Pos Eso (2015) de Samuel Ortí Martí (AKA Sam)



El (in) noble ejercicio de la spoof movie.





Samuel Ortí Martí (Sam) dirige, produce y firma el guión de su primera y por el momento última incursión en el mundo del largo.


No seré quien se queje de una comedia que ataca directamente y sin filtro alguno a la (infra) prensa del corazón, al clero e incluso la tauromaquia, además, sobra decir que la película es técnicamente perfecta, con un trabajo durísimo al rodar por su empleo de la técnica del clay motion, pero a la vista está del material que podrían haber hecho lo mismo en un corto y la cosa hubiese salido mucho mejor.


Una pena ver que la mayoría de chistes apelan al guiño nada sutil (y repetitivo) al género de terror y variantes que van desde la consabida escena de El exorcista, pasando por La profecía, Indiana Jones y la última cruzada, La ciudad no es para mí (esa pseudo Gracita Morales hace mucho daño) ¡Hasta podemos ver los huevos (añádase coña aquí) de Alien! El resto, apenas tiene gracia dado a que los chistes están alargados a más no poder. Sirva de ejemplo el final, donde, en un giro loco de los acontecimientos, la protagonista viaja al infierno y acaba retando a un duelo de taconeo al mismísimo Diablo. Pues bien, algo a priori tan gracioso - ver taconenado al Príncipe de las Tinieblas siempre tiene su aquél - va perdiendo la gracia ya que la escena se estira más de diez minutazos.


Aún así, Pos eso contiene momentos de gran imaginería visual que quedan complementados por pura y dura comedia física, como son la muerte del padre torero o la masacre de los tertulianos, los cuales funcionan porque están justos de medida y de ritmo, por no decir que ver a un personaje pegándose trompazos siempre es divertido de ver.



El elenco de voces reunidos para la ocasión es bastante notable, con un Josema Yuste y una Anabel Alonso bastante atinados ambos, pero lo dicho, sin apenas gracia en sus líneas. Se da la macabra circunstancia que fue la última película de Maribi Bilbao y de Álex Angulo. Una auténtica pena.


No digo que Pos eso sea terrible, simplemente que una película que posee un apartado técnico tan acojonante bien podían haber cuidado la historia.

Los payasos asesinos del espacio exterior (1988) de Stephen Chiodo

Payasos cabreados del espacio exterior.

Simpaticona comedia de terror (aunque de terror poco) donde los protagonistas no son otros que unos grotescos payasetes alienígenas con ganas de zamparse a medio pueblo, transformándolo previamente en algodón de azúcar, y al otro medio cargárselo de la forma más circense posible (no en vano, su nave espacial es...¡UNA CARPA DE CIRCO!) mientras van encadenando una serie de putadillas tras otras.

Este es uno de los casos en lo que te hacen preguntarte ¿qué fue antes? ¿el huevo o la gallina? O, directamente ¿Esta película copia a Mal Gusto (Peter Jackson, 1987) estrenada un año antes, o simplemente es una coincidencia muy grande que, salvando las (cercanas) distancias, ambas películas compartan el mismo argumento? Sí, es cierto que Killer Klowns tiene un humor más "ligero"(aunque también palme hasta el apuntador) si se compara con el humor de brocha gorda con el que Jackson pintó su ópera prima, además, tampoco tiene tanto gore, incluso diría que los payasos no derraman ni una gota de sangre a lo largo del film, pero ambas comparten tantas similitudes - aliens deformes caníbales de aspecto cómico, protagonistas humanos tontorrones y pasados de vueltas, final en la nave/hogar de los alienígenas ... - que me hacen pensar que los hermanos Chiodo debieron verse Mal gusto no pocas veces antes de ponerse a escribir el guión. Con todo, años después admitieron que si "homenajearon" a un film, ese sería The Blob ( Irvin S. Yeaworth Jr. 1958), película que curiosamente, el mismo año del estreno de Killer Klowns tuvo un remake (Chuck Russell, 1988). Todo está unido.

La película fue un relativo éxito de taquilla aunque más de alquiler; costando unos 2 millones de dólares, los cuales por cierto lucen de puta madre en pantalla (ya les gustaría a muchos directores contar con esos sets), y logró recaudar unos nada desdeñables 33 millones a nivel mundial.

Dirige Stephen Chiodo, quien pese a no dirigir nada de relevancia tras esta película (lleva intentando levantar una secuela desde los noventa), sí que ha ido participando en diversos proyectos ejerciendo de titiritero, su trabajo real.

Muy divertida, y con una canción principal que se queda marcada a fuego en la psique.

Nick Carter, aquel loco, loco detective (1978) de Oldrich Lipský


Calma y estilo.

Con un título que mejora en su original, el contundente Adéla jeste nevecerela o Adela no ha cenado todavía, referente a la planta carnívora coprotagonista, se esconde una comedia checa (sí, existen las comedias checas) quizás no tan alocada como pretende vendernos su versión castellana, pero bastante interesante si se mira más en profundidad.

