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Enamorarse (1984) de Ulu Grosbard

No lo llames amor, llámalo idiotez.

Oficinas de Paramount. Jueves 12 de mayo 1983. 12:08 PM.

- Eh, Mick (Michael Eisner) mira qué día es hoy.
- Sí Mike (Michael Cristofer). Tenemos que ir apretando, que dentro de nada es temporada de premios y necesitamos una película que haga correr ríos de orgasmos entre los críticos...
- ...y espectadores.
- Y espectadores, claro está. ¡El yate no se paga solo!
- Pues mira, hace un tiempo escribí este guión que me rechazaron los de Fox y Warner, pero tiene bastante potencial...
- ¡Las brujas de Eastwick! ¡Buena idea! Se lo ofreceremos al de Mad Max.
- No, ese mejor cuando nos de el visto bueno Cher. El de abajo.
- ¿Enamorarse? ¿De qué va?
- Pues de dos personas que intercambian por error unos libros y poco después descubren que viajan en el mismo metro. Poco a poco irán enamorándose.
- Amm...¿pelín visto ese punto de partida, no?
- Lo que no te he dicho es (agárrate) ¡Ambos están casados!
- Me recuerda a Breve encuentro...
- ¡No! Es decir, se parece...pero no lo es.
- ...es decir, habla sobre el adulterio.
- Bueno, sí pero no, ambos se enamoran como te he dicho.
- Unos cuernos son unos cuernos.
- Sí, pero...
- Calma, aunque no haya escenas de folleteo, me has convencido.
- Bien (arranca una hoja del guión).
- ¡Haremos de Enamorarse una de las sensaciones de la temporada! A ver... ¿A quién tenemos en nómina para dirigirla?

- Pues deja que mire la agenda ... ¿Alan Alda? ¿James Bridges? ¿James L. Brooks? ¿Sidney Lumet? ¿Robert Redford? ¿Woody Allen? Uy, ese último mejor que no.
- Nah, muy caros todos ellos. Necesitamos a alguien que nos haya conseguido un taquillazo y a la vez sea asequible.
- Pues déjame pensar...¿Ulu Grosbard?
- ¿Quién?
- El de Confesiones verdaderas.
- ¡Ah! Pero ese tío es muy "especialito". Estoy seguro que no querrá dirigirla y si la dirige seguro que luego está once años sin dirigir nada más.
- Entonces le ofreceremos un reparto de los buenos. Lo que no gastamos en director lo gastamos en actores, total, estamos en los 80 y todavía los actores atraen a las masas.
- Cierto, cierto ¿En quién habías pensado?
- De Niro.
- Ese italiano...
- Calma, calma... Se lo enseñé y flipó con el primer borrador. Se ha preparado a conciencia el papel. ¡Hasta se ha hecho tarjetas de visita con el nombre de su personaje!
- Ok, pero las tarjetas no las quiero.
- Vale. Ahora el rol femenino...
- (A la vez) Meryl Streep. Oscar asegurado (risas).
- Entonces decidido; Meryl y Bob en los principales, además metemos de secundarios a Harvey Keitel y a Dianne Wiest. Incluso puedo convencer a todos de que se bajen el salario y así rodar en Nueva York.
- Conforme. Eso sí, quiero que en el cartel los nombres de esos dos sean más grades que los del propio título.
- Menudo melocotonazo tenemos entre manos.
- Lo sé. Lo sé.


Oficinas de Paramount. Martes 2 de febrero 1985.


- ¡No nos hemos comido ni un torrao!
- Calma Mick, suelta ese extintor.
- Te voy a machacar...¡Potencial! Me dijiste que tenía potencial! Masacrados por la crítica y por el público ¡Y lo peor de todo es que ni nos han nominado en los Oscars!
- Pe...pero Mery ganó el Donatello a mejor actriz y Robert el Sant Jordi a mejor actor...
- ¡Y vienes a recordarme eso!
- ¡¡SOCORRO!!

ESPECIAL NAVIDAD. DIA 18: "Gremlins" (1984) de Joe Dante.


