sobretodo por su inclusión en las nasty movies británicas- y aunque no tiene un malo para el recuerdo, bien vale un visionado: “La quema” de Tony Maylam.



La cinta comienza, como en “Viernes 13”, “Halloween” y tantos y tantos slashers primigenios, con un hecho fortuito del pasado. En este, vamos al campamento Blackfoot. Vemos como un grupo de chavales va a gastar una broma al guarda del lugar –un tío bastante borracho y abusón-. Pero, como no, la broma se saldrá de madre y lo que iba a ser una susto acabará con el guarda quemado y cayendo al lago de turno. Porque siempre debe haber un lago.
Pero este no muere, si no que permanece cinco años curándose en el hospital. Finalmente le dan el alta y vuelve con sed de venganza. Pero como el campamento Blackfoot cerró, va al vecino lugar de Stonewater. Porque en cuestión de campamentos tanto monta monta tanto.

Una de las razones por las que esta cinta siempre es nombrada en listas de slashers ochenteros, debemos verla en las mentes pensantes que la parieron. Detrás de la producción tenemos a Miramax. A día de hoy es conocida por haber sido la productora detrás de cintas como “Shakespeare enamorado”, “El indomable Will Hunting” o “Pup fiction”.
Pero en este lejano 1981, la productora estaba en pañales, y los ahora poderosos Weinstein no habían llegado ni a la treintena. Y junto al director de la cinta que tenemos hoy – Tony Maylam- concibieron una historia bastante cercana a la ya citada “Viernes 13” –aunque los Weinstein afirmen que la idea es anterior-, y con la inclusión de un malvado –Cropsy- que aunque lo querían dejar para el recuerdo, la verdad es que resultó una némesis bastante cutre.

Y si nos referimos al malvado de turno, debemos de hablar del maquillaje, y si hablamos de maquillaje debemos hablar de Tom Savini. El genio de los efectos se subió al carro de los Weinstein – se ve que ya sabían venderse por esa época-, dejando de lado secuelas de “Viernes 13”, porque en apariencia tendría pasta y bastante libertad a la hora de los efectos gore y la creación del malvado.
Pero a la hora de la verdad, el presupuesto fue bastante ajustado y no tuvo mucho tiempo para la preparación de sus moldes y miembros amputados. Esto puede verse por ejemplo, en la repetición de algunos trucos realizados en otras cintas. Y sobretodo, en la creación de Cropsy. Este debía aparecer quemado, pero en los momentos –que afortunadamente son pocos- en los que su cara aparece, más que miedo produce sonrisa. Esa mueca y sobretodo es color de yogurt de frambuesa le quitan el aura que había tenido durante la primera hora.
Porque hasta que se quita el disfraz, Cropsy aguantaba bien como malo de la función. En principio, superaba al resto de malos de slashers de la época en cuanto a trasfondo. Ya que no es solo una amenaza contra los campistas, si no contra la sociedad en general. Y por otro lado teníamos un asesino casi más cercano al giallo: con su sombrero calado, la chupa de cuero, la vista en primera persona o el uso de objetos afilados… Una lástima.
Pero no vamos a tirarle piedras a Savini. Ya que tiene una escena para el recuerdo. Los que ya habéis visto la cinta sabéis de cual hablo. Exacto, la de la balsa. En esta escena tenemos a un grupo de chavales que se acercan encima de una balsa a una canoa varada en mitad del río. La escena está rodada como un reloj, y cuando crees que aún te quedan unos momentos de calma antes de que pase algo, aparece Cropsy con su disfraz y hace una escabechina de narices en cinco segundos. Todos los efectos usados en esta escena son geniales y solo por ellos vale la pena ver la cinta.



En cuanto a las víctimas de Cropsy, ninguno de ellos destaca por sus dotes interpretativas. Por no tener, no tenemos ni final girl. Pero resulta simpático ver en la cinta algunos actores famosos hoy, que en ese momento estaban empezado. Si estamos atentos podremos reconocer entre otros a, Jason Alexander – “Seinfeld”-, Fisher Stevens –“Cortocircuito”- o Holly Hunter –“El piano”-.

Y detrás de la cámara tenemos al citado Tony Maylam. Un director inglés que antes de la cinta de hoy había hecho un drama bélico llamado “Intriga en la playa”, y que después de “La quema” poco haría de mención, hasta terminar haciendo documentales comerciales para marcas pijas de coches… Todos tenemos que comer.
Su trabajo en esta “La quema”, quitando la mencionada escena de la balsa, es meramente funcional. Se encarga de poner la cámara en los lugares donde va a ser más fácil seguir la acción y poco más. Ni alardes, ni nada más por el estilo… Cosa que tampoco le vendría bien a una cinta como esta.


En definitiva, un slasher más, en el que si se hubiera metido más dinero y tiempo seguro que habría quedado mejor –porque alguna que otra idea buena tenía-. Perfecta para completistas y para aquellos que quieran ver una casquería made in Tom Savini.