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Aquarius (1987) de Michele Soavi

Pezqueñines no gracias, debes dejarlos morir.

También conocida con los títulos Delira o Stage Fright (no confundir con el coñazo homónimo de 2014), narra la historia de una compañía de actores que durante una noche es asediada por un psicópata el cual se enfunda una máscara de lechuza.
En el reparto encontramos muchos rostros conocidos del cine de explotación italiano y que particularmente cumplen a la perfección como carnaza (¿para qué pedir más?). Destaca entre todos ellos Giovanni Lombardo Radice, llamado para la ocasión John Morghen, y destaca no por su interpretación, sino por su carrera. Echando un ojo a su ficha en IMDb, Lombardo acredita papeles en films como (agarraos) Cannibal Ferox, La profecía, Miedo en la ciudad de los muertos vivientes Gangs of New York entre otras. Ahí es nada.
Dirige con su pulso habitual el milanés Michele Soavi, autor entre otras de ese maravilloso delirio llamado Dellamorte Dellamore (1994) - una adaptación del cómic de Tiziano Sclavi con Rupert Everett como protagonista - y de una película olvidada pero bastante entretenida llamada The Church (1989). A parte de director, aparecía en roles casuales tanto en películas ajenas - el desfigurado que reparte las entradas en Demons - cómo en propias reservándose en esta un pequeño papel. Hoy en día, y casi en sus sesenta años, sigue en activo con una producción centrada en la televisión italiana.
Aquarius pese a ser un film bastante dinámico en su conjunto, peca de lo mismo que pecaron muchos de los slasher facturados en los setenta y los ochenta: un ritmo pausado hasta la mitad para dar paso un desenlace que se pasa volando, sobretodo porque caes en la cuenta que a la hora de película ¡sólo queda viva una persona y el asesino! Con todo, la película está bien rodada, con un uso de las perspectivas bastante trabajado, se disfruta lo suyo y hay la suficiente casquería para contentar al fanático del gore.
Como curiosidad decir que acreditado como guionista del film aparece el grande George Eastman (Gomia).

Sataembre: Demons 2 (1986) de Lamberto Bava



Tras un parón de casi una semana, vuelve el Satamenbre con una de las películas sobre "El maligno" que más rabia me han dado a lo largo de mi corta historia cinéfila: la segunda parte de la saga Demons.
Con el título original de Dèmoni 2... l'incubo ritorna
dirigida, esta secuela fue rodada dos años después de la original, y está nuevamente dirigida por un Lamberto Bava poco en forma, que secunda a Dario Argento en la escritura del guión, que esta vez nos traslada del cine Metropol a un complejo de apartamentos Hi Tec, escenario donde los diablillos darán rienda suelta a sus "buenas costumbres".
Pinta bien, ¿no? Pues no.


Demonios del todo a cien

Tras una fiesta de cumpleaños, un moderno complejo de apartamentos es invadido a través de la televisión (¡A!), por un grupo de demonios que van convirtiendo a los ocupantes del inmueble en sus iguales a golpe de mordisco. Los pocos supervivientes que quedan deberán emular a John McLane si quieren escapar de esa "jungla de cristal".

Si ya el punto de partida resulta descolocador, recordemos que la original acababa con la ciudad sumida en el caos por culpa de los demonios, empeora cuando vemos como en este caso no es la máscara la que provoca la infección demoníaca, si no una televisión  corriente y moliente en la que ponen la película que se veía en la original y de donde sale uno de esos demonios. Es decir, ¿todos los que estén viendo la película les saldrá un demonio de la pantalla? ¿es sólo en ese bloque o es generalizado? ¿tanto les costaba poner la dichosa máscara? Vale que la original de argumento iba justa, pero al menos tenía un mínimo de coherencia.
Si Bava en la primera parte mostraba una energía y una pasión por el cachondeo contagiosa, en esta apenas se le nota ni un ápice. Se le ve como desganado, avanzando la trama mediante muy pocos giros de guión y tramas secundarias que elimina de un plumazo - la prostituta, el niño que está solo en casa, el no novio de la del cumpleaños... -, además, la manera de cómo está filmadas las escenas, cortadas a la mitad la mayoría y desperdigadas sin ton ni son a modo de sketches, hacen que nuestra atención decaiga hacia mínimos.

Para rematar la jugada, tenemos una conclusión en los estudios de televisión, en la que Argento y Bava alcanzan ya el culmen del PQC en un enfrentamiento final entre los protagonistas y unas pantallas de televisión, el cual acaba resultando una escena tan anticlimática como loca (repito, pantallas-de-televisión) que sólo sirve para preguntarte qué clase de opiáceo consumirían estos para la elaboración del guión. La puntilla viene con un happy ending más edulcorado que un capítulo de los Pitufos.Por cierto, el mensaje de LA TELE ES EL MAL que se nos lanza sólo le faltan neones rojos y azules para poder destacar más.
Al menos en lo referente a los efectos especiales creados por Giacinto Bretti y Rosario Prestopino, se ve que les dedicaron más tiempo que al guión, y tanto la caracterización de los demonios como de los enfrentamientos de los supervivientes contra estos están resueltos de manera satisfactoria. Destaca por méritos propios la batalla final en el garaje, donde se acumulan los mejores momentos de la cinta y en el que vemos a un Bava más cómodo.

Los actores no dejan de ser meras comparsas del delirio generalizado de la cinta, incluso vemos cómo repite Bobby Rhodes esta vez en el papel de un monitor de gimnasio en vez de proxeneta (lástima). Salvo el mencionado Rhodes, el resto del reparto están para matarlos de lo mal que lo hacen. Es cierto que no ayuda que sus roles sean de un arquetípico que tira para atrás, pero joder, es vergonzoso ver a un tipo como David Edwin emulando a un héroe de acción de los ochenta
Como curiosidad, casi cerca del final podemos ver a una jovencísima Asia Argento en su primer papel, antes de convertirse en la Mujer que todos amamos.

En resumidas cuentas, si la original de la que partía es medianamente una locura graciosa y sin apenas pretensiones, aquí Bava se pasa de vueltas y nos da un producto que peca de pretencioso, mal dirigido, peor interpretado y en donde el guión...¿qué guión?

No es una película terrible, os aseguro que hay mil peores y las reseñaré, pero sí se ve que el tándem Bava-Argento empezaba a flojear de la peor de las maneras.
Mil veces mejor la primera.


Nota: -666

Semana Santa McFlyera: Bud Spencer y Terrence Hill


No os confundáis pequeños McFlys, el auténtico significado de la Semana Santa no es el calvario de Yisus o como Moisés rescató a los judíos de las precarias condiciones de trabajo ofrecidas por los egipcios.
No. 
Era ver a estos dos máquinas repartiendo justicia a base de mamporro, ya fuera en Miami, el oeste o al lado del Calderón. 

Lástima que ya apenas se programen las Pelulazas de estos dos Grandes, pero que desde aquí damos nuestro más sentido homenaje.