DIA 18: Bombón con bicho dentro

Todos en pie, que la cosa se pone seria. Estamos ante una de esas películas que si no apareciera en esta maratón una turba furiosa armada con horcas y piedras atacaría mi casa… y con razón. No es otra que “Gremlins”, la obra maestra –así, sin concesiones- de Joe Dante.
Antes que nada decir lo bien que ha envejecido esta peli. Esos personajes característicos, ese tempo narrativo, esa falta de explicación sobre el origen de los mogway, y sobretodo esos muñecos. Ahora podrían hacer bichos con más movilidad, pero nada sería más bonico que ese Gizmo canturreando junto al teclado. Los treinta años pasados desde su estreno, hacen que se coja la película con más ganas, tratando de revivir el momento en el cual la vistes por primera vez.



Porque ya treinta añazos han pasado desde que la gizmomania con sus peluches –algunos más grandes que el Gran Khali- apareciera. Estamos hablando de 1984, un año que para el cine de aventuras y de género tiene que ser recordados como quizás el más importante. Esto no es solo hablar por hablar, ya que de este año son títulos como: “Terminator” de James Cameron, “Los cazafantasmas” de Ivan REitman, “Karate Kid” de John G. Avildsen, “La historia interminable” de Wolfgang Petersen, “Pesadilla en Elm Street” de Wes Craven, “Dieciseis velas” de John Hughes o “Indiana Jones y el templo maldito” de Steven Spielberg entre muchísimos otros clásicos.
La historia de “Gremlins” nos sitúa en un idílico pueblo norteamericano durante una nevada Navidad. En este pueblo viven los Peltzer, una familia de clase media cuyo pater familias es un inventor con problemas a la hora de pulir sus creaciones, y que sobrevive por el sueldo del hijo, Billy, que trabaja en una Caja de Ahorros. En uno de sus viajes, el padre le trae a Billy un regalo para Navidad, una mascota adquirida en una tienda de antigüedades china: un mogway. El bichito trae consigo una serie de responsabilidades: No mojarlo, no exponerlo a luces potentes y no darle de comer después de medianoche. Pero cumplir estos parámetros no será tan sencillo, y la cosa se saldrá de madre causando el caos en la otrora idílica población.



Esta historia, se basa –como bien explica en el film el personaje de Murray Futterman- en una leyenda urbana de la primera mitad de S.XX, que explicaba los fallos del aparataje no por oxidación o errores de diseño, si no porque hay bichos –gremlins- que se encargan de cargarse dichos aparatos. Cogiendo esta idea, y uno de los episodios más reconocidos de “La dimensión desconocida”, Chris Columbus – guionista posteriormente reciclado en director y creador de los libretos de otros dos clásicos del cine familiar como “El secreto de la pirámide” de Barry Levinson o “Los Goonies” de Richard Donner- creó una película basada sobretodo en unos personajes llenos de matices y un humor negrísismo, tanto que en un primer visionado –y más siendo niño- pasariá completamente desapercibido.
Dirigiendo a la orquesta tenemos a uno de los llamados artesanos de Hollywood, Joe Dante. Un director que casi siempre se ha visto dirigiendo películas con toques fantásticos, y siempre dejando sus señas de identidad: una cámara sin alardes pero firme y un sentido del ritmo que muchos directores de blockbuster actuales ya desearían.
Junto a director y guionista, debemos citar alguno de los actores de esta película que otorgan corazón a la misma no dejándola tan solo como una peli con muñecos. Como protagonista tenemos a Zach Galligan, un actor que se las prometía muy felices pero se quedó encasillado como Billy. Junto a él tenemos a Phoebe Cates cambiando de registro en contraposición a su papel en “Aquel excitante curso”. Y con ellos, un elenco de secundarios, entre los que destacaría a Dick Miller –actor fetiche de Joe Dante- como el vecino conspiranoico, a Polly Holliday como la desagradable Ruby Deagle y a Judge Reinhold como el trepa que le quiere levantar la novia a Billy.
Junto a los tres puntales citados en los párrafos anteriores, quisiera citar la música y los efectos especiales. La partitura de la película de John Williams, sobretodo la fanfarria cuando los gremlins entran en escena te tendrá tarareando todas las navidades. Y en cuanto a sus efectos especiales, diseñados por Chris Wallas, tienen una pátina clásica que podría igualar su trabajo en esta cinta al de otros grandes –cada uno en su estilo- como Rob Bottin en “La cosa” o Ray Harryhausen en “Jason y los argonautas”.