Nick Carter es el mejor detective privado de la historia que adorna su loft neoyorkino con autógrafos de Edison y Sherlock Holmes y es atacado sin inmutarse por hordas de villanos (Fantomas en incluido en lote) antes del desayuno. Su vida transcurre con relativa normalidad hasta que recibe un extraño encargo: debe trasladarse a Praga e investigar la misteriosa desaparición de un perro propiedad de una duquesa. Ya allí descubrirá que no todo es tan fácil como podría aparentar...

Como decía al principio, en Nick Carter, aquel loco, loco detective encontramos un spoof  de tomo y lomo, bastante simpático, de las aventuras de Sherlock Holmes, quizás intentado repetir/aprovechar el éxito que obtuvo cuatro años atrás El jovencito Frankenstein (Mel Brooks, 1974) de la cual se pueden apreciar no pocas similitudes al rodar el director, Oldrich Lipský, una cinta de misterios clásica sólo que añadiendo gotas de humor a su desarrollo. Con todo, la película no tiene tanta gracia, al menos no tanta como la que debiese un material así, haciendo que la mayoría de veces parece que estemos viendo una película de detectives (en la que zurran, y mucho, al protagonista) en la que el humor es algo secundario pese a intentarlo todo el rato, cámara acelerada para que vayan rápido los personajes incluso... a lo mejor es que no entiendo el humor checo.

Lo que sí destaca es la manera en la que está filmada. No conozco nada de Lipský, pero el tipo se maneja bien en el medio, haciendo que una película filmada a finales de los setenta dé el pego como película rodada a principios de los sesenta - ambientación en exteriores incluida, salvo cuando están en Nueva York, que es un set -, a lo que se les suma unos efectos, stop motion la mayor parte, que son bastante decentes para la época. Es curioso ver que la planta carnívora se parezca un poco a la de La  tienda de los horrores (Roger Corman, 1960), pero que esta a su vez se parezca tanto a la planta del remake (Frank Oz, 1986) como si las tres películas se retroalimentasen.

Dentro de una película tan intencionadamente cómica, lo cierto es que se llega a ver algún que otro momento, no sórdido, pero sí salido de madre; de cara al final uno de los personajes secundarios aprovechando que love interest del protagonista está drogada, ¡a punto está de violarla! (desnudándose en el proceso) hasta que en el último segundo es devorado por la planta carnívora. Claro que eran otros tiempos, pero desentona bastante con una película en la que a continuación hay una persecución al estilo Benny Hill.

El film fue presentado en el Festival de Sitges de 1978, ganando una merecida medalla de plata a la mejor fotografía para Jaroslav Kucera, además de ganar en 1980 el Saturn a la Mejor Película Extranjera y de estar nominada en ese mismo festival a la Mejor Película de Género Fantástico, es decir, que gustó bastante dentro del mundillo.

Aquí en España, para mi sorpresa tuvo un estreno en salas, logrando congregar en el cine a unos 123.510 espectadores. Alucinante.

¡Cartelicos! Insidious The Last Key (2018)

El sereno se toma muy en serio su trabajo

Lo mejor: Su capacidad de asustar aun en su cuarta entrega.

Lo peor: Más riesgo y menos ir a lo fácil.

Lo que se espera de ella... .que se convierta en una de las películas de terror más exitosas de cara al año que viene. Capacidad tiene.

Perros Callejeros (1977) José Antonio de la Loma

Toro, toro, torito.

Años setenta. Un grupo de chavales de apenas quince años se dedican al hurto con violencia y al robo de coches por los barrios periféricos de Barcelona, mientras tratan de que la policía no les atrape y les envíe al correccional...o a la tumba.

Posiblemente el máximo exponente del llamado cine "quinqui" junto a El Pico (Eloy de la Iglesia, 1983) que causó furor entre la sociedad española de finales de los setenta hasta mediados de los ochenta, además de llevar a la cima del éxito tanto a su director como al que se convertiría en su objeto de deseo actor fetiche: Ángel Fernández Franco El Torete.

Dirige con buen pulso Antonio de la Loma, conocido a mediados de los sesenta por ser guionista y director de numerosos spaguetti western facturados en el desierto de Almería, pero que no llegaría a destacar como auto hasta este film. Se nota que el director había dirigido con anterioridad westerns, ya que el planteamiento - el Torete y su banda no dejan de ser unos elementos que se mueven fuera de la ley - y en la forma de la cual está rodada - esos zooms... - es igual a estar viendo una del oeste, por no hablar de los momentos sórdidos marca de la casa...sí, esa escena. De la Loma se reserva además un papelito en la cinta, cómo no, el único personaje positivo. Doblado como el resto del reparto, eso sí.

Hubo dos secuelas - donde se pasan por el forro ese final tan épico que tenía esta primera entrega - en la que repetirían tanto Torete como de la Loma. Decir de ellas que no merecen mucho la pena más allá de si queréis seguir viendo las desventuras delictivas de un Torete ya no tan chaval.

Perros callejeros todavía conserva ese gancho que la catapultó hacia lo más alto en los setenta y sigue siendo la cima del cine quinqui.