La asistenta (2025) de Paul Feig

 

Dos, eran dos.

El Grand Guignol de andar por casa.

Una joven de turbulento pasado (Sydney Sweeney) entra a trabajar como asistenta en la típica tópica casa de una familia acomodada (Amanda Seyfried y Brandon Sklenar) donde tendrá que lidiar con los cambios de humor de la matriarca, la cual intentará convertir su estancia en esta, aparentemente, utopía un infierno surrealista. 

Si algo bueno se puede decir de esta adaptación de la novela homónima (que no he leído), es que desde el comienzo de esta ya te la está jugando con la identidad de la protagonista, de quien sabemos pinceladas para luego ir por otro lado, siendo esto la tónica general de una historia que da más giros que Sonic en el nivel de Green Hill, convirtiéndose en poco en un ejercicio de a ver qué pasa a continuación. Y vaya si cumple, porque cuando se destapa todo pasamos del drama rutinario de una peli de tarde a un émulo de Martyrs donde el body horror y la hemoglobina hacen acto de aparición sin mesura ninguna. 

Cierto es que todos los implicados en la cinta saben dónde están; desde un Paul Feig, un director al que se le ve muy suelto situado en el suspense tras las dos entregas de Un pequeño favor, a unas protagonistas que aportan carisma y presencia como es la dupla formada por Seyfried-Sweeney quienes la hacen suya desde el careo de la primera escena, pasando por escenas que en principio parecen un sin sentido - como la habitación con llave, donde se desarrolla clímax de la historia - pero cuando ves que todo encaja en ese universo que se nos ha planteado, pues sí, es un goce. Y siento repetirme, pero eso le da el toque diferencial ante un telefilm de media tarde, o peor, ser tan fría como La chica del tren, que es en lo que podía haber caído de manera estrepitosa.
 
En resumidas cuentas, un buen disfrute que se hace tan distraído como interesante. Sus casi dos horas apenas se hacen pesadas consiguiendo que cada pirueta argumental sea recibida con gusto máximo. Si hacen la presumible secuela, y conservan ese toque, ahí me tendrán.  

Anaconda (2025) de Tom Gormican

 


La recuela que Hollywood no se atrevió ni a soñar.

Unos amigos de la infancia, a cada cual más decepcionado con su vida adulta, deciden apostarlo todo tras envalentonarse durante el visionado de una cochambrosa película casera que hicieron en su etapa púber, e irse al Amazonas a rodar una nueva versión de su filme favorito: Anaconda (1997, Luis Llosa).
Ya allí descubrirán que no todo es tan fácil y el concepto jodido se quedará corto cuando una bicha del tamaño de una película de Asylum haga acto de presencia y decida ser la estrella de la filmación.

Vale, Tom Gormican (acompañado otra vez de Kevin Etten al guion), si ya te tenía respeto tras esa oda a la efigie de Nick Cage llamada El insoportable peso de un talento descomunal (2022), ahora mismo tras el manotazo que has metido a Hollywood con tu versión de las monster movies noventeras te has ganado mi fidelidad hacia tu obra, hasta el punto de perdonarte la participación en Axel F. (2024). Porque si algo que esta Anaconda hace, y hace muy bien, es amar lo que cuenta, es decir, el cine, mientras se ríe de todos esos tropos que han llevado a la industria del entretenimiento al punto muerto de deficiencia creativa que lleva arrastrando desde hace unos años, como son una imaginación limitada a empachar al espectador sin que este tenga tiempo de procesarla y una creencia férrea a que la nostalgia en cadena de montaje vende entradas. 
Sí, Jurassic World: Dominion, te estoy mirando a ti.

Por otro lado de la mesa, tenemos a un grupo de intérpretes que, siendo sinceros, su hábitat natural es la comedia; desde un hilarante Paul Rudd, que es una parodia del actor que no ha sabido ir a más por sus ínfulas, a  un Jack Black, bastante comedido para sorpresa de muchos, como realizador frustrado que se gana la vida en BBC (Bodas Bautizos y Comuniones) para su frustración, pasando por unos más que cumplidores Thandiwe Newton y Steve Zhan quienes contra todo pronóstico se lucen bastante interpretando al love interest y al alivio cómico respetivamente.