En definitiva, una de las pelis navideñas que aparecen en cada lista que se precie. A prueba de bombas, a pesar de sus tres décadas y con un humor que sería impensable en una película para toda la familia hoy día. ¡A disfrutar!

Feliz cumpleaños vieja amiga



El Artistic Metropol celebra por todo lo alto el treinta aniversario de "La Historia Interminable".

Narrar con palabras lo que significa para mí el haber podido estar frente a frente a lo que fue y es un icono de mi infancia, es una tarea imposible. La sensación entre alegría y respeto que supone estar junto al Comepiedras (más bien con su cabeza), al que siempre le acompaña esa expresión bobalicona, casi sonriente, y unos ojos azules que han visto tantas, pero que tantas cosas maravillosas en el taller de su padre y leyenda viviente de la historia cinematográfica:

Colin Arthur.

Este Señor (en mayúsculas) de sonrisa afable y siempre presto a echar una mano en lo que se pueda, es una de las mejores persona que he tenido el placer de conocer desde que vengo al Artistic, además, pocos pueden decir que el creador del Mítico Fujur le ha invitado a una cerveza mientras charlabais sobre futuros proyectos y de la vida en general. Un Grande.

Del film...¿qué puedo decir del film? Una maravilla. Una épica infantil (y a veces no tan infantil) que nos hace soñar nuevamente con Dragones de la suerte, emperatrices, indios guerreros y a soñar al fin y al cabo. De eso se trata, ¿no?
Muchos criticaron en su momento que se queda corta en cuanto lo comparamos con el libro original de Ende, las licencias tomadas y lo infantil que era en según qué parte...y bueno, en parte es cierto, sí, pero en su momento hubiera sido difícil en condensar en hora y media todo lo basta y rica en detalles que es la novela, más aún al tratarse de un film destinado al público infantil que has de cortar partes para agilizar la narración y añadir licencias para que se pueda seguir mejor. Con todo, escenas como la muerte de Artax en los pantanos de la tristeza, la persecución y pelea contra el siniestro G'mork o las Esfinges a día de hoy siguen resultando igual de estremecedoras, y otras como el encuentro con el Comepiedras y Fujur/Falcor que son emotivas a más no poder.
Sin más que añadir, solamente desear que no le deis muchas vueltas, os dejéis llevar y sigáis soñando en volar a lomos de un Dragón de la suerte, porque soñar es gratis.
¡¡POR TREINTA AÑOS MÁS!!



Rincón Misingno: Howard...un nuevo héroe (1986)



Con el estreno hoy en salas de la ultramegahiperesperada Guardianes de la galaxia de James Gunn, con uno de nuestros McFlys haciendo de árbol, y dado su eslogan, "todos los héroes tienen un pasado", quisiera hacer memoria y hablaros del pasado. concretamente de uno de los momentos más bajos por los que pasó la productora Marvel a mediados de los ochenta, antes de esta que pudiera limpiarse el culo con fajos de billetes de quinientos por sus éxitos editoriales y visuales, y que entonces vendía su culo al mejor postor. 
Os hablo de Howard...un nuevo héroe.

