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ESPECIAL NAVIDAD. DIA 24: "La jungla de cristal" (1988) de John McTiernan.


DIA 24: Bombón de crema irlandesa con fuegos artificiales.


Los setenta fueron los años de nacimiento del concepto antihéroe cinematográfico con figuras como Harry Callahan, Travis Bickle o Rocky Balboa. Pero fue en los ochenta donde eclipsaron a los héroes clásicos de toda la vida, como podemos ver en los personajes de Snake Plinsken, Mad Max o Martin Riggs. Pero el más famoso de todos y el que más ha transcendido es el que hoy nos ocupa: John McClane en su  “Jungla de cristal”, la película de acción navideña por excelencia.
La historia es conocida por todos. John McClane es un policía de Nueva York –con todo lo que ello conlleva- que va a Los Angeles en Navidad a visitar a su familia, la cual se mudó allí porque la madre encontró un trabajazo en una multinacional. McClane decidió quedarse en N.Y. por lo que la relación está muy tirante. La primera parada de John es en el Edificio Nakatomi, donde su mujer trabaja y donde están haciendo la fiesta de empresa. Pero todo se ve alterado cuando unos –en apariencia- terroristas aparecen. McClane se verá forzado a detenerlos.



Si hay algo por lo cual esta saga ha ido más allá que otras es por el carisma tanto de su actor principal como del personaje. John McClane no es el tío más en forma del mundo, ni el más valiente, ni siquiera es el policía más eficaz del cuerpo… pero estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Y es esta naturalidad la que hizo que muchos nos identificáramos con este señor con entradas y en camiseta imperio –o de maltratador- que debe luchar por su vida mientras trata de encontrar unos zapatos de su talla.
 Por su parte Bruce Willis cogió un personaje que estaba escrito para Arnold Schwarzenegger y lo hizo suyo. Para la gran mayoría de los aficionados Bruce Willis y y el irlandés John McClane son la misma persona. Claro, para nosotros a día de hoy Willis es un nombre asociado a films de acción, con cintas del calado de “El último Boy Scout”, “Armageddon” o “El quinto elemento”. Pero debemos recordar que el actor que puso de moda a los calvos venía de la comedia con series como “Luz de Luna” o películas como “Cita a ciegas”. ¿Quién diría que ese señor que daba tan bien las réplicas a Cybill Shepherd y Kim Basinger iba a convertirse en el reparte ostias oficial de toda una generación? Es como si a día de hoy Jason Segel se convirtiese en el nuevo Jason Statham…Una locura de esas que pasan una vez en la vida.
Pero Willis no es lo único destacable del film, ya que junto al héroe brilla con luz propia un villano: Hans Gruber interpretado por un novato Alan Rickman. El actor inglés nos sorprende introduciendo en una película de acción de la era Reagan a un malo más propio de los films de James Bond: el malo elegante. Un tío de punta en blanco, capaz de recitar textos clásicos, pero que no se achanta a la hora de cargarse a alguien a quemarropa.




Junto a unas actuaciones ejemplares tenemos una dirección que funciona como un reloj. Detrás de la cámara tenemos a John McTiernan, responsable de obras maestras del género como “Depredador”, “Jungla de Cristal. La Venganza” o “El guerrero número 13”. Es un director especializado en dar cabida en pantalla a grandes repartos y a rodar largas escenas de acción de la forma más clara posible. Aquí no hay una cámara loca ni mil cortes por segundo. Podemos sentarnos tranquilamente y seguir un tiroteo en la tradición del mejor John Woo.
Junto a la dirección tenemos un guión de hierro, escrito al alimón por Jeb Stuart y Steven E. de Souza, basado en la novela "Nothing Lasts Forever" de Roderick Thorp. Este libreto nos regala lo que vendrá a ser el ABC de las películas de acción de finales de los ochenta y toda la época de los noventa: Por un lado personajes secundarios cachondos, y cuanto más negros mejor, como  el Sargento Powell o el chofer Argyle. Por otro lado, un perfecto equilibrio entre las escenas de acción y las conversacionales, para que el ritmo no decaiga. Y por último una serie de chascarrillos y frases para que se queden en la memoria del espectador. Y de esto último, “La jungla de cristal” es un claro exponente ya que tenemos frases como “Yippi ka yey hijo de puta”, “Ho ho ho, ahora tengo una metralleta” o “Si es asi como pasa la Navidad, yo no me pierdo el año nuevo”.

En definitiva, una película que se ha de ver si o si. Todo un ejercicio de estilo y una lección sobre como crear una cinta de acción intergeneracional que no ha envejecido ni un ápice desde aquel lejano 1988. Porque unas Navidades sin John McClane, no serían unas Navidades completas.

ESPECIAL NAVIDAD. DIA 16: "Love actually" (2003) de Richard Curtis.


DIA 16: Bombón extremadamente azucarado.


Se acabaron los dibujos animados, volvamos a la acción real. Y dejemos un poco de lado a los norteamericanos para volver a Europa, a Inglaterra para ser más precisos, y abordemos una de las comedias más importantes de principio de siglo: “Love actually” de Richard Curtis.



La película narra el mes de Diciembre de una serie de personajes que tienen tres cosas en común: La primera es que o son británicos o tienen mucho arraigo con la pérfida Albión. El segundo punto sería que están en medio de una historia de amor durante la Navidad. Y el tercero es que de una forma u otra todos tienen relación de no más de dos grados de separación entre ellos.
Entre estas historias podemos encontrar un viudo con un hijo con problemas, un matrimonio consolidado que se desmorona, al Primer Ministro tratando de ligarse a una de sus secretarias o una estrella del rock que busca su último éxito. El verdadero origen de esta ensalada de personajes viene de la caja de zapatos donde Richard Curtis –guionista antes que director- tenía diferentes borradores para varias futuras películas. Y un día harto de no poder darles las 120 páginas de rigor pensó: ¿Por qué no poner a todas estas personas en Navidad en la misma ciudad? Y en mi opinión la cosa ganó mucho, ya que aunque algunas  historias darían para película hay otras que quedan mejor como comparsa.



Como podéis sacar del párrafo anterior, uno de los puntos álgidos de la cinta es su guión. Richard Curtis sabe cuándo es el momento de cambiar de una historia a otra, tiene el don de dejar una historia en su punto álgido y luego volver a retomarla sin que el interés por parte del espectador decaiga. El británico conoce los mecanismos para que la trama vaya creciendo poco a poco, enredándose unas con otras sin desentonar, y terminando en un final casi perfecto que te hará soltar una lagrimita de felicidad.
Otro punto importante son sus actuaciones. Es simpático ver esta película once años después y seguro que no pararás de decir: ¡Si ese es el poli de “The Walking Dead”! ¡Mira, el de “12 años de esclavitud”! ¡No me acordaba que salía el malo de “300”!. Y así sin parar, porque el casting por un lado se aprovecha de poner caras conocidas –al menos en ese momento en U.K.- como Liam Neeson, Bill Nighy, Hugh Grant o Colin Firth; junto a caras nuevas –en 2003- que ahora copan premios y papeles principales en pelis o series - Martin Freeman, Keira Knightley o Thomas Brodie- Sangster- que aportan desparpajo a sus personajes.

En definitiva, una clásico navideño moderno. Una película que tiene todos los tópicos posibles sobre las fiestas y los sentimientos que estas desprenden, pero que sin duda gustará a todo tipo de público, ya que si no te toca aunque sea una de las historias: mejor ve al médico ya que tendrás un corazón más pequeño que el del Grinch.