¿Ant-aconda?

Aunque remarco lo que decía al principio, lo mejor de esta película es su sentido cariño hacia el cine - se puede ver en la escena del cumpleaños del personaje de Black, donde cada uno se deshace viendo la cinta que da pie a la acción - y que nos hace querer que estos perdedores consigan hacer su película, pero también que pasen las de Caín mientras tratan de dar la claqueta final sin ser devorados por una sierpe kilométrica. La verdad sea dicha, la serpiente acaba siendo accesoria dentro de la narración, pero no por ello sobra ya que nos da momentos de tensión que hacen que la coña verbenera se rebaje un poco de la trama para no cargarla.

En resumidas cuentas, Anaconda consigue funcionar como parodia pero también como homenaje gracias sobre todo porque Gormican se maneja a las mil maravillas combinando géneros sin que ninguno tape al otro. Eso sí, se podrían haber traído a David Hasselhoff para cierta escena.

Una muy divertida manera de comenzar este 2026 que promete ser incluso más caótico que este rodaje.

Megalodón 2: La fosa




Ese perro te importa más que tres horas de Oppenheimer
"Asylum, te gané"


"Película veraniega: The Movie"

Tras los acontecimientos de la primera parte, que se resumen en cinco frases y muchos "como la otra vez", nuestro equipo de aventureros encabezado (je) por el calvo mazado y ecologista a tiempo parcial favorito del público, Jason Statham, vuelve a internarse en la mar infestada de escualos jurásicos, pero (cuidadito) ahora tendrá que vérselas con nada menos que ¡TRES! bichos de esos más alguna sorpresilla más, incluido un mercenario de procedencia latina desconocida, aunque estoy 100% seguro es que aprobó al Salir de Clase (Sergio Peris-Mencheta). Es decir, lo que viene siendo la otra película pero como debe de ser una buena secuela, ofreciendo lo mismo pero multiplicado hasta el delirio.

Retomamos de manera momentánea desde varios años sin actividad en el tráfico (contrabando si eres feijoo) de esta página porque este verano tan loco a nivel cinematográfico que estamos teniendo lo merece. 

Vaya que sí.

Es cierto que tanto Barbie (2023 de Greta Gerwig) como Oppenheimer (2023 de Christopher Nolan) son muy tentadoras de criticar por ser las piedras angulares que han definido esta época estival - además de reformular lo que entendíamos como marketing cinematográfico a día de hoy con el celebérrimo #Barbienheimer que tan poco ha gustado en tierras niponas -, pero seamos sinceros: no hay verano si no hay película de tiburón y Meg 2: La fosa es ESA PELÍCULA. 

Además que la de Nolan no la he visto, así que a joderse.

Tras las intentonas de productos y subproductos que cada verano copaban la cartelera, y que ojo, funcionar no funcionaban mal a nivel de taquilla, como la reciente Demonio Negro (The Black Demon, 2023 de Adrian Grunberg) , pero digamos que desde la sobresaliente Infierno Azul (The Shallows, 2016 de Jaume Collet-Serra) no teníamos una película de escualos que nos hiciese dejarnos con miedo a meternos al agua, incluso la anterior Megalodón (The Meg, 2018 de Jon Turteltaub) pese a ser divertida quedaba lastrada por una calificación rebajada para llegar al máximo público (China) posible y aun siendo el mismo caso de su segunda parte, diré sin rubor que no solo mejora lo visto hace cinco años, sino que lo supera con creces. ¿Si te dará miedo meterte al mar luego? Cielos, ni de coña, pero vaya si irás con una sonrisa mar adentro aunque te piquen en el culo las medusas.