Hablar del film sobre Howard el Pato, sería hablar de uno de las mayores cagadas, y a la vez de uno de los mayores aciertos orquestados por el Hollywood reciente. 
Me explico.
Todo el mundo conoce que la existencia de este film se debe sobretodo al cabezón...perdón...a la cabezonería del director, guionista y, en esta ocasión, productor George Lucas, que quería hacerse una nueva saga de películas Sci Fi, para, ya sabéis, forrarse de manera obscena, sólo que en esta ocasión quería partir del cómic de culto Howard, the Duck, creado en 1973 por Steve Gerver y Val Mayerik. Más o menos los que hizo con El Cuarto Mundo de Jack Kirby cuando lo "adaptó" para hacer Star Wars, sólo que pagando los derechos esta vez, cosa que no le resultó para nada difícil, por raro que pueda sonar eso. Recordemos que estamos a mediados de los ochenta; Marvel vivía en sus carnes una crisis económica ininterrumpida y todavía quedaba mucho para que se convirtiera en la megavorporación que es a día de hoy, así que Stan Lee y compañía vendieron prestos los derechos al rechoncho autor para que hiciera lo que le viniera en gana con el malhumorado plumífero. Y por desgracia, así hizo.
Para tal maña tarea, Lucas, que en un principio quiso que fuera John Landis el director del film, se rodeó de un equipo técnico de total confianza, puesto que ya habían colaborado con él de una forma u otra en sus anteriores trabajos. Destacaba sobretodo una división de Apple que se encargó de los efectos especiales y que no acabaron muy satisfechos con su trabajo por las prisas y los continuos cambios de calendario que hubo a lo largo de la producción. Quedáos con ese dato. El resto es historia; las aventuras de este pato antropomórfico llamado Howard, que por culpa de un error científico viajaba a la tierra y se acababa convirtiendo en un héroe, fue un total y absoluto fiasco tanto en taquilla (se estima que costó casi cuarenta millones de dólares que no llegó ni a cubrir su resultado global), como en público, que se quejaba de lo infantil que resultaba a veces, y en otros momentos ver como un pato se lo montaba con la madre de Marty McFly (grande esa escena por cierto). Lo cierto que poco se pudo sacar en claro de este film. Lucas decidió dejar la producción a un lado y centrarse en ciertas precuelas (sic), y esa división de Apple, la que hizo los Efectos Especiales, con un tal John Lasseter a la cabeza, poco después se separó del amparo de Steve Jobs (aunque eso no está del todo claro), se acabó por anexionar a Disney y se acabó convirtiendo en Pixar Estudios. Ahí es nada.

Ya hablando del film, lo cierto es que si quitamos que a ratos su trama resulta de un infantil que tira para atrás, y en ocasiones de un adulto que atrae (la escena del condón, mítica e impagable), o que el director no tuviera idea de rodar escenas de acción, como bien demuestra en los compases finales de la cinta, y sobretodo que este Howard NO es el de los cómics al no tener ese marcado humor socarrón y paródico que era la obra de Gerver, lo cierto es que nunca peca de ser una película aburrida, y si se ve en compañía (nada de infantes), las cotas de diversión alcanzan la estratosfera. Ver cuando Howard llega a la tierra y choca con los habitantes terrestres, si bien se ha visto mejor resuelta en otros films, sigue haciendo gracia.

En cuanto a los actores, sólo Lea Thompson puede salvarse de la quema con un papel en el que realmente se ve que se lo está pasando pipa, ya que el resto de interpretes están en piloto automático o...son Tim Robbins. Sí, Tim Robbins, el ganador de un Oscar, el reconocido actor hace aquí una interpretación que de haberla visto los de la acanemia antes de darle la preciada estatuilla, le hubieran dado con ella en la cabeza hasta que perdiera el sentido. Su culmen es ver como se comunica con el Pato mediante sonidos que harían sonrojar a Donald. Para matarlo.

El director y guionista Willard Huyck, que venía "enchufado" por Lucas tras escribir los guiones de American Graffiti e Indiana Jones y el templo maldito, no volvió a sentarse en la silla de director, y tampoco hizo mucho más tras la cámara. Su único trabajo posterior data de 1994 y es una colaboración en el guión de Asesinatos en la radio, en la que también contaba con Lucas de mecenas. Supongo que tal abandono de la profesión se debió a que el bueno de Huyck acabaría escarmentado tras finalizar un rodaje que acabó siendo un auténtico infierno, o que el director de Star Wars le pagó un gritón de dólares para que se ocultara bajo una piedra, (porque quemar/enterrar las copias del film le saldría muy caro), y así olvidarse del batacazo sufrido. Apuesto que eso último fue lo que pasó.

En resumidas cuentas, pese a ser en el algunos puntos una auténtica y soberana gilipollez (Tim Robbins), y que ni tan siquiera el director sabe a qué público va dirigida, lo cierto es que la película dentro de sus limitaciones es bastante entretenida, tiene a una Lea Thompson más carnal que nunca y se te pasa volada gracias a que nunca dejan de sucederse cosas en la pantalla. La mayoría chorradas, pero cosas al fin y al cabo.

Ojalá llegue un día en que Marvel nos traiga una película en condiciones, llena de humor negro que es su insignia. Si se ha hecho con los guardianes, ¿por qué no con el bueno del pato Howard?

Hasta entonces...¡LEED LOS CÓMICS!

Nota: 5