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The Imitation Game (2014) de Morten Tyldum

Si juntamos en una probeta los siguientes elementos: historia ambientada en la II Guerra Mundial + actores de renombre con actuaciones más que correctas + una cuidada fotografía + una banda sonora que acompaña las imágenes con gran efectividad+ auto superación + ir en contra de los tabúes + trama de investigación. ¿Qué obtenemos? Una película que exuda la palabra “OSCAR” por los cuatro costados, y este “The imitation game” –o con su pobre título español “Descifrando Enigma”- es el último gran ejemplo de esta fórmula matemática. ¿Significa esto que es una buena película? No nos apresuremos.

La principal bandera de la película de cara a crítica y público es ese actor que parece que en los últimos años se ha puesto de moda: Benedict Cumberbatch. Este actor no me parece malo para nada –sin duda era lo mejor de “Star Trek: En la oscuridad” por ejemplo-, pero viendo la película que tratamos hoy, no puedo quitarme de la cabeza que este Alan Turning es un primo segundo del Sherlock Holmes que Cumberbatch interpreta en la genial serie de la BBC. La pregunta sería ¿Los directores de casting le eligieron porque los dos roles tienen similitudes o Cumberbatch solo tiene dos registros (serio cara palo o inglés con Asperger) y ha hecho lo que podemos calificar de interpretación espejo? Ciertamente no tengo la respuesta, también es cierto que poco importa. Lo que importa es que Cumberbatch hace una muy buena interpretación, pero parece que está haciendo esfuerzos para llevarse el OSCAR –en la órbita de un Sean Penn en “Milk” o un Russell Crowe en “Una mente maravillosa”-. Pero en mi quiniela particular, a día de hoy y con pelis aún por ver, Steve Carell va en cabeza.

Junto a Cumberbatch, destaca la también nominada Keira Knightley. Siento predilección por la inglesa desde “The hole”, pero estoy obligado a decir que comparada con su otra nominación –“Orgullo y prejuicio”- es en esta en la que menos brilla. Hubiera sido mejor para la película que la actriz que interpreta a Joan Clarke fuera una desconocida. Y en cuanto a la nominación, hubiera nominado a Knightley pero por “Begin again” en vez de por esta “The imitation game”.

En cuanto a la dirección, ciertamente no me parece para nada algo digno de mención el trabajo del también nominado Morten Tyldum. La cámara está donde tiene que estar, tenemos nuestros planos y contraplanos, transiciones, fundidos… En definitiva, una dirección que merece con todas las de la ley el calificativo de correcta.


Y ahora llegamos a la parte en la que pongo la mayoría de peros en esta película: su guión. El libreto está firmado por Graham Moore, en su primera película y su primera nominación al Oscar. Un guión que estuvo durmiendo el sueño de los justos en los cajones de diversas productoras hasta que Black Bear Pictures le dio luz verde en vísperas de las celebraciones por el 70 aniversario del descifrado de Enigma.

Estamos hablando de un guión que acercándose a una producción similar como “Una mente maravillosa” aúna una historia de superación bigger tan life, un idilio entre los protagonistas, un enemigo invisible, una historia real… En definitiva, un melocotonazo de miedo. El problema estriba en que la historia se cuenta en dos líneas temporales: 1940 con la creación del equipo y las aventurillas de los protagonistas hasta que descifran la máquina y por otro lado 1953 con un policía investigando lo que pasó. Todo lo que ocurre durante la guerra está escrito con garra, con muy buenos diálogos y algunos personajes secundarios geniales (los interpretados por Matthew Goode, Charles Dance o Mark Strong). Pero todo lo que ocurre en 1953 está muy cogido por los pelos, los personajes que investigan a Turing no están bien perfilados y todo está al servicio de un giro final que si estás atento y tienes cierto callo de cine lo adivinarás a los 30 minutos. Es el claro ejemplo de que el que mucho abarca poco aprieta. Si se hubiera quedado solo en la línea temporal del casus belli hubiera quedado un libreto muy digno, incluso no reprocharía a la Academia su nominación, pero el guión final es fallido y sobretodo desequilibrado.


En definitiva, una película tramposa. No tramposa en cuanto a que director y guionistas usan un deus ex machina para dar un giro a la trama –que en cierto modo también, pero no es el punto-, si no que tienen el talento –ya se requiere talento para ello- de llevarte donde ellos quieren: Quieren que empatices con Alan Turning y todo lo que ha padecido. Quieren que te quedes enganchado a la historia de creación de la máquina. Quieren que veas a Turning como un genio visionario… Y ciertamente lo consiguen. No me gustan sus métodos, pero sin duda logran su cometido. Y por ello te digo, si eres de los de  el  fin justifica los medios, sin duda te encantará esta peli.