Lo mejor de MEG 2 es que sabe lo qué es a la perfección. Desde el minuto uno entiende qué debe y no debe de hacer para que, después de una primera mitad más orientada a exponer  ̶l̶o̶s̶ ̶c̶l̶i̶c̶h̶é̶s̶  la trama, se zambulla literalmente en una fosa llena de monstruos sedientos carne humana mientras la la trama avanza subida al carro del terrorismo industrial de patio de recreo, el drama made in China con muertes lloradas a moco y la eco denuncia (leve, que esto no es una película de James Cameron) que nos va preparando el ánimo para su magistral tercer acto donde todo explota por los aires en una fiesta en la Isla Diversión (!) donde todos están invitados al buffet.

¡Estoy seguro de que Piquer Simón estaría sonriendo al ver esta película!

Dirige la cinta un Ben Wheatley el cual se lo debió de pasar muy bien tras la cámara y a quien le adivino un espíritu juguetón que no veía tras Fuego Cruzado (Free Fire, 2016), esa oda a la desmesura, y se le recupera tras el resbalón del remake de Rebeca (2020) también llamado en los mentideros como Kaiser Sosez. Con Statham, más comedido pero incluso comedido es pura fuerza de la naturaleza, se unen Wu Jing quien hace la contraparte china, esto es, a veces llora mucho otras hace mucho el payaso pero le sigue el rimo en molonidad, y Sergio Peris-Mencheta quien tiene otro antagonista memorable para su historial tras su paso por la saga Rambo en su quinta entrega (2019 de Adrian Grunberg) y que aquí es lo que se espera de él: festival de la desmesura. El resto del reparto está ahí, cumple, algunos palman y gracias, aunque bien es cierto que se echan en falta a Ruby Rose y a Bingbing Li quienes por obra y milagros del guion no salen en esta entrega. Una pena.

En resumidas cuentas, una fantabulosa vuelta al mar, una vuelta al despiporre que al menos yo necesitaba para sentir la sangre correr por mis venas. Puro y duro espectáculo que sin ser perfecto mantiene la cabeza bien alta como el blockbuster que necesitamos para pasar estos calores veraniegos.

Y ya si eso hablamos de lo buena que es Barbie en otro momento.

Hatchet 2 (2010) de Adam Green

... y Victor Crowley cogió su hacha. Otra vez.




Tras sobrevivir a una noche inclemente donde ha tenido que ver a sus amigos y familiares morir a manos/hacha del matarife Victor Crowley, Marybeth Dunstan regresa a la civilización donde es captada por el empresario llamado Reverendo Zombie, quien ya aparecía en la anterior y que tiene intereses ocultos por la posesión de ese pantano. A modo de "equipo de rescate", un grupo de catetos armados hasta los dientes comandados por Zombie y a los que se suman Marybeth y su tío, irán al pantano sin esperar que quizás, solo quizás, el hacha no ha dicho su última palabra.

Si en la anterior película teníamos un casting compuesto por actores del género bastante interesante, ahora esa cifra se duplica al darnos a por ejemplo el director Tom Holand (Noche de Miedo), R.A. Mihailoff (La Matanza de Texas III), AJ Bowen (La casa del diablo) o John Carl Buecherl (Fx Re-Animator) entre otros que se unían a los veteranos Parry Shen - en un rol diferente dado que moría su personaje en la anterior, y que esto se acabó convirtiendo en chiste recurrente a cada entrega - y Tony Todd. Quien no repitió fue Amara Zaragoza en el rol de Marybeth, siendo sustituida por el icono del terror Danielle Harris (Halloween 4) quien se quedaría el resto de la saga. Pero sin duda el verdadero protagonista de la cinta es Kane Hodder interpretando el doble papel de Victor Crowley y su padre, siendo en esta segunda parte la que consolidó al matarife como un icono del terror capaz de regar su pantano con la sangre de sus víctimas. Es una delicia verle en pantalla y eso gran culpa tiene el departamento de efectos especiales, los cuales mediante el empleo de métodos tradicionales como son las prótesis y litros y litros de sangre, consiguiendo rizar el rizo y ofrecernos unas muertes que si bien pierden algo de frescura si se comparan con los de la primera entrega, no dejan de ser pura satisfacción gore convirtiendo a los antagonistas en meros monigotes agilipollaos rellenos de sangre a punto de explotar.




