Luger (2025) de Bruno Martín

 

Menú del día en el polígono

Acción, risas, costumbismo y muchas hostias.

Dos amigos se ganan la vida como chicos para todo para una amoral abogada, la cual les encarga el recuperar el coche de un cliente con mucho que ocultar. Lo que a priori parece un trabajo fácil, entrar y salir del polígono más grande Europa, irá complicándose dentro de una escalada de violencia donde los malentendidos con mafiosos de la zona, las rencillas del pasado y una pistola alemana de la Segunda Guerra Mundial tendrán mucho que decir. ¿Entrar y salir? Las narices.

Sus voy a crugir
Luger sigue la estela marcada por Kike Narcea en su Os reviento (2023), es decir, un tipo de cine donde el frenesí de la acción cruda y sin concesiones de ningún tipo se daba la mano con el costumbrismo tan nuestro, y que en una escena los protagonistas se podían pedir unos callos para acto seguido prepararse un infierno materializado en una set piece donde recibe hasta el apuntador. Cierto es también, que Bruno Martín y Santiago Taboada, los guionistas de la criatura, saben alejarse sabiamente del festival de hostiejas y de la experiencia lisérgica del Juanma Bajo Ulloa de Airbag (otro referente), para darnos una película donde también abundan los momentos reflexivos donde hacen evolucionar la trama en unas piruetas argumentales que nunca dejan de sorpenderte. Porque si algo hace y muy bien Luger es que juega tan bien sus cartas que en ningún momento sabes si todos, incluso los dos protagonistas, saldrán de ese polígono, más bien los círculos del infierno donde expiar sus pecados, con todas las piezas en su sitio.

¡La caja! ¡La caja!

También es cierto que hay un sentido del humor a lo largo del metraje sustentado en las interacciones de los personajes, aunque este en ningún momento abusa del chiste fácil o de la coña bervenera, todo lo contrario, se utiliza tanto para alivio ante tanta crudeza como para crear un nexo de unión entre unos personajes en apariencia extremos y nosotros como espectadores. Por cierto, hablando de los intérpretes, aplaudir la intepretación de David Sainz y Mario Mayo quienes derrochan química por los cuatro costados tanto cuando comparten pantalla como cuando están por separado, como es la escena donde Toni, el personaje de Mayo, es torturado por los antagonistas, mostrándole una vulnerabilidad que choca con la fachada de tipo duro que mostraba al principio. ¡Incluso tienen un momento de "salva el gato"! Del resto de intérpretes destacar a Ana Turpin como la abogada de moral variable y Ramiro Alonso que encarna al antagonista con una maldad digna de un mafioso napolitano. 

En resumidas cuentas, Luger es una rara avis dentro de una cinematografía como es la española, la cual ya empieza a estar acomodado dentro de una manera de hacer cine, cuando hay muchas más y es posible hacerlo de manera sobresaliente, siendo el ejemplo esta película.

Venga, una paradita y a seguir

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