Licoln


Título original: Lincoln.

Año 2012

Duración: 149 min.

País: EE.UU

Dirección: Steven Spielberg.

Intérpretes: Daniel Day-Lewis, Sally Field, Tommy Lee Jones, Joseph Gordon-Levitt, David Strathairn, James Spader, Lee Pace, Jared Harris...

Sinopsis:

Durante los últimos años de la Guerra Civil americana, el Presidente Abraham Lincoln decide una enmienda que prohíba la esclavitud en los Estados Unidos, pero que supondría alargar la guerra, con la consiguiente pérdida de vidas en la contienda.

Crítica:

Yo admiro al Steven Spielberg director (no al productor de Transformers).
Mucho.
Mucho más que de lo que llegaría a admirar algún día a un Scorsese, un Tarantino o un JJ Abrams.
No en vano fue el creador de varias de mis películas favoritas, entre ellas Tiburón y la TRILOGÍA de Indiana Jones, y es evidente que si algo bueno se puede decir siempre de él es que sabe como rodar una película, cosa que no se puede decir de muchos. No es que sea difícil eso, ya dispone de medios, equipo y se rodea de la gente adecuada para dar un acabado perfecto a sus películas, pero lo que quiero decir es que el hombre tiene un don para saber como darle el toque necesario a un film y que luzca como la estrella más brillante de la cartelera.
Lo malo llega cuando el Spielberg director se le pone entre ceja y ceja el ganar un Oscar, cosa muy habitual, recordemos hace un año Caballo de batalla o con La terminal, y te crea una película, si bien con una factura increíble y con de actores de renombre, que es un aburrimiento, un duerme culos de casi tres horas capaz de desesperar hasta al más paciente, pero que hará las delicias del académico medio. Y este es el caso de Lincoln, que en ocasiones llegó a ofrecerme gentilmente que saliese de la sala en busca de otra película más amena y no un pedazo de ladrillo con diálogos y más diálogos. Entenderme, no digo que componer una película con base en los diálogos sea malo, mitad el cine de Tarantino si no, lo malo llega cuando con tanta palabrería te ves saturado y necesitas un diccionario a tu lado para saber a qué narices se refieren cuando hablan. Y no, no digo que sea poco interesante lo que nos cuentan, al contrario, pero si el guión hubiese sido simplificado hubiese llegado a más gente. Yo lo veo así; para un catedrático de historia norteamericana seguramente sea su película perfecta, pero para el espectador medio que acude al cine a entretenerse (o a aprender algo, de todo hay) solo puede suponer un suplicio comparable a que te taladren el tímpano con una Black&Dekker.
En el apartado actoral encontramos a actores de la talla de Daniel Day-Lewis, Sally Field, Tommy Lee Jones, Joseph Gordon-Levitt, David Strathairn, James Spader, Lee Pace o Jared Harris, que realizan unas actuaciones que se encuentran entre lo mejor que he visto en pantalla, en especial Day-Lewis que es increíble su composición de Lincoln, lo malo es que están al servicio de los mentados diálogos inacabables y de la acción pausada, cosa que hace que no puedas "disfrutar" (que no valorar) de sus interpretaciones. Recuerdo el caso de Gordon-Levitt, en el rol del hijo de Lincoln, Robert, que mi acompañante dijo que lo hacía bien pero que con tanta palabrería estaba para matarlo. No puedo estar más de acuerdo.
En cuanto a la acción y desarrollo de la historia, es cierto que hay escenas de batallas (creo que son tres en total), pero el libreto de Tony Kushner hace que la mayoría se intercalen con las escenas de los políticos discutiendo sobre la liberación de los esclavos, y es una pena que no rebaje los diálogos y meta más acción al asunto, porque aquí Spielberg sí que se hubiese ganado más aplausos de los que llevó. Es de sobra sabido, si no mirad Salvar al soldado Ryan o La Guerra de los mundos, que es en las escenas bélicas es donde encontramos más cómodo al director de Tintín, y donde saca partido a la épica banda sonora de, como no, John Williams.
Ya para finalizar, recomendar única y exclusivamente esta película a la gente que disfrute plenamente de los (interminables) diálogos cargados de épica.
Para los demás, mejor que veamos la de Django.