Vuelve a la dirección y al guión Adam Green, quien repetiría su labor en todas las entregas de la saga a excepción de la tercera parte al coincidir esta con el rodaje del falso documental Digging Up the Marrow (2014). Se puede apreciar un autoguiño a su anterior film, Frozen (2010), donde vemos en uno de los televisores al personaje de Emma Bell, la cual ha demandado a los responsables de la pista de esquí (¿¡eh!?). 

Sin duda lo más interesante de esta película lo encontramos en que el film comparte el mismo honor que Zombi (George A. Romero 1978) en ser de las pocas producciones sin calificación que fueron capaces de tener un estreno en salas comerciales. Por más que cueste creerlo, esto es debido a que los de la MPAA la calificaron al film como R, lo que suponía un suicidio por esos tiempos, cosa que hizo que sus responsables con Green a la cabeza fueran a una importante cadena de cines con una copia íntegra del film, accediendo ellos a proyectarla sin calificación alguna durante unos días.

Una segunda parte que aún siendo inferior a la primera y tercera entrega consigue resultar entretenidísima gracias sobre todo a su falta absoluta de pretensiones. Ofrece diversión con mucha hemoglobina salpicando/explotando ante la cámara convirtiéndose en pura delicia. 

The Gentlemen. Los señores de la mafia (2020)

Mafiosos a gogó



Foto de familia
Guy Ritchie volvió a la acción y a la vuelto a armar. Pero a la acción de verdad. Y no lo hace solo, viene acompañado de un repartazo encabezado por Matthew McConaughey, Hugh Grant, Colin Farrell o el destacable Charlie Hunnam.

Un capo de la droga con un marcado estilo británico intenta vender su imperio a una dinastía de multimillonarios procedentes de Oklahoma.
A quien no le atraiga esta trama que se lo haga mirar.

La marca de la casa del realizador británico vuelve a estar aquí presente, y tal vez, con más énfasis que antaño, ya que se podría decir que ha vuelto a sus orígenes dada la naturaleza de la historia, tras fiascos como Aladdin (2019) o El Rey Arturo (2017). Con esto, no me refiero únicamente a esa diversión que va ondulando entre lo aristocrático y las continuas referencias al nuevo milenialismo, sino a la ironía del relato en lo argumental, a lo frenético del ritmo y lo histérico del montaje, siendo incluso más traviesa y cinematográfica que otras obras de sus inicios. La narración en off e incluso ese tono, aunque tímido, de cine dentro del cine, le dan un punto muy a su favor a la película. No es el colmo de la originalidad, menos en este subgénero, pero esta llevado mediante una configuración efectiva
McCounaghey gozándoselo

Todo esto, que puede parecer en un principio refrescante o atrevido en su propuesta, es en realidad bastante común dentro de los topics del señor Ritchie, por lo que los asiduos a su cine o a otras tarantinoexploitations la disfrutarán como una más o, tal vez, un punto por encima, no ya por su contenido violento, sino por su calidad de retorno a un estilo.

"¿Yo salía en Nothing Hill?"
En ningún momento decae, todo lo contrario, la cinta mantiene siempre un nivel y es en secuencias más puntuales cuando se torna más atrapante y negra, por lo tanto, más festiva. Los mafiosos insultándose, disparando y liándola son siempre una apuesta segura.


"¿Tarantino? ¿Quién es ese?"
¿Retrógrado? ¿Problemático? Los fans de la cada vez más conocida corriente del “quejarse por quejarse” tienen en esta producción una nueva oportunidad hater de cebarse con el trabajo de un director que siempre se ha encontrado en el punto de mira de muchos, por lo que, no me puedo alegrar más de que el bueno de Guy haya decidido volver a las fuentes de su génesis.

Y puestos a seguir modas, voy a apuntarme yo también con una queja: podría haber sido algo más grosera.