Este documental plantea una premisa:
¿Y si una leyenda urbana fuera cierta? La leyenda de Cropsey se sitúa en Staten
Island, justo enfrente de Manhatan. Cropsey era un demente que vivía en un
hospital abandonado y que por la noche secuestraba a niños. Es decir, un
trasunto de hombre del saco. Todo parecía
formar parte de la típica leyenda urbana que se cuenta para aleccionar a los
niños de no ir con extraños y a los padres para no dejar a sus hijos solos.
Staten Island tenía fama de ser el
vertedero de Nueva York, donde además de dejar tirada la basura también tiraban
a los miembros de la sociedad que, según los parámetros de la época no estaban
hechos para vivir en la moderna sociedad norteamericanas. Por ello, comienzan a
crearse frenopáticos u hospitales de tuberculosos, donde los pacientes no iban
a curarse si no a morir. Así que parecía un lugar propicio para que surgiese
una historia de este tipo.
El documental comienza con los
directores - Barbara Brancaccio y Joshua Zeman- realizando una investigación de
campo con la gente del lugar sobre su opinión sobre Cropsey: el origen del
personaje, de donde surgió, su modus operandi… Pero aunque la mayoría usa el
típico tonillo de “esto es un cuento de viejas”, el miedo está en el aire
porque detrás de el nombre Cropsey se oculta algo mucho más terrenal que el
fantasma del loco que vi envía la fábrica. Esto es debido, tal y como se nos muestra,
a que en la zona se dieron una serie de desapariciones de niños en los años 80.
Andre Rant es el acusado al que
detienen –cuyos ojos en primera plano hielan la sangre más que cien slashers juntos- por la desaparición de
los chavales. La policía comenzara a tirar del hilo y finalmente es metido en
la cárcel por un total de 5 muertes.
Tras esto, los investigadores hacen
un salto hasta 2004, cuando Rant vuelve a juicio por un sexto asesinato. En
este momento comienza una bajada en el ritmo de la película ya que se centran
en una serie de detalles que parecen no llevar a ningún sitio.
Posteriormente, se establece una
conexión entre Rant y una secta satánica y se comienza a ver a Rant más en el
brazo ejecutor de un grupúsculo que en un loco solitario. Aquí es donde la
cinta comienza otra vez a remontar.
El último tramo de la película se
centra en el intento de los investigadores por contactar con Randt y conocer su
parte de la historia. Y finalmente entrando en la mencionada fabrica, para ver
con sus propios ojos si Cropsey existe o no.
Lo primero a decir, es que estamos
ante un documental, y como tal tiene carta blanca en cuanto a la narración.
Pero en mi opinión, en este género lo que si debe de cumplir es tener una
premisa interesante. Y esta cinta la tiene. Lo que ocurre es que al poco tiempo
la deja de lado, centrándose en el típico documental de asesinos y juicios.
Afortunadamente, Joshua Zeman volverá con una premisa similar en su siguiente trabajo
“Killer Legends”, centrándose en el
concepto de buscar los orígenes de numerosas leyendas urbanas que triunfan en
USA y cuya reseña aparecerá en esta misma web de aquí a pocos días.
En cuanto a esta cinta, la dividiría
en dos partes, la ya dicha mencionada de los juicios y la parte de la
investigación de la leyenda. Esa es en mi opinión la mejor parte de la cinta.
Es la parte que puede ponerte cierto miedo en el cuerpo. Pero con condiciones:
Si vives en una gran ciudad, donde todos son edificios nuevos y hay gente por
todos los lados, es posible que no te diga nada y que incluso te parezca un
pegote. Pero si como en mi caso, vives en un pueblo pequeño, a pocos minutos de
un bosque y una fabrica como la que visitan los realizadores, tendrás un
pequeño aire frío recorriéndote el cogote, por que sabes que a 10 minutos
andando tienes un lugar parecido y, quien sabe, puede que el primo de Cropsey
esté esperando a que lo visiten.
En definitiva, un buen documental
para los que les guste el género, aunque también a veces es algo tramposo y
confuso. Para los primerizos les recomiendo que vayan directamente a ver “Killer Legends” y luego vuelve a ver
este premiado “Cropsey”.


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